Continuación…
Demian respira profundo e intenta aguardar la calma aun cuando todo lo que está escuchando lo sobrepasa.
—Yo… —Hace pausa. —Es que recuerdo esa noche, las discusiones, súplicas, peleas…
Él comienza a hiperventilar. Sintiendo que la respiración se le corta. Khennel se para de la silla para ayudarlo.
—Demian, hijo, tranquilo, respira —dice mientras intenta que regule su respiración. —Sé que será doloroso, pero trata de volver a ese día y dime si en realidad recuerdas toda la conversación.
Demian logra tranquilizarse y cierra los ojos mientras recaba en su memoria…
Flashback
—Tú no estuviste en esa reunión, mujer, así que no opines —habla el rey Louis V con voz cortante. —Tenemos que salir de aquí antes de que el avaricioso de Khennel nos traicione —dice mientras baja las escalinatas del palacio de Catleya.
—¿Pero de qué hablas?
La reina Dayana intenta obtener respuesta, pero una voz masculina la detiene. Es el rey Khennel…
—Louis, no hagas esto, es peligroso salir a esta hora con tu familia; si no lo haces por ti, hazlo por Dayana y Demian.
—¿Crees que puedes cuidar mejor a mi familia, Khennel? Yo puedo. Si no vas a apoyar este proyecto, no tenemos nada que hacer aquí —dice con severidad.
—Es riesgoso, no podemos darle paso a personas como esas en nuestros reinos —comenta, intentando hacerlo entrar en razón.
—Adiós, Khennel.
Fin del flashback
Al recordar con más detalle la conversación, Demian abre los ojos a más no poder; lo que recuerda es a los reyes de Catleya intentando convencer a su padre de no irse del palacio. Una versión muy distante de la otra.
El príncipe se comienza a cuestionar todo. Si quienes pensaban no son los malos, ni el que está sujeto a hacerlo, de cierta forma, es una víctima más. Entonces, ¿qué diablos puede estar moviendo sus hilos desde hace tanto tiempo?
Siente cómo la rabia lo empieza a consumir.
—¿Ya recuerdas algo? —pregunta el rey volviendo a su asiento. Demian asiente. —Nunca he querido venderme como el alma más generosa; sé que he tomado decisiones que se han basado en la codicia de querer convertir este reino en un imperio. Sin embargo, ninguna estará basada a costa de la vida de una persona y menos la de tu madre. Ella solo fue un daño… —Detiene sus palabras, no quiere sonar cruel. —Un daño colateral de la ambición de otros.
Esas palabras lo lastiman aún más. Por más fría que parezca la idea, mandar a matar a una persona tiene un motivo, una razón, un porqué. Pero que esa persona muera sin ser el objetivo hace que duela aún más.
—¿Qué tipo de trato quería hacer mi padre con esas personas y por qué no se llevó a cabo? —pregunta.
El dolor que está sintiendo es grande; no obstante, ya no es tiempo de lamentaciones. Necesita accionar.
—Hay cosas que tendrás que hablar directamente con él —sugiere. —Después de esa noche rompimos relaciones y más cuando ella murió.
Demian asiente y hace la pregunta que lleva en su cabeza desde que se enteró del compromiso.
—¿Por qué decidiste hacer alianza? ¿Por qué permitir que me case con tu hija?
—Tengo la historia de continente en mi techo por una razón; es para no olvidar el pasado. Al día siguiente de la tragedia, me di cuenta de que personas de afuera quieren volver a encontrar grietas, debilitar lo que tiene quinientos veintiocho años de historia. Ellos quieren quedarse con todo y nos van a eliminar uno por uno. Y es por eso que te necesito a ti. Sé que velas por tu nación, pero miras todo el continente de Fenicia como si todo fuese solo Vaelkaris; ¿qué estarías dispuesto a hacer para protegerla?
El rey lo mira con firmeza, esperando respuesta…
—Todo, mi vida, si es necesario —responde con seguridad.
—Eso quería escuchar, porque mi propuesta no es solo por un matrimonio, es la alianza de dos reinos estratégicos para sacar la maleza de casa y eso no lo puedes hacer solo desde Vaelkaris; necesitarás aliados en todos lados.
—Hablas como si se avecinara una guerra y, si así fuera, tú y mi padre no estaríais al frente; son los reyes, ¿qué puede hacer una princesa y un príncipe?
—La maleza empieza por todos los viejos mañosos que los dejamos entrar a la corte, incluyéndome. No, eso les toca a ustedes; tengo esperanzas de que mi hijo se una en algún momento.
Demian suelta un suspiro. La cabeza comienza a darle vueltas.
—Todo esto me suena a historia fantástica y, para ser honesto, es confuso y aún no entiendo la razón de un matrimonio.
—Nunca subestimes el poder de un matrimonio para proteger un imperio, sobre todo cuando te casas con la indicada, aun cuando creas que no la amas —sugiere y Demian frunce el ceño. Khennel lo observa y ríe. —Ya entenderás. Toma. —Le pasa otros documentos. —Es todo lo que he investigado, no como rey, sino como el amigo que era de tu madre. En esos documentos aparece muchas veces el nombre de una minera; he buscado por todos lados, pero parece que ya no existe.
—Séfora —pronuncia Demian.
—Asumo que ahora tienen otro nombre. Escucha, no hubiese aceptado un compromiso si mi hija no lo hubiese querido, pero a pesar de su edad es muy perceptiva; algo la inquieta y cuando eso pasa no para. Así que puedes tenerla como aliada, o de lo contrario ella terminará buscando sus respuestas sola y, como padre, prefiero que tú estés a su lado.
El rey hace silencio, respira y trata de buscar las palabras indicadas para lo que piensa decirle…
—Sé que amas a otra mujer. —Demian lo mira con sorpresa. —No me mires así, es lógico que lo hagas y, créeme, nadie te entiende mejor que yo. En este momento estoy hablando con el hijo de la mujer que amaba, con la que pensé que me iba a casar
El rostro del príncipe no podría mostrar más desconcierto al escuchar tal confesión. ¿Su madre con Khennel?
—Aun así, cumplí mi deber y no me arrepiento. No hay nada que no haría por mi gente, mi pueblo. Así que te sugiero leer despacio esos documentos y saca tu conclusión. La oficialización del compromiso será mañana en la sala del trono. Tienes hasta ese momento para dar una respuesta. Si quieres, puedes quedarte en el estudio; es más tranquilo y puedes pensar mejor.
Khennel se levanta de su asiento y camina hacia la salida, pero la voz de Demian lo detiene; él voltea.
—Mi madre era noble. Viene de una de las mejores familias de Vaelkaris, ¿por qué no pudiste casarte con ella?
—Esa será una historia para otra ocasión —comenta.
El príncipe asiente y dice con un poco de arrepentimiento…
—Lo siento, llevo dieciocho años odiándote por su muerte.
—Como te dije, de haber recibido de ti otro tipo de sentimiento, hubiese desconfiado. Ahora te dejo.
Sale dejando solo a Demian, quien se debate entre seguir leyendo o salir corriendo hacia Vaelkaris para confrontar a su padre. Sin embargo, sabe que no ganará nada haciendo lo segundo. Ya tendrá tiempo de encarar todas las versiones hasta dar con la verdad.
—¡Maldita sea! ¿Por qué la política tiene que arrebatar tanto? —cuestiona, mientras unas ganas inmensas de romper algo lo invaden.
Más tarde…
Las horas transcurren y cada persona en el palacio de Catleya busca en qué ocupar su mente.
La reina, junto a su hija menor y su suegra, planifica un evento para la beneficencia. La princesa Amira estudia para entrar al convento. El rey se encuentra reunido junto a su mano derecha, Esteban, y el secretario de Demian, dándole los últimos detalles a las negociaciones de la alianza.
Mientras en el campo de entrenamiento se encuentra una joven lanzando con su arco hacia la diana, imaginando el rostro de alguien en específico. Odia tener este tipo de reacciones; no es una niña para hacer berrinches, pero no sabe cómo direccionar lo que siente.
Lo que sí sabe a la perfección es que cuando está sola, sin importar el lugar, debe mantenerse vigilante. Captar hasta el sonido más discreto que exista. Por eso ella toma una flecha y se da la vuelta con rapidez al escuchar pasos que van hacia ella. Su campo de visión se esclarece para divisar una figura.
—¿No sabes que no puedes ser tan sigiloso cuando alguien entrena con su arco? Debes anunciarte, te pude haber disparado —le dice aún apuntándolo con el arco.
—¿Y aún tienes intenciones de hacerlo y por eso no lo bajas? —le pregunta, sonriéndole. —Vine en son de paz. —le dice sacando un pañuelo blanco.
Amira deja de apuntarlo y tira la flecha hacia el blanco inicial. Se la ha pasado el día entrenando; quería evitar a Demian; nunca se enteró de que este pasó la mayor parte de la mañana y tarde revisando documentos.
—¿Qué haces aquí?
Le pregunta sin voltear a verlo. Solo puede percibir cómo él se va acercando a ella.
—Quería hablar contigo. ¿Será que me lo permites?
Ella respira profundo, lo voltea a ver y asiente. Pone todo en su lugar para luego mostrarle un banquillo donde pueden sentarse cómodamente. Él agradece y caminan hacia el puesto.
Una vez allí, él voltea para verla, pero encuentra a Amira sentándose en el banquillo mientras cruza las piernas como en posición de meditar.
La acción le causa risa a Demian; cada vez confirma que a ella no le importan las apariencias.
—Te escucho —dice expectante.
—Quería disculparme por el beso y por la forma en la que reaccioné después. Mi intención no es aprovecharme de la situación, yo… —Él hace una pausa. —Vine con una idea errónea a Catleya y ya estando aquí me doy cuenta de que ahora más que nunca necesito ser el príncipe que mi nación necesita.
—Entiendo, ¿y eso qué tiene que ver con el beso?
Cuestiona sin formalismo. No sabe qué fue lo que descubrió; sin embargo, ese no es su tema de interés por ahora.
Demian suelta un resoplido antes de continuar su argumento.
—Porque allá dejé a alguien que es muy importante para mí. Ella…
Las palabras de Demian son interrumpidas.
—Hablas de Isabella, ¿cierto? —pregunta mientras su mentón está entre sus manos. Demian levanta una ceja al escucharla decir el nombre. —¿Qué? Soy curiosa, quería saber un poco de la vida del hombre con el que me comprometería. Solo para aclarar, aunque los dos han sido “discretos”, eso no significa que nadie pueda descubrirlo.
Demian suelta una carcajada, mientras niega con la cabeza.
—Supongo que el único que no hizo su investigación fui yo. Pero sí es ella. Al besarte sentí que la traicioné —dice mirando hacia delante sin tener un punto fijo. —Y que te falte el respeto a ti —revela y voltea a verla. La joven irgue su espalda al escuchar sus disculpas, mientras fija sus ojos azules en ella. Le gustaría no perderse en el océano que son ellos, pero la mirada le hace sentir algo que ella no sabría cómo explicar. Solo siente cómo de repente su estómago burbujea. Lleva sus manos a la zona sin entender.
Él frunce el ceño.
—¿Te sientes mal? —pregunta.
Amira agranda los ojos, aparta sus manos de su estómago y niega con la cabeza.
—Es… estoy bien, no tienes que disculparte —dice con nerviosismo mirando a todos lados. —En realidad, sobreactué, quizás porque eres el primer hombre que me besa y no sabía qué hacer después, pero todo está bien.
La joven habla a tal velocidad que a Demian le cuesta procesar sus palabras; lo que sí entendió es que él le dio su primer beso. Uno del cual huyó.
Amira se levanta del banquillo y pretende irse, pero él la sostiene de la mano.
Él permanece sentado, mientras ella queda parada en frente.
—¿Dices que anoche te di tu primer beso?
La pregunta hasta le resulta inverosímil. Todo pasó tan rápido que ni siquiera reparó en el beso.
Por primera vez, Amira se muestra ante él con otra actitud que no es la de chica segura. En esta ocasión, su rostro refleja timidez.
Continuará…