La luz del sol se filtraba por las rendijas de la persiana, dibujando líneas doradas sobre la cama de Pablo. Se despertó con una sensación de ligereza absoluta, ese vacío placentero en el cuerpo que solo queda después de una noche de excesos. Por un segundo, pensó que la videollamada con la Coach Verónica había sido un sueño febril, un producto de su imaginación sobreexcitada, pero el olor persistente a sexo y el ligero rastro de humedad que no alcanzó a limpiar perfectamente en la alfombra le recordaron que todo había sido real. Alargó la mano hacia la mesa de noche y desbloqueó su teléfono. Lo primero que vio fue una ráfaga de notificaciones. Pero no eran de la Coach. Eran de Verónica, su novia. — "¡Hola, mi amor! Buenos días... Te extraño muchísimo 🥺" —decía el primer mensaje, enviado

