¿Quienes somos?

1251 Words
Esta, definitivamente es una historia que hay que contar, y en el momento en que comencé a recapitular y armar pedazos dije esto se tiene que poner en papel, pero es mejor si se escucha detalladamente de boca de uno de sus personajes, pensé que no tenía ni una moneda para pagar la renta. Mi madre bien me lo dijo antes de entrar a clases de teatro y ser lo suficiente terca como para estudiar literatura y poner mis ojos en ser guionista, escritora, actriz y vivir del teatro... ¿Ya le tomaron el rollo? Yo solita me compliqué la vida. El amor por el arte no paga cuentas. Llevo horas pensando en si presentarme o no es algo que debería hacer, pero no creo que sea justo contar esta historia y no poder comunicarme con ustedes, pero me parece más justo que me conozcan. Yo soy Greta, esa amiga que siempre ve y disfruta en silencio del amor de los otros. Soy la amiga que añora la felicidad, el amor, el cuento de hadas, y a veces le corresponde vivir el sueño a través de las amigas que son ligeramente afortunadas porque soy muy organizada; todas siempre me eligen para el asiento de en frente y al centro, y yo normalmente acepto, primero porque no sé decir nada en mi favor, y la decepción en el rostro de la gente me mata. No quiero que sepan mucho sobre mí todavía porque no quiero que me consideren una traidora. Quiero que me vean como su amiga y, sobre todas las cosas, que apoyen mi obra. Porque de verdad, en serio, de todo corazón, necesito dejar de pensar si le doy de comer al perro o me como el último huevo en mi refrigerador. Y la verdad... La historia de estos dos es fascinante. Voy a darles un poco de contexto sobre la vida de Simonetta y William, porque los dos tienen vidas muy interesantes por separado, pero cuando las mezclas, todo se hace mucho más interesante. Primero, William, es un joven alto y atlético, con mal carácter, cuya familia tiene mucho dinero, y él ha recibido una excelente educación. Su padre siempre había ansiado que él se hiciera cargo de todos sus negocios. Su hijo del medio, el más inteligente y divertido de sus tres hijos, con el que más se identificaba, no por su género, sino porque solían ser muy unidos. Luego, está Simonetta, la cual había crecido entre los brazos de una familia muy funcional, tradicional y clasista, la más clasista de todas, ella misma, y por alguna razón, pretendían que la niña fuera diferente, pero así la habían criado. Si me preguntaran a mí información específica, yo tendría que decirles que sin importar quién criara a Simonetta, ella no cambiaría su forma de ser, porque ante los ojos de la joven, ella se había criado sí misma. Sabiendo esto, lo que los dos quieren para la vida es muy importante, porque William quería disfrutar de sus pasiones mientras ella anhelaba con todo el corazón comerse el universo. Simonetta siempre quería innovar, crear y sobre todo revolucionar el mundo, sobre todo si se trataba de negocios. William... ¿Les he dicho que solo quería ser feliz? Eso les debe quedar muy claro porque un día regresaba de correr cuando se encontró a su novia con la maleta lista, sus cosas empacadas y su hermano ayudándole a sacarlas. Yelina se acercó a él con un sobre, le dio su parte para cubrir la renta y le besó en los labios. —William, tienes que madurar un poco. Yo sé que el boxeo es tu sueño y sé que vas a brillar, pero por mientras necesitas un trabajo de adulto, y si no es con tu papá en las carnicerías, necesitas trabajar aunque sea como profesor. Recuerda que muy pocas veces es mejor que nada. —La mujer le da un beso y él se apura a tomarle de la mano. —¿A dónde vas? ¿Por cuántos días te vas? —Para siempre, William. Quiero casarme, tener hijos, una pareja que no se vaya a las clandestinas a pegarle a alguien y dejarle medio muerto para poder pagar la luz. No quiero preocuparme de estas miserias ni de ti. —Yelina, te vas porque soy pobre. —Me voy porque vas a quedar descerebrado, y no quiero volver del hospital de turnos de 48 horas y tú enfermo en mi casa. Bye, no me vas a convencer. La situación está así: William no tiene un trabajo formal y se está esforzando muchísimo por ser tomado en cuenta como atleta. Sin embargo, ha tenido dos pérdidas importantes, y los patrocinadores se han alejado. Por lo que el señor ha tenido que pagar de su bolsillo los entrenamientos, las inscripciones a competencias, las dietas, los suplementos, y en cierta forma ha degradado su estatus a un competidor de tercera línea y ha acabado boxeando en peleas clandestinas, para gente complicada que disfruta de verle golpear a gente casi hasta la muerte. Cada decisión de vida te la facilita o te la arruina, pero William es un optimista y cree en su esfuerzo, el cual está entrando desde que era un muchacho para llegar a competir al título de CMB. Si este año concentraba su energía en ello, podría lograrlo y quizá el corazón de Yelina se ablandaría un poco. El joven tomó la llamada de Manuel, su mejor amigo, el cual estaba por casarse en medio de un derroche de dinero y de amor exagerado, que nadie que estuviera pasando por una ruptura querría tener que soportar. Sin embargo, le aceptó la llamada porque la boda sería en un par de semanas y se sentiría fatal si las cosas fueran reversas y su hermano del alma le abandonara. —Hola. —Hermano, hay un ligero cambio de planes. —Espero que no estés pensando en cambiar el color del smoking, porque ya me lo entregan esta semana. —Es mi mejor amigo, jamás sería tan grosero. Pero espero escuches esto con la mente bien abierta. —Vale. —Bueno, Carly y yo queremos ir a Las Vegas, casarnos solo con nuestros seis mejores amigos. Disfrutar un poco, vivir, y obviamente casarnos. Nuestras mamás nos están volviendo locos, y queremos estar seguros de que si nos matan de estrés, al menos lo habremos hecho casados con una boda íntima y maravillosa. Alcohol, sexo, diversión puesta, en fin, todo pagado, solo tienes que venir. Yo pongo el hotel, una de sus amigas pone el jet de ida y vuelta. Yo te hago un préstamo futuro, solo no digas que no vienes. —Ay... no sé.—responde William. —No me siento cómodo, ya sabes lo que dicen, si quieres perder un amigo, pídele dinero. —No me lo estás pidiendo, yo te estoy invitando. Sí, sabes, somos amigos y tú me has salvado toda la vida. Eres la persona más honorable de la vida y te quiero a mi lado. —Nadie debería estar agradecido por salvarse del bullying. —La gente regularmente tiene amigos a esa edad que se callan y se vuelven cómplices. Tú me salvaste de ellos y de mí mismo. Gracias a ti tengo esta oportunidad de vida, ven. No me dejes solo ahora. —Qué manipulador eres. —Sí, años de práctica, papás divorciados. ¿Recuerdas? —Los dos ríen y William acepta porque sabe que la única familia con la que Manu cuenta siempre es él.
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