BRITANIA DEL NORTE Dolor. Mucho dolor. Las manos de Gia se aferraron con fuerza a los brazos de su marido. La sangre la empapaba y tuvo miedo, mucho miedo de morir, pero en aquel momento, pensar en ello ya no era importante. Morir podría ser un escape al dolor que le atormentaba tanto. Su vientre tenía fuertes espasmos que le dolían mucho, le dolían tanto que cada vez que tenía uno, su sollozo se escuchaba más fuerte. No era la primera mujer en Roma que sufría un aborto. La mayoría enfrentaba un momento así, sola. Las patricias se ocultaban en las habitaciones con ayuda de sus esclavas más leales para evitar que sus maridos supieran que habían perdido a su bebé, especialmente cuando era el primero. El hecho era mal visto por todos, pues perder un hijo de un hombre sin descendencia

