—Aquí.— Dorian colocó una copa de champán mezclado con sangre frente a Cami. Había regresado de su conversación con el atractivo vampiro italiano al que no había querido presentarle, pero su regreso no le resultaba un verdadero consuelo. No mientras aún no se iban. No mientras aún podía sentir la sangre secándose en su rostro. —No tengo sed.— Su voz era baja, aturdida. Llevó la mano a su rostro para limpiarse sin pensar, pero Dorian la detuvo, sujetando su muñeca. No era la primera vez que la detenía. Antes, sus ojos habían destellado a modo de advertencia, pero esta vez se inclinó cerca de ella. —No lo hagas,— murmuró en su oído, mientras su mirada se detenía en los vampiros cerca del escenario que sostenían sus copas bajo la sangre que goteaba del mismo. —Lucius está mirando. Ella gi

