En el yate Matthew sigue observando a través de los binoculares, su trabajo en la playa. Se sentía feliz haber cumplido con los deseos de su jefe. Tras un suspiro los deja a un lado, dejando antes una carcajada de satisfacción. Toma la copa de champaña para beber. En eso aparece Vicente con el teléfono en las manos. —El jefe quiere saber los detalles. —dice entregándole el teléfono. Matthew le pide que se retire y dejando un respiro, contesta. —Buen día, señor—Se apresura a responder —, el trabajo está hecho ¡Esa maldita perra está muerta! —¿Y el hombre que la acompañaba? —La lloró unos minutos y luego abandonó el cuerpo cuando pudo. Parece Que ese imbécil estaba enamorado de esa puta. —Se carcajea. —Al igual que todos. —¿Quiere que lo sigamos? Sabemos exactamente a donde va, señor

