Subí al tercer piso siguiendo el pasillo que conducía al observatorio, aquel lugar donde Aras me dio el collar de plata y nos comprometimos. En mi bolsillo había un poco de agua oxigenada, vendas algodón y pañuelos, ya que Aron me confirmó que Aras no se había tratado el golpe que recibió y pensé que podía curarlo mientras hablamos, aunque si está ebrio no sé como reaccionará. Me detuve frente a la puerta y respiré profundo antes de abrirla, el enorme salón estaba iluminado por los rayos del anochecer, el techo estaba cubierto por una serie de placas de hierro que bloqueaban la vista a la pantalla donde aquella noche de veía el espacio. Entre las columnas del fondo de la habitación, pude distinguir la figura de Aras recostado en una de estas perdiendo todo el porte y elegancia que lo car

