Capítulo 84 Dime lo que quieras Paul —Entonces prepárate, porque mi historia no es bonita. —Mi tono es sombrío, un aviso de las sombras que siempre intento evitar. —Ya estoy aquí, Paul. Puedes decir lo que quieras —susurra, y la confianza en su voz me obliga a bajar la guardia, aunque sea un poco. «Demonios, estoy hablando de más.» Siento el peso de las palabras atascadas en mi garganta, y aunque siempre he sido un maestro en el arte del silencio, hoy, tal vez, sea el día en que decida hablar, casi no he comido en todo el día, y ahora el alcohol no es de gran ayuda para hacerme guardar silencio. Sigo bebiendo del whisky, el ardor del licor me calienta la garganta y apacigua un poco el tumulto de emociones que se agitan dentro de mí. Pero esa mirada de compasión de Jacinta me molesta

