—Mi niño —la voz de mi abuela atraviesa la neblina de violentas emociones que dominan mi mente. Esperar desespera más que cualquier otra cosa, porque sentir la impotencia de estar aquí, sin hacer nada, tan solo esperando a que un extraño salga a decirte el destino del amor de tu vida… No, eso no se lo deseo a nadie. Levanto la mirada de mis manos, donde las tenía enfocadas viendo la sangre seca en ellas, culpándome por no haber sido más rápido, por no haberme movido antes, por no haber visto sus jodidas intenciones desde que salí a la acera y los vi discutiendo, enfurecido conmigo mismo por no estar entre esa bala y ella. Mi garganta se mueve bruscamente intentando suprimir el nudo que se instaló en ella al segundo que escuché el primer disparo, pero, a pesar del movimiento, me es im

