Capítulo 21

2565 Words
Al día siguiente… La sala del trono de Catleya no es solo un espacio de poder, es una declaración de identidad. Representa el fuego, la resistencia y la historia de un reino que florece en medio del desierto. El trono está ubicado sobre una plataforma elevada de varios escalones donde se encuentran dos asientos, los cuales son ocupados por Khennel VI y Edurmes. Su diseño está tallado en piedra clara con incrustaciones doradas. Respaldos altos con forma estilizada de loto abierto y detalles en rojo y dorado. No son ostentosos, pero sí incuestionablemente reales. Cae desde lo alto en forma de cortina suave, telas bordadas con el logo de la nación. No hay exceso de joyas ni adornos pesados: Catleya muestra riqueza a través de la armonía, no del exceso. Entrar a la sala del trono se siente como caminar dentro de la historia viva del continente, estar bajo la mirada de generaciones pasadas, sentir que el poder no es solo político, sino ancestral. Y parados allí se encuentran parte de la familia real, el príncipe de Vaelkaris y sus acompañantes. También está la mano derecha del rey Khennel y algunos dirigentes de la corte, quienes darán fe y testimonio del compromiso. Tras dos días, por fin se oficializará el compromiso. Una vez que Khennel empiece la ceremonia y se firme la carta, Demian regresará a Vaelkaris, pero no como un hombre libre. En la noche estuvo pensando en todo lo que habló con Amira; sin embargo, al despertar recordó quién lo espera a su regreso y cómo le dirá que, a pesar de saber a medias la verdad de la muerte de su madre, aun así, decidió casarse con otra mujer. Pero ¿qué más opción tenía? Leyó todos los documentos que le entregó Khennel y cada hoja era peor que la otra y, para colmo, ni siquiera hay indicios de la minera Séfora, la cual debe estar operando bajo otro dominio. Al príncipe le urge volver a Vaelkaris y confrontar a su padre. Ya no puede seguir siendo tibio. —Relájate, no es la boda, es tu compromiso —habla Esteban a su lado. —Estoy impaciente —responde. —Siento que tengo un mundo por hacer en mi regreso, empezando por… —Hace una pausa. —Ya sabes. —Sí, pero tus nervios no harán que esto sea más rápido. —¿De qué estarán hablando los primos? —dice Amira, llegando al lado de ellos. Usa un vestido de mangas cortas, color verde olivo, que resalta el tono de su piel. Con un escote cruzado en V y un dobladillo irregular que es más corto por delante y más largo por detrás. Incluye un cinturón dorado ancho que acentúa la cintura y muñequeras doradas a juego. Usa sandalias altas color doradas con tirantes que van alrededor de sus piernas. La joven se ve hermosa y radiante. Ninguno de los dos puede apartar la vista; hay algo en ella que provoca que todo se desvanezca y solo quede su figura. Presencia, porte… Ella nunca pasaría desapercibida. —Alteza, qué bueno verla. —Esteban es el primero en romper el silencio. —Estaba tratando de calmar a mi primo, parece ansioso por comprometerse —dice en tono gracioso. Amira suelta una carcajada. —Creo que lo que quiere es huir y no puede —responde en el mismo tono burlón. —Si por él fuese, inventara una especie de máquina voladora para llegar más rápido a Vaelkaris. —Esa idea no está… Las palabras de Esteban son detenidas por Demian. —Ya será que pueden dejar las bromitas —exige. —Sí saben que de ahora en adelante tenemos que tomarnos todo esto en serio. —Lo siento —habla Amira haciendo gesto de resignación. —Creo que ha vuelto don Serio —dice dirigiéndose a Esteban, quien no oculta su risa. —Por cierto, te ves guapo, así que trata de sonreír. Sugiere observando al príncipe, quien viste una distintiva chaqueta lisa de color marrón que llega hasta el muslo, con una apertura frontal desde la cintura para permitir el movimiento de las piernas. Tiene un sistema de cierre mediante correas con hebillas metálicas. La joven le guiña un ojo mientras se acerca al trono, esperando que sus padres hagan la entrada para la ceremonia. Demian va hacia el otro extremo del trono, pero antes reprende a su primo con la mirada. En esta ocasión, su preocupación está justificada. Pasó de estar dividido entre la mujer que ama y la mujer con la que se debe casar a intentar detener una amenaza mayor de la cual desconoce por completo. Por su parte, Esteban hace un ademán de disculpa y, sonriendo, va a su lugar junto con el secretario del príncipe. La pareja queda frente el uno al otro a cada lado del trono. Sus miradas se cruzan y parecen quererse decir muchas cosas; a partir de hoy empezarán un nuevo destino. Uno muy diferente al que idealizaron, pero el peso de una corona siempre será más grande que ellos. Antes de que cualquiera pueda verbalizar alguna oración. Se escucha el anuncio del rey y la reina de Catleya. El rey viste su ropa representativa en tono oscuro, adornada con una capa gris. Mientras que la reina lleva puesto un vestido azul grisáceo con capa incorporada. Khennel sostiene la mano de su esposa con delicadeza, mientras ambos avanzan hacia sus asientos bajo las miradas de los presentes. Demian no puede evitar recordar la confesión que le hizo su futuro suegro acerca del sentimiento que este aguardaba por su madre. Es una idea chocante, porque la forma en la que observa con tanta devoción y dulzura a su esposa no pareciera que antes de ella hubiese otra mujer. Eso le hace ruido en la cabeza al príncipe, ya que no se imagina una vida donde Isabella no sea la mujer que ama. Él desvía la mirada y la devuelve hacia Amira, quien se deleita viendo entrar a sus padres. Ahí él se cuestiona si existe una diminuta posibilidad de que en el futuro pueda tener algún sentimiento por ella. Amira voltea a verlo y lo encuentra perdido; parece estar muy sumergido en sus pensamientos. Ella mira a todos lados y cerca encuentra una piedrecilla que usa para lanzarla con discreción, atinando al objetivo. Demian siente el impacto, nada doloroso, pero igual lo devuelve a la realidad. Él voltea a ver a Amira con mirada de reprimenda; ella se encoge de los hombros mientras le hace gesto de que preste atención. Esteban y Amara ríen con disimulo por la escena. Mientras que la reina madre, Mariam, los ve con ternura. ¿Podría ser que existiera una posibilidad? —se pregunta la reina madre de forma interna. Después de la caminata, el rey y la reina se paran sobre la plataforma. Amira y Demian se acercan para que estén frente a ellos. La mano derecha del rey le pasa el libro que contiene el acta que se lee antes del compromiso. Es como la enumeración del deber y los derechos que tendrán los jóvenes tras su matrimonio y que empieza con “desde hoy”. Habla del respeto y la fidelidad, y ya se siente como una boda. —¿Se comprometen a respetarse y apoyarse antes y después del matrimonio? —pregunta el rey. —Sí, nos comprometemos —responden ellos. —¿Se comprometen a proteger el legado de ambas naciones y trabajar juntos para su prosperidad? —Sí, nos comprometemos. —¿Se comprometen a cumplir, una vez casados, con su deber de darles herederos a ambos reinos y asegurar la perpetuidad de los mismos? Y es ahí donde los dos quedan en silencio. Entre los acuerdos que ellos establecieron para su convivencia está el “no intimidad”. Si no hay eso, no puede haber herederos. Demian y Amira se miran mutuamente por el rabillo del ojo, como buscando entre ellos qué responder. Todos quedan expectantes esperando la respuesta, una que para todos es sencilla y natural. El rey carraspea su garganta y pregunta… —Chicos, ¿me escucharon? Khennel pasa su mirada entre ellos dos, mientras que la reina lleva sus manos para ocultar su sonrisa. Le da ternura lo ruborizadas que se tornaron las mejillas de ambos cuando mencionaron la procreación de un hijo. Puede entender la reacción en su hija, pero en Demian no, y eso es lo que los vuelve más dulces. —Ah… claro. —Demian es quien rompe el silencio. —Sí, me comprometo… digo, nos comprometemos a eso y todo lo que preguntó —comenta con nerviosismo. —Amira, ¿tienes algo que decir? —le pregunta en tono bajo. Ella intenta hablar… —Ah, yo… Trayendo un bebé al mundo, claro, claro… anja —dice mientras imagina todo lo que implica eso. Porque para que pase, ella tendría que estar a solas con Demian, en un cuarto, y esta vez no sentada en un sillón frente a él, sino en una cama, desnudos, mientras su cuerpo tonificado está encima de ella. Amira sacude la cabeza en frente de todos para reprimir el pensamiento. Observa a los presentes; todos parecen divertirse con la escena. Ella intenta retomar su compostura, carraspea la garganta y responde. —Sí, me comprometo —dice con firmeza. Todos ríen. —Pero si sale pelirrojo, dejaré que su padre lo críe; no quiero otro don serio en mi vida —comenta con diversión. Demian borra su sonrisa y voltea para reprocharle. Ella lo ignora. Después de la ceremonia, que estuvo cargada de seriedad, diversión y realismo. Por fin el rey termina augurando un próspero matrimonio. Todos aplauden y pasan a la firma del acta de compromiso. Donde no solo están el compromiso de la pareja o estipulados los acuerdos políticos, sino que también la fecha de la boda. —En tres meses nos casamos —habla Demian leyendo el acta. Esteban le entregó un borrón del acta donde se estipulaba lo que cada nación tenía que ceder, pero nunca se fijó en que, a partir de aquel día, en tres meses, será esposo de Amira. Con una fecha ya establecida, todo se vuelve real, y de repente recuerda la promesa que le hizo a Isabella: la de volver a ella. —Tranquilo —dice Amira tomando su mano. —Tendremos tres meses para prepararnos y dejar todos nuestros asuntos en orden y después dieciocho meses para encontrar esa amenaza, acabar con ella y volver a nuestras vidas —sugiere. —¿Qué asuntos tienes tú? —la cuestiona con una ceja levantada. —De todo lo que dije; ¿eso fue lo único que escuchaste? Él se encoge de hombros. —Dijiste que no tenías novio y que yo te di tu… —Demian II Alexander Heraldson Karlsen, concéntrate —dice con exigencia. —¿Te sabes mi nombre completo? —pregunta divertido. —Está bien, me concentraré, Amira Noor Hassan Najjarid —dice y ella lo mira con suspicacia. —¿Qué? No pensaste que me iba a aprender tu nombre también; por cierto, ¿cuál es el significado de Noor? Sé que Amira es princesa. —Luz. La luz que se distingue entre oscuridad y verdad. Responde con una sonrisa y camina hacia sus padres, donde están compartiendo con otros una copa de vino. Demian se queda estático y de sus labios brota una sonrisa. —Entonces eres la princesa que nos salvará con su luz —dice con una expresión en su rostro jamás vista. Al menos es lo que piensa Esteban mientras lo observa desde su distancia. Después de una celebración íntima, por fin está concretado. Ya se formalizó el compromiso y ahora pasa al paso final, la boda. En tres meses, Demian se casará con Amira, pero en tres días tendrá que darle la cara a Isabella. Ahora el príncipe se encuentra en el puerto de Catleya; antes de su partida se despidió de todos en el palacio, los cuales se encontraban expectantes del futuro. Sobre todo, la reina madre, quien no desaprovechó la oportunidad para hablar con Demian. Flashback Los guardias y sirvientes terminan de sacar todas las pertenencias de Demian; en el cuarto ya no hay nada, solo él, listo para partir. El príncipe toma entre sus manos una caja de madera barnizada. En la tapa hay una flor de loto florecida tallada con delicadeza. Es el regalo que le dejó la tímida Mina. Él casi no interactuó con su cuñada más pequeña, pero eso no la detuvo para hacerle el regalo. Dentro de la caja había dibujos colocados como si narraran una historia romántica. Y el final es un dibujo de Amira y él frente a un trono vestidos de reyes. También había una nota que decía: “Me gustas mucho como mi cuñado, no te vayas a arrepentir”. Eso hizo que su corazón se arrugara; no sabe qué vio la pequeña en él para que quisiera tenerlo como parte de su familia, pero esa sensación le gustó. Mientras va sonriendo por el pasillo, se encuentra a la reina Miriam. —Parece que la pequeña Mina te dio un presente. —Sí, es lo más tierno que he visto —comenta con sorpresa. Pocas veces ha utilizado esa palabra. —Dicen que los niños son más perceptivos que los adultos; ellos no miran la posición ni el título, solo lo que sienten cuando están cerca de esa persona. Ella ve lo mismo que todos; solo falta que tú también lo veas. —No comprendo —dice despistado. —Hijo, no te turbes ni te castigues, ya llevas mucho tiempo en ello. Avanza, dedícate a vivir, a hacer feliz, a amar de verdad. No te niegues eso —le aconseja con todo el cariño que una abuela puede ofrecer. Demian reacciona extrañado y confundido. —A su tiempo lo entenderás. Ve, se te hará tarde. Fin del flashback —Demian, ya es tiempo de abordar —sugiere Amira, sacándolo de sus recuerdos. Él voltea a verla y le brinda una sonrisa. Le sorprendió que ella quisiera acompañarlo hasta el puerto y se quedara hasta que todo estuviese listo para zarpar. —Sí, claro —dice, reaccionando. —Gracias por acompañarnos. —Ah, solo tenía curiosidad de ver el barco del príncipe; el mío es más impresionante —dice en tono divertido. —No lo dudo —le responde sonriendo. Eso causa que su estómago vuelva a burbujear. Es una sensación extraña la que le sucede cada vez que ella observa cómo los labios de él se curvan. —Bueno, voy a subir. —dice él. —Nos vemos en tres meses, princesa de Luz —le comenta sonriendo. Ella reacciona sorprendida. —Tú me pusiste don Serio, ahora así te llamaré —advierte y le guiña un ojo. Antes de darle la espalda, él deposita un casto beso en la mejilla de la joven. Por sinergia, ella cierra los ojos, mientras que deja que la brisa los envuelva en un abrazo. Uno que la inunda de los toques amaderados y especias del perfume de él. Un aroma que no olvidará. Demian se separa de ella y camina hacia el barco; una vez ahí, los dos caballeros de Vaelkaris se despiden de ella con un asentimiento de cabeza. Ninguno terminó recibiendo lo que estaban buscando, pero recibieron otra cosa, algo más…
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