Los gritos desesperados de Danielle, eran aterradores, las enfermeras estaban de pie en la puerta llorando por la mujer que parecía no dar tregua a nadie allí dentro, se había logrado zafar una vez para ver a su amado Frederick. Y no es que la fuerza hubiese sido insuficiente, pero es que los hombres que tanto la custodiaban y el personal del hospital, no pudo contenerla, porque de alguna manera su llanto desesperado y su dolor lo sentían como propio, para algunos fue imposible no romper en llanto o sentirse triste por la mujer. Pero nadie estaba preparado para lo que seguía. Los tacones finos y costosos resonaban por aquel pasillo, era una mujer imponente, elegante, que daba miedo, pero elegante y sumamente perfeccionista, miraba a las enfermeras con desprecio y solo se dejaba habla

