Tommy asintió, sintiendo que eso era justo lo que necesitaba. Pidió la cuenta y ambos se dirigieron a un hotel cercano, un lugar discreto pero elegante. Al llegar a la habitación, Isabella se mostró aún más seductora. La habitación estaba decorada con buen gusto, con luces suaves que creaban una atmósfera íntima. —¿Te gustaría algo de beber? —preguntó ella, acercándose al minibar. —Sí, por favor —respondió Tommy, quitándose la chaqueta y relajándose en uno de los sillones. Isabella le sirvió un trago y luego se acercó a él, sentándose en su regazo. Tommy no pudo evitar sentir una mezcla de excitación y vacío, sabiendo que estaba buscando consuelo en los brazos de una desconocida. —Relájate, estoy aquí para hacerte sentir bien —susurró Isabella, comenzando a besarle el cuello con suavid

