Desperté con molestia al sentir los rayos del sol y olvidé cerrar las cortinas, odio levantarme tan temprano pero si Aron viene no podré adelantar trabajo y ya estaba retrasado. Si no fuera por Marcos estaría desesperado, en un par de horas hizo lo que no pude hacer en dos semanas. Abrí los ojos encontrando a mi pequeño profundamente dormido, con los labios semi abiertos y sus mejillas tan rojas como las de su hija, en serio parecen dos gotas de agua. Me levanté con cuidado y fui al baño a preparar la tina, mientras el agua se calienta tomé una bata de baño y decidí ir al cuarto de Anelis a ver cómo estaba. Al abrir la puerta no pude evitar reír divertido al ver que la pequeña tenía la almohada entre las piernas y las sábanas enredadas pero la tortuga que le di estaba sujeta fuertemente

