Rebecka Tenía los sentimientos a flor de piel, me intentaba hacer la dura pero era inútil. Había caído en las garras de ese idiota con ojos perfectos. —Dime que es lo que piensas...—su voz me hace sobresaltar. Volteo a verlo y esta tan jodidamente perfecto, con ese cabello húmedo y esos labios rojos. Moví mi cabeza intentando borrar esas ideas sexuales que comenzaron a salir de mi mente. —En lo insoportable que eres..—bufé. —Mientes—chasqueó la lengua. —No.. —De seguro estabas pensando en ese jueguito que tuvimos en el baño..—se mordió el labio. Y no mentía. Mi cabeza no podía dejar de pensar en aquel momento, yo acariciandolo y él corriéndose en mi mano. Iba a ser difícil superarlo. —Desearías que estuviera pensado en eso, es más, ya se me había olvidado. De su garganta sal

