Capítulo 36

1799 Words
Unos minutos después de ser anunciada la llegada de la familia de Amira, carruajes empiezan a visualizarse en la entrada del palacio. Todos llevan la bandera de Catleya. La joven sonríe con alegría; a pesar de que solo lleva unos cuantos días en Vaelkaris, extrañaba mucho a su familia. La espera termina y de los carruajes comienzan a bajar; el primero en hacerlo es Khennel, quien optó por una vestimenta no tan formal, pero que indica que es el rey. Luego baja Edurmes, quien también optó por los estilos de vestidos más ambientados al clima de Vaelkaris. Por último, bajan las hermanas de Amira, la reina Mariam y la gran sorpresa, su hermano y futuro rey de Catleya. La presencia de su hermano no es lo único que la sorprende; este estaba negado a que su hermana se casara por una alianza política; sin embargo, su falta de interés por la corona lo deja con pocas opciones. Lo que le trae suspicacia a Amira es la joven mujer, de larga melena color plateada, piel blanca como la nieve y los ojos de un color extraño que ella aún no identifica. —¿Quién es? —pregunta Demian susurrando. —Eso es lo que quiero saber —musita Amira. —Es bonita —comenta él. Amira se gira de manera disimulada y, como si fuera un secreto, le dice… —Recuerda que tienes un “gran amor” y de paso te casarás conmigo; no te sale decirle a otra mujer que es muy bonita —lo sentencia. —En primer lugar, dije que es bonita. Y segundo, no tienes que recordarme lo otro… ¿Por qué es que te enojas? —dice devolviendo su vista hacia los recién llegados. La joven lo ignora y también devuelve su atención hacia su familia. Ya después podrá interrogar a su hermano de quién es la misteriosa mujer. Nuevamente, la división de los integrantes de la familia real de Vaelkaris es la misma: están los que sin duda apoyan a Demian a la derecha de las escalinatas y los que quieren un beneficio del rey a la izquierda. Ninguno de los dos grupos se mezcla; sin embargo, su comportamiento es el habitual: aguardar las apariencias. El rey de Catleya sube los peldaños mientras sostiene las manos de su esposa. Conoce el protocolo, y aunque es de su conocimiento la situación entre padre e hijo, antes de saludar a los demás, va con Louis. —Amigo Khennel, un gusto volver a verte. —saluda extendiendo sus brazos como si fuese a abrazarlo. —Edurmes, también es un gusto verte —dice con formalidad. —Louis, lo mismo digo —dice Khennel extendiendo sus manos para saludarlo. La reina de Catleya hace un gesto con su cabeza en modo saludo, aunque no con tanta afabilidad como su esposo. Sin importar lo que digan las investigaciones, para ella Louis aún es culpable de la muerte de su amiga. Además, no está de acuerdo con su forma de reinar; sin embargo, esos no son sus asuntos. —Khennel, Edurmes, le presento a mi esposa y futura madre de mi hijo —vuelve a hablar Louis presentando a Lucinda, quien sonríe con satisfacción. —Y él es mi ministro de defensa y padre de Lucinda —termina de decir. Demian, Amira, Esteban y las abuelas hacen un esfuerzo sobrehumano para no mirarse entre sí y alertar a la visita de lo que está sucediendo, aunque para estas alturas lo debe imaginar. El príncipe no tiene la menor duda de que Lucinda y Fraser le reclamaron a su padre para que este tomara la iniciativa en el recibimiento y así no volver a pasar desapercibido. En esos momentos, él quisiera soltar algún comentario mordaz para romper la supuesta “armonía”, pero ha prometido llevar la fiesta en paz hasta la boda. Sin embargo, no tiene que actuar, porque su futura esposa lo hace por él… —Padre, madre, ¿no deberían primero saludar a su pequeñita? Llevan seis días sin verla. Comenta y camina hacia ellos, cortando la interacción de los reyes con la nueva familia de su suegro. —Oh, cariño, te extrañé mucho. Habla la reina Edurmes, ignorando a todos los demás para abrazar a su hija con amor. Khennel hace lo mismo y luego los demás familiares. Así, toda la atención vuelve a los integrantes del lado de Amira y Demian. Esteban se acerca a su primo y le dice en un tono que solo él puede escuchar… —Amira está decidida a ser tu escudo. Habla mientras observa a la joven saludar a todos, mientras que una vez más Fraser y Lucinda quedan en un tercer plano. —Y si te contara de lo que me confesó, reforzarías esa idea aún más. Aún Esteban no sabe que Amira conoce la identidad oculta de los dos, ni las peticiones que le hizo para continuar con la alianza. Demian mira la misma escena, sintiendo una especie de sentimiento que no sabe cómo llamarlo. Por los siguientes minutos, todos se saludan con cariño y para la otra parte solo amabilidad. Y con un ánimo de cordialidad, ellos entran al palacio. Louis va guiando a Khennel. Mientras que Edurmes se queda con las abuelas Fátima y Victoria para que esta le informe de los preparativos, para luego sumarse la abuela Mariam, quien no dudó en abrazar a su vieja amiga Fátima, con la cual tiene mucho que conversar. Esteban, junto con las gemelas, guía a las hermanas de Amira. Mientras que Amira hace que Demian se quede atrás con ella para interceptar a su hermano y a su extraña compañera. —¿Por qué me detienes? ¿Qué pasa? —cuestiona. —Shhh —lo silencia, esperando que su hermano esté cerca de ella. —Hermano, creí que no vendrías a mi boda; dijiste que Demian solo es un fanfarrón cerebrito apegado a los protocolos de la realeza. Comenta Amira sin tacto, sin dejar de observar a la curiosa mujer que está al lado del príncipe. Demian, por su parte, agranda los ojos al escuchar lo que su cuñado piensa de él. —Perdón, ¿qué dijo que? —dice indignado. Amira le hace un ademán de que ahora no. Demian mira a su cuñado con un tanto de recelo. Ambos fueron por cuatro años a la misma universidad en Londres para completar su formación académica. Demian no solo es un guerrero, sino que también estudió ciencias políticas y todo lo concerniente a los estatutos reales. Es por lo cual nunca ha tenido miedo de enfrentar a su padre y su nueva familia. Conoce cada estatuto y tecnicismo de las leyes de Vaelkaris. Zahir Malik es un joven alto de tez bronceada, ojos marrones claros y cabello crespo. También es un habilidoso guerrero; sin embargo, los estudios nunca fueron su fuerte, al igual que las burocracias políticas. —Aún sostengo lo de fanfarrón, pero no discutiremos ahora de eso —comenta—. Además, tenía que venir a apoyar a mi hermanita y hacerles ver a cualquier persona que no está sola —dice mirando fijamente a Demian con los ojos entrecerrados. —Sí, sí, claro —habla Amira restándole importancia a la interacción de los dos caballeros—. Dime, ¿quién es ella? —pregunta yendo al punto que en realidad le interesa. La joven que acompaña al príncipe y que se ha mantenido en silencio los mira a todos como con fastidio. Amira levanta una ceja viendo la actitud descortés de ella y, ahora que la ve de cerca, nota que el color de sus ojos es violeta, un color nada habitual de ver en Fenicia. —Ah… ella, sí es mi prometida —suelta. —¿Qué? ¿Acaso nuestro padre no te contó antes de irte de Catleya cuáles fueron sus amenazas? Cuestiona, recordando la fuerte discusión con su padre. El rey amenaza con quitarle un reino que él no quiere, pero que de alguna manera lo afecta si no acepta. Aunque el Zahir siente que su padre en los últimos años se ha vuelto más paranoico. Amira luce confundida; sabe que en los últimos meses han pasado muchas cosas; sin embargo, jamás pensaría que una de esas fuese otro casamiento y con el incorregible de su hermano. —¿Cómo tiene una prometida de la noche a la mañana? —cuestiona ella, queriendo tener más información. —Porque me amenazó para hacerlo. Por fin se escucha la voz de la joven, generando la reacción de sorpresa entre Demian y Amira, quienes se alarman al escuchar su comentario. Zahir rueda los ojos; entre la joven y él hay una historia muy complicada de explicar. —Yo no te amenacé, tú fuiste la que… ¿Saben qué? Es una larga historia, luego la contaré —infiere cansado de dar explicación de su vida. —Hermanita, cuñado, ella es Violet Rumano, mi futura esposa —comenta acercando a la joven hacia él, pero esta intenta removerse de su lado. —¿Será que nos dicen dónde están nuestros aposentos? Estamos agotados y quisiéramos refrescarnos. —Ah… claro, deja llamar a un sirviente —habla Demian saliendo de su confusión. Llama a una de las damas y dice… —Tara, por favor, lleva al príncipe Zhair y a su… eh… prometida a sus aposentos, supongo que separados… —No es necesario, de todas formas, será mi esposa, no quiero perderla de vista, es muy escurridiza —sugiere, recordando cómo la conoció. El príncipe se retira junto a su prometida, dejando a Demian y Amira más desorientados que nunca. —¿Tú entendiste algo de lo que pasó? —pregunta ella. —Para nada. Pero seamos sinceros, tu hermano siempre ha sido un poco… extraño. Ella abre la boca para objetar; no obstante, solo le queda asentir. Su hermano es reconocido por tomar decisiones fuera de los parámetros parlamentarios; el rey Khennel siempre ha tenido que recurrir a métodos extremos con él para dosificarlo. —Solo espero que no la haya secuestrado —dice Amira, viendo el pasillo por donde se fueron. —Lo que espero es que ella no esté metida en algo que termine arrastrando a tu hermano. Su apellido es de Busanna y, con lo inestable que a veces puede ser ese reino, no lo dudaría. Amira voltea a ver a Demian, esperando que Zhair no esté metido en problemas; ellos ya tienen suficiente. Necesita a su hermano como aliado, no como el que da problemas. La pareja termina despidiéndose para cumplir con otras actividades. Ella va hacia la sala de estar, donde se encuentran su madre, junto a sus hermanas, cuñadas y las abuelas. Mientras que él va en busca de Esteban, aún tiene que informarle del descubrimiento de su futura esposa.
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