Cami luchaba por seguir el ritmo de las largas zancadas de Dorian en sus altos tacones mientras él los sacaba de Hades hacia el coche que los esperaba. Cuando el camarero de sonrisa fácil apareció en su reservado para decirle que Dorian esperaba que se alimentara de él, Cami había considerado marcharse. La idea de alimentarse en público—frente a todos—hacía que su piel se enfriara. Pero Dorian la estaba observando, y había dejado claro que esperaba una obediencia total de su parte. Ahora quería que hiciera algo que sabía perfectamente que nunca había hecho antes. Poco a poco, deliberadamente, estaba torciendo su esencia, convirtiéndola en algo que no era. Porque esto no era ella. No se alimentaba en público, ni asistía a banquetes de sangre. Nada de esto formaba parte de su vida. Sin em

