Tommy, sintiendo la tensión de la mañana, decidió seguirle el juego. Sonrió y respondió con un tono igual de sugerente. —Hola, Fedra. Mejor ahora que te veo —contestó, sus ojos brillaron con una chispa de interés. Besó la mejilla de ella. Fedra rio suavemente y se acercó más, sus dedos rozaron levemente el brazo de Tommy. —Mabel no llegará hasta el mediodía. Si quieres, podemos ir a tomar un café mientras esperas —sugirió, en un tono provocativo, mojándose los labios. Tommy consideró la oferta por un momento, pero antes de que pudiera responder, la puerta del despacho se abrió y entró Aldo. Su mirada se endureció al ver a Tommy. Observó a Fedra y arqueó una ceja. —¿Esperas a mi mujer? —preguntó Aldo con desdén—. Es mejor que regreses. Está en un juicio importante y no llegará hasta

