En otro lugar del mundo…
—¿Encontraste algo? —pregunta el hombre de la cicatriz a su sirviente, mientras se sirve un trago.
—Sí, señor —responde pasándole unos papeles—. Esta es el acta de compromiso que firmaron. Ahí están estipulados todos los acuerdos y la fecha de la boda —termina de informar.
El hombre lee con detenimiento, apoyándose en la luz de su escritorio. Aún no es de noche, pero él prefiere resguardarse en la comodidad de su guarida oscura y fría, esperando el momento para salir a la luz. Tiene la convicción de que los mejores resultados son los que se obtienen cuando se planifica desde el silencio y la paciencia.
No es su única ideología; también tiene la certeza de que no hay nada más inoperante e innecesario que la monarquía. Desea erradicarla de todos los continentes que usan ese sistema, pero por el momento empezará con Fenicia y, como punto de partida, Vaelkaris. Lugar que le arrebató más de lo que una persona podía perder.
—Interesante, la mayoría de estos acuerdos se basaban en una posible amenaza —dice riendo. —Khennel está tan paranoico. Que no se ha dado cuenta de que está a punto de darle Catleya a su futuro yerno.
Infiera mientras lee el acuerdo sobre la legitimidad como heredero que se le podría otorgar al hijo de Amira y Demian. Hecho que ve curioso, ya que el rey de Catleya tiene un hijo de la misma edad que Demian, el cual fue nombrado como su sucesor. No obstante, si ellos, como organización, juegan bien sus cartas, podrían implantar la idea de que ese siempre ha sido el plan: que el rey de Vaelkaris gobierne ambos reinos.
—Si hacemos eso, de nada le servirá su alianza —comenta carcajeándose. —Diego —llama a su sirviente, el cual aún permanece a unos pocos pasos de él. —Escríbele a ya sabes quién, dile que cambiaremos de planes, no impediremos esa boda. Vamos a dejar que los tórtolos tengan su gran ceremonia. Ve y haz lo que te pedí —ordena.
Busca en un cofre un puro mientras ríe por su hallazgo. Mientras que en su mente le llega una pregunta: —¿Y si algo le llega a pasar al príncipe Zahir Malik, futuro rey de Catleya, a quién culpará Khennel?
—Lo siento, muchacho —dice con referencia a Demian. —Al igual que tu madre, terminarás siendo un daño colateral de todo esto.
Kaldby, ciudad de Vaelkaris…
De vuelta a su hogar, después de tres intensos días en Catleya y seis navegando en alta mar, al fin el príncipe se encuentra en su nación. Otra vez regresa para ver salir el sol, luego cómo el cielo se llena de nubes y de pronto empieza a llover, mientras que el clima se mantiene húmedo y frío. Y todo en un mismo día. Aun así, le alegra volver. Siente que tiene mucho que hacer.
—Cariño, qué bueno verte de vuelta.
Habla la reina madre desde las escalinatas del palacio, feliz de ver a su nieto regresar a casa. En espera de su regreso también están sus hermanas y algunos sirvientes para asistirlos. Sin embargo, el rey Louis no hizo acto de presencia, aunque eso no le importa a Demian. Nunca ha esperado nada de su padre y no piensa hacerlo ahora.
De inmediato, el joven sube los escalones para saludar a su familia, la cual extrañó bastante. Aun con todos sus defectos y grietas, es su familia. Le alegra la idea de saber que al volver siempre tendrá quien lo reciba. Tras su conversación con la reina Mariam, él siente que debe ser más comprensivo con su abuela.
—Gracias a las tres por el recibimiento; no era necesario. Solo estuve diez días fuera —dice brindándoles una sonrisa abrazadora.
—Eso le dije a la abuela, pero sabes cómo es.
Habla Valeria haciendo gestos de despreocupación. Lo cierto es que tanto la abuela como las hermanas extrañaron de más a Demian. En el palacio se sentía que algo faltaba, que su pieza clave no estaba.
—No le hagas caso, las tres te extrañábamos; este palacio no es lo mismo sin ti —revela Valentina en su característico tono dulce.
—¿De qué hablas? Sí, casi siempre está de misión en la frontera —vuelve a intervenir Valeria.
Las interacciones de las hermanas le causan risa a Demian, pero la abuela, que niega con la cabeza, las detiene…
—Niñas, por favor, compórtense —ordena sin ser agresiva. —Hoy es un día alegre, no más discusiones, ¿de acuerdo? —Todos asienten sonriendo.
Las jovencitas también van hacia Esteban, quien se asomaba detrás de Demian. Ellas lo ven como otro hermano mayor. Uno que igual las regaña, aunque no tan severo como Demian.
Después de los saludos acogedores, incluyendo al personal que siempre ha recibido buenos tratos por parte del príncipe, todos entran al palacio.
El palacio de Vaelkaris también es una edificación majestuosa que demuestra poder y supremacía. Está resguardado dentro de altos y fuertes muros de piedra para evitar cualquier ataque y que este pueda salir afectado. Contiene historia que ellos pretenden resguardar para generaciones futuras.
Es una construcción de ciento treinta y cinco mil metros cuadrados, de cuatro pisos con más de tres mil habitaciones. Una vez que se cruzan esos muros, su entrada es aún más impresionante, rodeada de fuentes de esculturas, un intenso pasto verde y árboles enormes por todo el lugar. Su estructura es simétrica y fue construida con piedra de Portland blanca y grisácea. Al entrar, puedes apreciar un techo en forma de bóveda con tonos dorados y grandes ventanales cubiertos con las mejores telas que caen con ligereza desde lo alto. También los recibe una gran escalera que cuenta con más de setenta peldaños, flanqueada por águilas de mármol que simbolizan poder, libertad y visión.
Y por aquel impresionante lugar todos se van desplazando hasta llegar a una sala pequeña que la familia suele usar cuando quiere disfrutar del calor que le brinda la chimenea. Allí, tanto Demian como Esteban, la reina Fatina y las princesas comparten un delicioso té y bocadillos. Eso sin escapar del interrogatorio de las damas sobre el compromiso con Amira.
A pesar de que la reina esté feliz por la decisión de su nieto, no puede negar sentirse acongojada por él. Todos, sin excepción, en el mundo de la realeza han tenido que sacrificar algo para cumplir con su deber. Dichosos son aquellos que se pudieron casar con su verdadero amor o los que lo pudieron encontrar en el camino.
—¿Estarás bien? —le pregunta la reina mientras lo ve con ternura.
Demian le brinda una sonrisa; la nota preocupada, quizás hasta culpable por incitarlo a ir a Catleya. Sin embargo, su realidad es que le agradece; no sabe si de otra forma se hubiese enterado de la verdad.
El príncipe se acerca a su abuela y le da un cálido abrazo en la frente, el cual la sorprende, pero de inmediato lo recibe con mucho gusto.
—Estaré bien, abuela, no te preocupes; de ahora en adelante, las cosas serán diferentes, pero prometo que trabajaré para que sea para bien.
Comenta sin soltarla; ella no dice nada, solo siente cómo su corazón suelta la angustia de perder a su único nieto.
Después de compartir con su familia, Demian se despide y va hacia el estudio de su padre. No puede perder ni un momento; él necesita respuestas y las quiere ahora.
Esteban lo intercepta antes de seguir su camino, esperando que su actuar sea prudente para no terminar de romper lo poco que queda de la relación de padre e hijo.
—¿Vas a decirle al rey de lo que descubriste? —cuestiona.
—No, no todo, quiero ir soltándolo de a poco para ver su reacción y cómo va a proceder —le dice, volteándolo a ver. —Quiero ver con quién se reúne después de hablar con él.
El príncipe calculó mejor su estrategia; decirle todo de golpe a su padre solo lo alertará. Puede que no sea el responsable directo de la muerte de su madre, pero indirectamente contribuyó. Aún no tiene claras todas las negociaciones y tratos que ha hecho el rey discretamente, por lo que lo más inteligente es tirar migajas y que él caiga en ellas.
—Bien, quiere decir que vamos a recurrir a… —Esteban no termina la palabra.
—Sí, nos mantendremos vigilando al rey —comenta en tono serio.
Esteban asiente, pero antes de dejar ir a su primo le pregunta…
—¿Hablarás con la abuela? —hace referencia a la madre de la reina Dayanna.
—¿Crees que deberíamos mortificarla con esto? —cuestiona, recordando esa importante parte. —Lleva dieciocho años llorando a su hija; no sería justo decirle que ella solo estuvo en el lugar equivocado, el día equivocado, con la persona equivocada.
Comenta mientras siente cómo se llena de impotencia. Solo tenía diez años cuando pasó, pero se pregunta si pudo haber dicho algo que hiciera que su madre se quedara en el palacio y dejara ir solo a su padre.
—No —continúa hablando. —Lo mejor es que hagamos silencio. Lo menos que necesitamos en estos momentos es que los Karlsen intervengan. Ya nuestro querido tío ha demostrado no estar conforme ni con mi padre ni con el ministro de Defensa.
—Sí, ese es otro tema que considerar. Nuestro tío es quien dirige el negocio de la familia, negocio que se basa en la elaboración, exportación e importación de armas de guerra —habla Esteban, haciendo énfasis en que no importa cuál sea el método, tanto hacer, comprar o vender; su tío es quien tiene el poder. —¿Qué pasará cuando él…?
Las palabras de Esteban son detenidas.
—Un problema a la vez, por favor —dice pasando su mano por su cuello, sintiendo tensión. No recordaba esa parte de su vida.
Demian no solo es un descendiente directo del padre de la monarquía en Fenicia, sino que también es uno de los nietos de la familia noble más poderosa de Vaelkaris, con mucha influencia en otros lugares. Ellos controlan el comercio de las armas y son quienes tienen más conexiones con grupos extranjeros.
—Sí, entiendo, pero si la amenaza de la que te habló Khennel no viene de Fenicia, entonces no hay nadie que tenga más contactos que él. Hace negocios en Europa, Asia…
—Sí, ya entendí. —Vuelve a cortar las palabras de su primo. —Pero vamos por pasos; por el momento dejemos a Theodor fuera de esto. No queremos empezar una guerra civil.
Exhorta el príncipe y su primo asiente. Por el momento, solo se dirigirá a hablar con su padre y empezar a mover sus hilos. Él no puede negar que le gusta su título; sin embargo, decir que es fácil llevar el peso de dos familias tan importantes es mentir.
No obstante, el príncipe aparta esos pensamientos cuando llega al final del pasillo y observa una puerta de roble, la cual indica que está en el estudio de su padre. A cada lado hay guardias acercándose a él, impidiendo que continúe.
Demian frunce los labios con frustración. Mira a cada guardia con severidad e intenta no estallar. Está cansado y lo menos que necesita son estas tonterías.
Los guardias tragan saliva; conocen el carácter del príncipe, aunque no siempre lo demuestre.
—Lo siento, príncipe, pero su padre está reunido con el ministro y su hija; pidió no ser molestado —informa uno de los guardias titubeando.
Demian mueve la cabeza de un lado hacia el otro tratando de liberar tensión.
—Entonces, no fue a recibir a su hijo, por ese par, ¿es lo que dice? —cuestiona. Ellos asienten. —¿Bien?
De forma sorpresiva, Demian toma una de las espadas de los guardias y la coloca en su cuello. Cuando el otro quiere responder, el príncipe lo mira con furia y eso lo hace retroceder.
—Voy a entrar en ese maldito estudio, a la buena o a la mala, ¿cuál quieren ustedes? —pregunta con voz firme.
Ellos retroceden y le dan paso. Sin embargo, las puertas se abren y de ella se asoma el ministro.
—¿Qué está pasa…? —Pausa sus palabras al ver a Demian sometiendo a los guardias. Este empuña las manos; no obstante, trata de disimular su disgusto al ver al príncipe. —Alteza, creo que este no es el momento de…
Demian no le permite terminar sus palabras; cruza la puerta echándolo a un lado mientras bloquea sus advertencias. Ya allí, encuentra al rey sentado detrás de su escritorio y al lado a Lucinda, quien sonríe con superioridad.
—Pero ¿qué es esto? —dice ella.
—Ustedes dos fuera de aquí, necesito hablar con el rey.
Exige el príncipe con voz gélida mientras observa a su padre con molestia. Él le sostiene la mirada; detesta cada vez que su hijo muestra esa parte, la que le recuerda que, en todos sentidos, es mejor que él. Louis se levanta de golpe de su asiento, choca sus manos contra el escritorio y grita…
—¡¿Caso quién te crees?!
Demian le responde sin vacilar…
—¡Tu hijo y heredero! El futuro rey de Vaelkaris —exclama.
Es la primera vez que Demian pronuncia esas palabras. Nadie lo ha escuchado autoproclamarse el heredero de Vaelkaris, derecho que le asiste de nacimiento y por méritos.
El rey agranda sus ojos a más no poder; siente que una furia incontenida comienza a apoderarse de su cuerpo.
—Cuidado con lo que dice, Alteza —habla el ministro entre dientes. Demian se gira para decirle.
—Sal ahora mismo del estudio con tu hija o los sacaré yo mismo. ¡Ahora! —su voz es tan potente y autoritaria que Lucinda da un respingo y camina hacia su padre.
El ministro quisiera decir algo, pero sabe que no puede excederse. Mira al rey, quien parece que no interfiere, así que decide irse, mientras se jura en su interior que lo hará pagar por tal humillación.
Le hace señas a su hija para salir y ella asiente, pero antes de desaparecer por detrás de la puerta dice…
—Deberías tratarme mejor, yo te daré un hermano —informa y termina de salir.
Demian suelta una carcajada sin gracia. Ahí está el plan del ministro. Intentar que en su familia tengan un posible heredero al trono, lo que siempre ha soñado —piensa él. No obstante, el príncipe nunca había tenido tantas ganas de reinar como ahora.
—¿Está embarazada? Felicidades; aun así, no te escaparás de lo que te vine a decir, padre…