Días después…
Transcurridos dos días, la convivencia en el palacio de Vaelkaris se ha manejado de la mejor forma que la educación que han recibido sus miembros les ha permitido actuar. Es como si todos hicieran una tregua silenciosa hasta que pase el día de la boda.
Las asambleas del concejo se han celebrado de manera formal e incluso Demian y Fraser han evitado los roces. Lucinda, aun en su lucha por ser nombrada reina, ha tenido que bajar la guardia debido a su complicado embarazo. Theodor también ha decidido tomar su derecho de representación de las familias nobles ante el concejo, un hecho que sorprendió al rey; sin embargo, no objetó. Esperando saber más adelante cuál es su intención.
La reina madre y la matriarca de los Karlsen están sumergidas en los preparativos de la boda, la cual las ha mantenido muy concentradas y emocionadas. Esperan con ansias la llegada de la tercera abuela, la reina Mariam, y la reina Edurmes, quienes no dudarán en unírseles con alegría.
Las gemelas también están ayudando a los preparativos y esperan la llegada de las hermanas de Amira. La última, de manera esporádica, suele intervenir en los preparativos, aunque no es lo que capta toda su atención.
Durante los últimos dos días se la ha pasado trabajando para adaptarse a su nuevo hogar y Demian ha hecho que la transición sea lo mejor posible. Sin embargo, este se la ha pasado la mayor parte del tiempo con Esteban investigando y, aunque esto lo entiende, Amira comienza a sentir que él la está excluyendo del plan, olvidándose de que es la segunda punta de una alianza. Y sin duda no está dispuesta a ser descartada tan rápido.
—Que no crea que me dejará como un simple florero decorativo en este gran palacio.
Comenta Amira mientras camina con rapidez en busca de Demian en el campo de entrenamiento.
—Alteza, por favor, se ve alterada, ¿por qué mejor no…
Las palabras del hombre son silenciadas por la voz de una joven muy molesta que no piensa detenerse.
—Guilliam, ni intentes decir que me calme; no viajé hasta acá para estar tirada en un lado de ese palacio donde todos fingen que todo está bien —dice con severidad.
Entienden que por estos días quieren que las cosas salgan perfectas y debe decir que no todos actúan con ella. Las abuelas Heraldson y Karlsen la han tratado como si fuese otra nieta, sobre todo la abuela materna, que es un poco más dulce que la paterna. Igual sus cuñadas; con ellas empiezan a tener una buena relación. Hasta han jugado naipes donde Amira ha sido la vencedora y Esteban es quien termina pagando las deudas de sus primas.
Es divertido y le alegra formar ese tipo de relaciones porque no la hace sentir como una intrusa. No obstante, hay otro núcleo, uno muy diferente, que sin dudas empieza a verla como enemiga. Un tema que no le genera ningún interés, pero su futuro esposo no visualiza que, si actúan por separado, ellos los verán como un matrimonio débil.
—Solo quería decirle que sus padres llegarán en cualquier momento; quizás lo mejor sería ir a recibirlos —sugiere sin dejar de caminar detrás de ella.
—Aún hay tiempo —dice y voltea a verlo. —Guilliam, por favor, déjame a solas, necesito hablar con mi futuro esposo sin espectadores.
Exige en tono muy serio. El hombre tiene todo el deseo de decir que no la dejará sola; sin embargo, obedece. Hace una reverencia y se marcha.
Ella se da la vuelta y desde su distancia visualiza a Demian y a Esteban; están enfrascados en una especie de lucha, los dos con el torso descubierto. Ella niega con la cabeza.
—Son unos exhibicionistas —dice en voz baja.
Aunque la vista que le regalan los primos no es de su desagrado.
Ella los nota muy concentrados en su pelea; quizás no querrán que los interrumpan, pero eso no la va a detener, menos después de lo que descubrió.
Se enteró de que después de la boda Demian pretende viajar a Europa, específicamente a Inglaterra, solo. Entre los locos planes que tiene, uno de ellos es dejar a su esposa sola en su primer día como casada. Eso la haría ver vulnerable, aparte de que sería humillante.
—Dame una buena razón por la cual yo me quedaré encerrada en este enorme palacio mientras tú… —Lo señala con el dedo: —¿Te vas a Europa? —cuestiona llevando sus manos a la cintura.
La voz de Amira desconcentra a Demian que voltea a verla, olvidándose de su oponente. Para su suerte, Esteban lo alerta y este reacciona evitando ser cortado por el filo de la espada de su primo.
Ambos caballeros están agitados y muy sudados. Visualmente, es una imagen sensual que logra calmar el enojo de ella.
Por sinergia, los dos voltean a ver a la joven frente a ellos. Vestida con jubón rojo vino entallado al cuerpo que termina de una forma puntiaguda en el centro de la cintura. Es de cuello alto, mangas largas y entalladas. Pantalones holgados y botas altas. La vestimenta perfecta para cabalgar, justo a lo que ella se disponía a hacer antes de enterarse del viaje del príncipe.
Demian observa a la joven de arriba abajo; está molesto por ser interrumpido. No obstante, el vestuario de Amira capta su atención. En los tres días que lleva en Vaelkaris, se ha dado cuenta de que le gusta usar pantalones y botas, pero en vista de lo activa que es, no le sorprende.
Antes de querer salir a conocer la capital, ella se dedicó a conocer cada rincón del interior y exterior del palacio; es un territorio extenso, por lo que se tomó su tiempo. Disfrutó ver uno de los lagos, al cual estuvo a punto de lanzarse si Demian no la sujeta. La temperatura aún permanece baja y lo menos que quiere es que ella enfermara.
Él observa cómo la joven mueve un pie, mientras permanece con los brazos cruzados esperando su respuesta. Su rostro refleja seriedad. Él suspira y mira a Esteban como si le reprochara por decirle; este se defiende haciendo un ademán de que no tiene nada que ver.
—¿Cómo te enteraste? —cuestiona guardando su espada.
—Tengo mis métodos —responde sin vacilar.
Demian alza una ceja. Busca un paño con el cual secar su sudor. Luego voltea a verla y le dice…
—Amira, solo llevas tres días aquí, ¿cómo es que puedes enterarte de temas privados? —le dice con mirada inquisitiva. —Debes decirme quién es, porque esa persona puede compartir información confidencial con…
—Ni te atrevas a cambiar de asunto, Demian Alexander —le dice acercándose mientras lo señala con el dedo. —Si crees que dejaré que me trates como una pieza decorativa, te equivocaste.
El príncipe abre ligeramente la boca, como si estuviese indignado por la acusación. Tal idea jamás ha pasado por su mente.
Esteban reprime una risa y se dirige a buscar sus cosas para dejar a la pareja discutir a gusto. Antes de irse dice…
—Creo que esta es mi señal para retirarme y dejarlos… ¿Conversar? —sugiere y, antes de irse, mira a Demian. —Buena suerte, hermano.
Le da una palmada en el hombro y se va antes de que él también pueda ser regañado.
Es graciosa la situación; ver a su primo siendo reprendido por su futura esposa es una imagen que nunca olvidará. Sin embargo, sabía que algo así pasaría. Él se lo advirtió.
Demian pasa sus manos por su cabello; estaba pensando en contárselo, solo buscaba el momento adecuado, no quería llegar justamente a esta discusión.
—No voy de paseo, Amira, solo quiero investigar algo —explica, pero ella no se convence.
—Claro, usarás la amenaza para alejarte un día de tu boda —comenta. Luego respira profundo y con calma continúa hablando… —Escucha, porque quiero que quede claro, no te estoy reclamando por qué te vas y me dejas sola, lo hago porque me estás excluyendo de todo. Acepté esta alianza por algo y, si me vas a echar a un lado, dímelo y yo haré mi investigación por mi propia…
Sus palabras son cortadas por él. Demian sabe que ella tiene razón; para algo acordaron casarse.
—Está bien, lo siento, tienes razón, debí decirlo. Igual no iba a ir solo, yo…
—Sí, me imagino con la condición de que irás.
Comenta fijando su mirada en él; observa cómo arruga su frente. Parece confundido, sin entender qué es lo que ella quiso insinuar.
—¿A qué te refieres? —cuestiona.
Amira se debate en si debe o no revelarle lo que sabe. No obstante, serán marido y mujer. Hay una alianza y lucha de por medio, así que deben ser honestos.
—Tú no puedes ir a Londres e interrogar al marqués como el príncipe de Vaelkaris; no tienes con qué sustentar tus acusaciones, por ahora. No, tú… tú irás como él, ¿cierto?
Demian alza una ceja, esperando que ella no esté insinuando lo que él cree que hace.
Amira camina hacia él, acortando la distancia entre los dos. Ella lo sabe, no tiene sentido que lleguen al altar sin confesar la verdad.
Continuará…