Capítulo 30 Abre las piernas Jacinta Pero justo antes de que pudiera actuar, él desvió la mirada y retrocedió un paso, rompiendo el momento. Sin decir una palabra, se dirigió hacia la cama y se acostó, dándome la espalda. Me quedé de pie, viendo cómo se acomodaba, y me pregunté qué habría pasado si uno de los dos hubiera decidido no detenerse. “Tonta” —Me dije en mis pensamientos… Con un suspiro, apagué la luz y me acosté también, quedándome en silencio mientras la noche avanzaba, envuelta en preguntas que quizás nunca tendrán respuesta… “¿Se alejó de mí?.” “Era evidente Jacinta, ni siquiera debiste intentarlo, no le gusto.” —Pensé de nuevo, cuando voltee hacia el otro lado, lo encontré. Él me miró con ese brillo travieso en sus ojos y, acercándose despacio, se inclinó hacia mí. Su

