El silencio de la habitación de Pablo fue desgarrado por la vibración violenta de su teléfono. El corazón, que ya latía con fuerza por la adrenalina de lo visto en la escalera, pareció saltar fuera de su pecho. Miró la pantalla. Había una notificación de w******p. Los ojos se le nublaron por un segundo al leer el nombre: "Verónica". Pero algo estaba mal. El tono no era el que esperaba. No era la respuesta juguetona o tímida de una adolescente. —¿Pero qué te pasa? ¡¿Qué demonios pasa por tu mente?! —leyó en la primera línea. El aire se escapó de sus pulmones. Sus dedos temblaron mientras abría el chat. A medida que las palabras se materializaban, el mundo de Pablo comenzó a desmoronarse. —¡Pablo, eres el novio de mi hija, carajo! ¡¿Cómo te atreves a faltarme al respeto de esta manera?!

