Capítulo 34

2191 Words
Continuación… Demian no aparta su mirada de ella, no, no puede. Ni siquiera la amenaza de lluvia puede hacerlo voltear hacia otro lado. Lo único que puede hacer en ese momento es observarla, mientras se cuestiona si en realidad ella ha descubierto su otro yo. Esa otra parte que lleva años cuidando con sigilo, no por miedo, más bien por su misión. Porque exponerla sería terminar lo que tanto le ha costado construir. Y como si fuese poco, de forma dramática, unas cuantas gotas de agua caen sobre ellos; ninguno de los dos se inmuta, no corren a resguardarse, solo permanecen parados uno frente al otro esperando ver quién corta el silencio primero. —¿No dirás nada? Amira es la primera en hablar. Espera que Demian diga algo que la haga saber que él la entendió. Ella no insinuó nada, dijo lo que dijo y lo piensa sostener. No necesitaba gritar la verdad, no lo haría, pero sintió la necesidad de confesarlo. —¿Cómo te enteraste? —es lo único que le sale preguntar. Ella suspira y baja la guardia; aún permanece lloviznando; sin embargo, pareciera que ellos no lo notan. —Hace un año, en la frontera de Xylos y Vaelkaris. Pero ya habrá tiempo para explicar que así allí —dice—. Solo recuerdo ver un grupo de encapuchados merodeando el lugar, como si buscaran algo en específico —comenta y de sus labios brota una sonrisa recordando aquel día. —Fue sorprendente, hasta que te vi a ti y a Esteban. Los reconocí por los retratos que publicaban en el periódico de Catleya. Y desde entonces he seguido cada uno de tus pasos. Confiesa y Demian no sabe cómo sentirse al respecto. Se cuestiona si ha sido tan descuidado en otras ocasiones y ahora debe esperar que más personas lo reconozcan como el líder de los encapuchados. Amira muerde los labios; no quiere verse como una especie de acosadora, pero no puede evitar lo que causó en ella saber esa verdad. —Debo decir que me costó entender cómo un futuro rey arriesga su estatus por proteger su nación —continúa diciendo. —Entendía que eso lo podías hacer como príncipe hasta que me di cuenta de que tu título te limitaría a intervenir en algunos temas. Y saber lo que haces ocasionaría que te acusen de intentar derrocar a tu padre. Él suelta una risa con poca gracia; no por lo que ella le está revelando, es por su propia falta de percepción. Su mal hábito de encerrarse en sí mismo y de intentar cargar con todo solo lo ha hecho actuar a ciegas, al punto que no se da cuenta de que las personas a su alrededor pueden actuar hasta mejor que él. Ahora se pregunta si en realidad le ha dado el lugar que merece su primo; este ha estado a su lado desde su ceremonia y su tío Theodor tiene razón: Esteban tiene la capacidad de dirigir el negocio familiar. Aun así, se ha quedado junto a él, apoyándolo. Él niega con la cabeza; tendrá que hablar con su primo. Mientras tanto, debe continuar una conversación… —¿Cómo es que puedes darte cuenta de tantas cosas? Tu actitud hace que a cualquier persona se le olvide que solo tienes diecinueve años —le expresa con honestidad. Amira sonríe; en realidad, es como le gusta que la vean: como una persona madura que piensa más allá de su edad. —Porque me interesa cuidar de mi gente, odio las injusticias y admiro a todo aquel que usa sus recursos y poder para cuidar al más débil, como tú.. —revela y en ese momento su comportamiento cambia a uno de timidez. —Yo… no solo acepté el matrimonio por una alianza, también quería conocerte más… pero no creas que por temas románticos, más bien por tus ideales. Termina de decir y vuelve a morder sus labios, acción que Demian nota. Entre todas las cosas que él puede decir de Amira, una de ellas es que nunca podría aburrirse junto a ella. La capacidad que tiene de cambiar de una loba feroz a un tierno corderito es hasta alarmante. Pero que desde hace un año haya descubierto su doble vida y la haya mantenido en silencio, eso es de admirar. Lleva tres años sacando a camino su misión junto a Esteban y todos los soldados que de alguna forma fueron tratados injustamente en el ejército. No es una rebelión; no le interesa arrebatar lo que por derecho le pertenece. Solo quiere dejar un legado, uno que pueda continuar la lucha, aun si en el futuro las espadas de los encapuchados apuntan contra él. Él respira profundo y dice… —Yo agradezco tus palabras, sobre todo el hecho de que no hayas revelado mi identidad. Sin embargo, tengo la ligera sospecha de que quieres estar en medio de la acción y eso es algo que no permitiré. Le dice en tono serio. No piensa dejar que ella se arriesgue y salga lastimada. Quizás no puede evitar que investigue, pero de ahí a dejarla estar en el campo de batalla, es algo que no pasará. Amira frunce el ceño; quisiera hacer una rabieta, pero después de lo que le dijo y su madurez, no se vería bien visto. —¿Por qué no puedo? He entrenado en el último año más que nunca, soy la mejor con el arco, yo quiero… Las palabras de ella son detenidas por él. —Ami… —Ella se la devuelve y corta sus palabras. —¿Es porque soy mujer? —cuestiona ofendida. —No tiene que ver con tu género. Nosotros nos arriesgamos más de lo que yo lo haría como príncipe. Ser un encapuchado significa que a veces tienes que romper protocolos y cruzar algunos límites, como viajar hasta Londres para interrogar a un hombre que, como príncipe, tendría que durar años, hasta que encuentre indicios legales. Todos tratamos de manejarnos con honor; aun así, a veces… —Lo sé, y estoy dispuesta a hacerlo. No voy a quedarme fuera, necesito hacerlo, o ya te dije que… —Sí, actuarás sola y… Él hace una pausa atando los cabos. Solo puede haber una persona que le haya mandado los documentos de Séfora. Además, el sello que había en la carta junto al documento tiene la esencia de ella. ¿Cómo no lo vi antes? —cuestiona por sus adentros. —Amira —vuelve a hablar. —Dime que no fuiste tú quien envió esos documentos. Demian la observa; ella intenta evadir su mirada, pero luego carraspea la garganta y le dice: —Tú lo necesitabas, así que fui por ellos. —¿Fuiste por ellos? ¿De qué hablas?, ¿cómo…? ¿Cómo lo conseguiste? —cuestiona. —Ah… —dice titubeando. —No creo que te guste saber la verdad. ¿Qué tal si te lo digo después de la boda…? —Porque después de la boda tendremos mucho trabajo. Dime ahora —habla en tono firme. Ella echa la cabeza hacia atrás, esperando que hoy, que llega su padre, Demian no quiera confrontarlo por ocultarle lo del campamento clandestino. —Bien, pero no te enojes. Es que mi padre no te dio todos los documentos sobre su investigación. No lo hizo por querer ocultártelo; pretendía dártelos después de la boda; así evitaba que fueras a las tierras fantasmas; allí hay una especie de campamento y ahí fue donde encontré los documentos de la minera. Demian cierra los ojos y empuña sus manos. Sabía que la buena voluntad de Khennel no podía ser cien por ciento sincera. Aun así, no quería que fuese a investigar allí y armar una batalla; tenía derecho a saber lo que se oculta ahí. —Te juro que te los iba a entregar, pero pensó que quizás esperar no es una de tus virtudes —le dice con honestidad. Demian voltea a verla para reprenderla con la mirada; él no suele ser tan impulsivo, a menos que de eso dependa la vida de las personas que ama. —¿Fuiste sola a ese lugar? —pregunta, molesto. Lo está por muchas razones: Khennel ocultándole información, obviando lo más importante, lo que hay en el lugar donde su madre murió. Sin embargo, por alguna razón eso puede esperar; el hecho de que ella haya ido hasta allá arriesgándose lo perturba. —No fui sola, fui con Guilliam —responde. Demian empuña sus manos. Ese hombre siempre está en todo lo que se refiere a Amira. Es con quien entrena y el que está a tres pasos detrás de ella todo el tiempo. Está de acuerdo en que tenga alguien que la cuide que no sea de Vaelkaris; no obstante… ¿Por qué él? —piensa Demian. —Qué irresponsable, cómo dejó que fueras hasta allá, eso fue muy peligroso, ya verás… —Dice y da unos cuantos pasos, pero ella lo detiene sujetándole ambos brazos. —Demian, por favor, él también me regañó; digamos que fue porque, de lo contrario, iría sola. Y no te preocupes, que Guilliam no sabe sobre los encapuchados —le asegura y suspira. —Escucha, ahora mismo sabemos nuestros secretos. Tenemos el poder de completar nuestra misión, pero solo podremos hacerlo si no me dejas a un lado. Hay información a la que puedo tener acceso y tú no. Por lo que, si reforzamos nuestra alianza, los encapuchados tendrán una nueva integrante. Comenta de manera pacífica por fuera; sin embargo, por dentro, emocionada por pertenecer a la organización que tanto ha deseado desde hace años. Amira extiende sus manos para sellar la segunda alianza. Él duda, lo piensa, lo analiza. Lo de ella estar en medio de la acción es algo que no le agrada; puede soportar verla jugar el juego de poder en el palacio, pero no en el campo de guerra. —Bien, pero te quedarás a mi lado todo el tiempo, no te perderé de vista, Amira, y no quiero verte en una misión secreta sin mí. Exige. Ella alza una ceja y cruza los brazos. —Básicamente, me estás diciendo que serás mi niñero. Sabes qué… para eso tengo a Guilliam. —De él hablaremos en otro momento —dice; ella rueda los ojos. —Ahora dime cómo te enteraste del viaje. Ese es otro detalle que le interesa; no puede tener espías merodeando cerca de su oficina para luego contárselo a sus enemigos, aún peor, a su esposa. —Ah… eso sí no te gustará —dice con cara traviesa. Él frunce el ceño. —Iba a dirigirme a la caballeriza, quería montar sin tenerte de niñero —comenta. Él la vuelve a reprender con la mirada, pero esta lo ignora. —El caso que escuché cuando una de las damas de la urraca estaba chismorreando acerca de un viaje que ibas a hacer sin mí. —¿Cómo diablos se enteraron y quién es la urraca? —cuestiona molesto. —Lucinda, ¿quién más? —confiesa en tono bromista. —Es quien siempre está en el medio observando todo con su voz estridente y molesta. Demian no puede evitar soltar una carcajada; obviamente, debe asegurarse de que sus informaciones no se filtren; está claro que Fraser lo está vigilando. Por suerte, él y Esteban dejaron de hablar acerca de la amenaza en el palacio. Por otro lado, cada vez confirma que las ocurrencias de Amira no tienen límites; no encontró mejor apodo para la esposa de su padre. De repente, la llovizna se intensifica; ahí es cuando ella se percata de que está en papada. Demian la observa intentando cubrir con las manos su cabello ya mojado. Él toma el paño y lo pone encima de ella. Amira levanta la cabeza para toparse con su mirada. —Gracias —le dice con voz aterciopelada. —Y perdón por no decirte todo antes. Yo no quería que creyeras que iba a usarlo para chantajearte. Confiesa mientras él observa cómo sus ojos avellana brillan bajo la lluvia. Ella es muy transparente; aun con su forma tan madura de actuar, no oculta ni lo que siente ni lo que piensa, solo espera el momento indicado para sacarlo a la luz. —Jamás creería eso. Sé que aún no nos casamos, pero solo espero que tu segundo esposo sepa cuidarte. Le exhorta con voz muy suave sin dejar de verla a los ojos. Amira le brinda una sonrisa y le dice… —Lo hará, o si no, le digo que mi mejor amigo le pateará el trasero. Y por si no entendiste, me refiero a ti. Demian se carcajea. —Y prometo que así será. Lo mejor es que entremos al palacio; este paño no está sirviendo de mucho, y si sigues mojándote, te resfriarás —sugiere sonriendo. Ella asiente. —Bien, vamos, tus padres están a punto de llegar. Ambos caminan en dirección al palacio mientras Demian piensa que lo menos que tenía en mente es que iba a encontrar en la misma mujer una aliada, amiga y esposa. Esas tres combinaciones muchos lo verían como algo más grande que el mismo amor…
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