Después de la revelación de los gemelos, el grupo decidió tomar un descanso y almorzar en un lago cercano. La atmósfera era relajada y todos se reían y charlaban mientras comían. De repente, Cristopher se levantó y se acercó a Kathia. —Vamos —le dijo, tomándola de la mano—. Quiero mostrarte algo. Kathia se levantó y se despidió de los demás. —Vamos a explorar un poco —dijo, sonriendo. Cristopher la llevó a un lugar lejano, rodeado de árboles y flores silvestres. La casa del árbol era hermosa y cálida, con ventanas de madera y una puerta de cuero. —¿Qué es esto? —preguntó Kathia, asombrada. —Es un lugar especial —dijo Cristopher, sonriendo—. Un lugar donde podemos estar solos y disfrutar del momento. Kathia se rió y se acercó a él. —Me encanta —dijo, besándolo en la mejilla. Cristoph

