Consuelo se lava el rostro y los dientes, se amarra el pelo, corre en busca de lo más sencillo para ponerse, y toma las primeras dos cosas que combinen. Alice parece apunto de estallar cuando finalmente su madre sale de su habitación, pero no se atreve a cruzar la línea y regañarle una vez más por su tardanza.
Todas bajan apuradísimas y Consuelo de todas las infracciones posibles para que sus hijas lleguen a tiempo, cuando llega hay fila en el carpool y ve desde el retrovisor a las tres impostoras.
—¿Qué hora es?
—Ahh, vi mal el reloj, perdón.
—Alice… no he tomado ni café.
—Te dejo el mío—Comenta Mariana.
—Las tres van a tener estrías—las acusa Consuelo y las niñas ríen. —Y acné menstrual en las nalgas.—Se queja mientras bebe un sorbo de café. —Se tiran del auto, por favor—pide cuando llegan a la marca para bajarse, las tres le besan las mejillas y Consuelo les desea un maravilloso día.
Vidal se acerca a su ventana y le da un beso en la mejilla.
—Nos pueden ver todavía.
—Alice ha dejado algo, —Le informa Vidal. —viene corriendo para acá.
—Hola, doctor Vidal. —Saluda y abre la puerta trasera del auto, saca su lonchera y su botella con agua, cierra con todas sus fuerzas la puerta. —Bye, mamá.
—Bye, amor.
Vidal la mira a los paños, y ella le encuentro irresistible, le peona el cabello con los dedos y él se atreve a robarle un beso, uno que se siente fugaz y sin nada de calor.
—¿Desayunamos juntos?—pregunta Vidal—Yo soy más de hacer cucharita y dormir hasta tarde que de huir y no llamar.
—Estoy libre hasta las diez, ¿te queda bien desayunar?
—Sí, en la cama, contigo.
—Tío Aggy—Gritan los hijos de su ex y vienen corriendo a saludarles.
El encargado del tránsito escolar le hace una seña a Consuelo para que circule, y ella asiente, y se despide de Vidal y de los niños.
Llega a su casa y ordena un desayuno enorme para los dos, luego va a tomar una ducha, Consuelo se queda bajo el agua todo lo que le es posible, y cuando está por salir le ve, Vidal está observándole en silencio desde hace unos minutos.
—Eres preciosa.
—Lo sé—responde y los dos sonríen.
—He subido el desayuno que ordenaste.
—¿Jum, te apetece meterte a la ducha?
—No soy de bañarme más de lo necesario, quizá, sea mejor que salgas y te ayudo un poco—Comenta y le acerca una toalla, ella, le da un beso y el le rodea con sus brazos la cintura.
—¿Recuerdas algo..?
—Oh, recuerdo demasiadas cosas, todavía siento tus manos y tus besos contra mi piel—Vidal se acerca para besarle y ella se aparta.—lo que no entiendo es porque amanecí sola y muy desnuda.
—Tenía que apurar a los niños para el colegio.
—Alice y tú se llevarían fenomenal, no sabes lo que me montó esta mañana.
—¿A la niña que se le quedó la lonchera? —Esa misma, pero espérate a mañana que la despierto desde bien temprano y luego le digo que fue un error. —Vidal se ríe y le llena de besos en la mejilla, el cuello y la oreja y Consuelo sonríe, antes de subirse encima de Vidal quien se ríe y la lleva de vuelta a la cama.
Consuelo se sentía renovada, viva, muy enamorada y le encantaba cada segundo con él, sus atenciones dentro de la cama y fuera de ella.
Le encantaba sentirse especial y con él eso era una especie de burbuja de amor que no quería estallar nunca. Mientras desayunaban, Vidal preguntó:
—¿Tienes planes para después de la boda de tu hermano?
—Estaré a cargo de la empresa, primero se casa mi hermano, luego es el baby shower de Emma, y después su nacimiento, como por tres semana Ramón y Simonetta estarán ocupados cons su vidas y mi tía y yo nos haremos cargo de los negocios.
—Tengo que hacer un viaje a París, el dieciséis del próximo mes y quería que vinieras conmigo.
—Uh.. París, qué romántico. ¿Crees que de aquí al diesiseis estemos juntos?
—Espero que sí. —Consuelo le dio un beso en los labios y sonrió.
—Si no está todo muy loco hablaré con mis padres para que se dejen a las chicas e iremos a París.
—Me encanta el plan—Ella sonríe y le llena de besos, Vidal le abraza y la atrae a su regazo.
—¿Qué tienes que hacer hoy?
—Voy a tomar una siesta contigo y después sorprenderemos a Gretta con una despedida diurna de soltera, sin maripepinos. —aclara y él ríe antes de llevarle a la cama.
De vuelta en una casa de la ciudad, estaba el primogénito de una pareja muy joven quien había exigido a su padre recogerle antes de tiempo. William estaba preocupado con la solicitud de su hijo, pero, cundo llegó por él entendí que su berrinche no era un berrinche sino un grito de ayuda.
Su madre, la mujer que estaba arrasando en el mundo de la moda con su regreso había creído que no solo era bueno económicamente, sino bueno para su reputación salir en una revista para caballeros… semidesnuda, muy desnuda.
Fascinante, las verdades, porque no me lo están preguntando, pero ser mamá y ser así de sexy debería estar prohibido.
Camila Holmes de verdad es la mujer más sexy de este país.
Como dije, esta mujer espectacular, con pierna de acero, duras y gruesas, cabellera rubia y larga, las tetas más simétricas y duras que he visto… esa mujer ue todos sueñan follar y muchos nunca podrán tenerle fuera de su imaginación, esa mujer; es mamá de un adolescente, cuyos compañeros tienen acceso a internet y sexualizan el comerse un maracuyá, imagínense lo que tenían que decir todos esos mocosos de la mamá desnuda de su compañero.
Desde que se subió al auto Wallace no dejaba de llamar a su madre, ella estaba descansando cuando escuchó la voz molesta de su hijo.
—¡¿Mamá en que estabas pensando?!
—Mi amor, no sé de qué hablas, ¿puedes llamar más tarde?
—Mamá, fotos desnuda.
—Ahh.. eso. Hijo, no se me ve todo, estoy cubierta donde se deben.
—Cinco de mis compañeros frotaron tu cara en sus pollas.
—Wallace, se les va a pasar, son adolescentes estúpidos.
—Una cosa es que la gente sin fundamento crea que eres mi novia y otra es que salgas como Dios te trajo al mundo por dinero, ¡eso no es feminismo!
—Wally, es mi trabajo.
—¡Mamá! Prostituirse visualmente no debería ser tu trabajo.
—Ah…qué bonito.—Se queja.— Si fuera tu padre lo aprobarías.
—Claro, porque su pene me pondría en una lista de honor e hipermasculinidad, Mamá, no es el caso, nadie nunca debería conocer la vaginita de la que salí.
—Nadie me conoce la vaginita, mi amor; solo tu papá, Gustavo y el ginecólogo; los de las fotos, me conocieron la mitad del monte de Venus.
—Ya, mamá, ya, no sé si pueda hablarte por el próximo mes.