ELENA Cuando llego a la casa familiar, Frederick es quien me recibe, informándome que la mayoría de sus ocupantes ya se encuentran dormidos, específicamente hablando de la señora Eva y Amelia, y que Alexander volvió a la ciudad después de la cena. Anthony está en su estudio, a donde me dirijo, y me imagino que ha de estar trabajando, pero no. Lo encuentro de pie, en silencio, de espaldas a la puerta, observando fijamente por la ventana, un vaso de un líquido ambarino en su mano derecha. Su saco y corbata se han ido, dejándolo solo en una camisa gris y pantalones de vestir negros. Creo que está absorto en sus pensamientos, ajeno a mi llegada, hasta que su fuerte y ronca voz resuena en la habitación. —¿Te vas a quedar en la puerta toda la noche? —pregunta, bebiendo un largo sorbo del va

