Capítulo 124 Todos, camino a casa... Paul Caminábamos en silencio hacia la salida. Jacinta cojeaba ligeramente, y cada paso que daba parecía un esfuerzo monumental. No podía evitar fijarme en su dificultad, pero no sabía qué hacer. Ofrecer ayuda me parecía… extraño, incluso incómodo. Desde que ella apareció en mi vida, había tenido la sensación de que todo lo que yo hacía a su alrededor era torpe, como si no supiera cómo actuar correctamente. Entonces, de pronto, su voz rompió el silencio. —Paul… ¿Puedo apoyarme en ti? —preguntó en un tono apenas audible, lleno de cansancio. Me detuve por un momento, sorprendido. Asentí, aunque las palabras no salieron de inmediato. —Claro, puedes apoyarte. —le dije. Jacinta se acercó más, colocando su brazo sobre el mío. El contacto fue inesperado

