Una media hora después, los empleados comenzaban a moverse para ir a almorzar. Mabel salió de su oficina y se encontró con Aldo en el pasillo. Montemar, al ver a Tommy aparecer, aprovechó el momento para besar a Mabel, buscando darle celos. Mabel correspondió al beso, tratando de mantener la apariencia de normalidad. Tommy, al ver la escena, desvió la vista con disgusto. Se acercó al escritorio de Fedra y le preguntó con una sonrisa forzada: —¿Quieres ir a almorzar conmigo, preciosa? Fedra, encantada por la invitación, respondió sin titubear: —Claro, Tommy. Me encantaría. Los dos se dirigieron hacia la salida, mientras Mabel observaba de reojo, sintiendo una mezcla de frustración y celos. Aldo, satisfecho con su maniobra, mantuvo a Mabel cerca, disfrutando del efecto que su beso había

