Papá me dejó de paso en el colegio a la mañana siguiente más temprano de lo normal, quería que empezara el año con la asistencia y puntualidad perfecta pero las clases no empezaban hasta las ocho y él me dejó cincuenta minutos antes, ni siquiera los profesores llegaban tan temprano por lo que me senté debajo de un árbol para leer uno de los libros que había editado el año pasado, para matar el tiempo.
Mi vista daba al pasillo lateral y observé a uno de los profesores de los primeros años entrar por la puerta trasera, todos entraban por ahí ya que les daba al estacionamiento y era el lugar más cerca para salir a fumar sin que los vieran. Debíamos ser los únicos con tanto tiempo de anticipación pero mi concentración hacia el aburrido libro fue interrumpida cuando alguien más llegó, al mirar identifiqué enseguida al nuevo y joven profesor de matemática, quien salió encendiendo un cigarrillo para apoyarse contra la pared del pasillo.
Él no me veía porque aparte de estar concentrado en su cigarrillo, las paredes se lo impedían y tuve tiempo de analizarlo, los pantalones ajustados y una remera blanca, anteojos y un malhumor evidente. Sin que pudiera meditarlo, guardé el libro y me colgué el bolso, me levanté mirando hacia todos lados pero seguía sin haber nadie, por lo que caminé hasta él.
—Hola profe. —saludé. Levantó la vista y se paró mejor pasando el cigarrillo para atrás con los dedos.
—Buen día.
—Perdón si lo asusté.
—No, me agarraste desprevenido nada más, ¿por qué tan temprano?
—Mi papá me pudo dejar, usted ¿libera estrés antes de tenernos?
—Puede ser. —asintió y las comisuras de sus labios se levantaron mínimamente, una pequeña sonrisa perfecta. — ¿Mia verdad?
—Sí.
— ¿Te molesta? —preguntó levantando su cigarrillo a mi vista, negué y entonces él le dio otra pitada.
— ¿Hace mucho fuma?
—Más o menos. —dijo y miró a los costados por debajo de los anteojos, pero todo estaba desolado sin rastro de alumnos y docentes. —no creo que sea bueno que nos vean acá.
—No hay nadie y no hacemos nada malo, al menos yo no soy la que fuma.
—Cierto. —sonrió un poco más y me apoyé en la pared a su lado, pero él se puso de frente para mirarme llevando el cigarrillo a sus labios. — ¿así qué estás en el último año y no sabés algo tan sencillo como Pitágoras?
—Ajá.
—Eso no es bueno.
—No, pero nunca lo entendí. —mentí porque sí lo hacía, pero era el tema principal que se me vino a la cabeza cuando manifesté mi desagrado a la materia en general.
—Podemos hacer un repaso, pero lo haría sólo por vos.
—Bueno, gracias. —sonreí y él se alejó de la pared para tirar la colilla del cigarrillo en el tacho de basura, al lado de la puerta que daba al baño de chicas.
—Nos vemos en clases.
—Ok, chau. —lo saludé y antes de que se fuera, se dio la vuelta poniendo las manos en los bolsillos delanteros, con una tranquilidad enseriada.
—La próxima vez que tu novio te trate así, intentá que no sea enfrente de mí porque no me gustaría reaccionar ¿ok?
—No es mi novio. —murmuré. Él hizo una mueca.
—Peor todavía, no dejes que te trate así y que te obligue a nada, ¿puede ser?
—Sí, gracias.
—Tenelo en cuenta, nos vemos Mia.
—Nos vemos.
Verlo de cerca me convencía de lo lindo que era y hablar así hayan sido dos palabras notar que no era tan mala onda, la imagen que se ponía frente a las alumnas era obvia, siendo joven, lindo y más aún, cercano a nuestra edad, las chicas se volvían locas, por lo que yo preferí quedarme con su amabilidad sin contarles nada a mis amigas, guardándome para mí saber un poco más de él fuera del ámbito que nos correspondía.
En la tercera hora, cuando nos tocó con él, no pude evitar sonreír cuando explicó Pitágoras rápidamente, mirándome y levantando ambas cejas para comprobar que lo había entendido, por lo que asentí y le sostuve la mirada por unos segundos, hasta que tuvo que ignorarme. Escondí mi sonrisa y aproveché que se puso a revisar el programa para observar cada detalle de su cuerpo. Su boca al hablar se movía de manera discreta y sus labios eran término medio, ni tan finos ni tan gruesos, sus ojos color miel consideraba que era lo más lindo que tenía, además de lo bien que le quedaba el rasgo de barba comenzando a salir que marcaba perfectamente sus rasgos masculinos. Delgado y de estatura normal, sus brazos estaban trabajados pero no exagerado, al menos las remeras que usaba hacía que se notara más y eso afectaba a miles en un cierto punto, yo sabía que tenía un tatuaje debajo de toda esa tela, lo cual lo hacía mucho más imponente junto con los pantalones ajustados y zapatillas negras que parecían ser su estilo. Simplemente hermoso.
Lo único que no me gustaba de él, era su exigencia con la materia al darnos tantos ejercicios, pero también era un freno porque por culpa de Belén que lo elogió entablando una confianza que nunca le dio, nos perjudicó enviando ejercicios de tarea. Sólo nos permitió cinco minutos de descanso hasta que firmara el informe que le pedían desde dirección, yo los aproveché para interiorizarme con los números que nos hizo copiar, pero fui interrumpida por Tom, quien se acercó arrodillándose a mi lado.
— ¿Qué quéres?
— ¿Almorzamos juntos hoy?
—No, te dije que no quiero saber más nada, ya está.
—Dale Mia dejate de joder —bufó y yo lo ignoré siguiendo con mis ejercicios. —podemos salir al patio de comidas de acá cerca.
—No, no quiero.
— ¡Mia! —me molestó de nuevo y no le di atención, pero me sacó la lapicera de la mano tan fuerte que no me dio tiempo a quejarme. — ¡Escuchame cuando te hablo!
—Vos escuchame a mí, sentate en tu lugar y cuando termine la clase tenés detención. —dijo el profesor detrás de él, Tom rodó los ojos y se levantó para darse la vuelta y enfrentarlo, ambos tenían la misma altura pero Franco ganaba por imponencia.
—No me puede dar detención, usted mismo nos dio los cinco minutos.
—Sí, pero no para que molestes a tu compañera.
—Son cinco minutos libres y no la estaba molestando.
—Sí me estabas molestando. —acoté mirándolo mal, él me miró peor y Clark le indicó con la mano que saliera.
—Andá a buscar el permiso, ahora. —le ordenó, Tom bufó y salió de mala gana de mi lugar encaminándose a la puerta. —deberías aprender a tratar a las mujeres mejor si querés algo con ellas, así nunca vas a conseguir nada.
— ¿Usted qué sabe?—lo acusó Tom, el salón entero hizo ruidos abucheando y Clark no se inmutó ante su provocación.
—Más que vos seguro, apurate. —dijo y volvió a su lugar con la risa de todos los chicos hacia Tom cuando se fue del salón. —Bueno silencio, hagan los ejercicios y si para mañana no los tienen hechos, van a tener un cero más grande la cabeza de Hook.
La autoridad que tenía sobre los alumnos era increíble, a mí me causaba gracia y lo observé escribiendo en mi hoja, pero cuándo él aprobó que todos estuvieran el suyo, me permití mirarlo y conectamos miradas instantáneas, le di un leve asentimiento en forma de agradecimiento y él no hizo más que responderme con los ojos, porque si hubiera sido diferente, no se hubiese quedado mirándome por un minuto entero. Después agachó la cabeza y se concentró en otra cosa, yo lo imité.
Salí antes del colegio por razones que se adherían a Tom, me llegó el rumor de boca en boca que me buscaba para ir al grano, y para no montar una escena frente a tantas personas, me fui antes. A él le gustaba tener esa popularidad y creerse que estaba en un colegio de Estados Unidos, pero como yo era una buena persona, no se lo iba a arruinar con un rechazo frente a todos, además odiaba literatura en inglés y Vicky prometió guardarme los trabajos, me retiré con la excusa de que me sentía mal y mi papá lo autorizó.
A dos cuadras del colegio había una almacén así que me desvié de mi camino para ir hasta ese lugar, antes de llegar noté que en la vereda estaba Franco, a horcajadas de una moto Harley con un cigarrillo entre los labios y su celular en la mano mirando la pantalla a través de sus anteojos de sol, toda una combinación que le daba un estilo de chico malo. Me encantaba cómo era pero no quería darle una imagen equivocada, así que pasé por su lado indiferente y entré al local para comprar un agua, deseando tardar lo menos posible para que cruzar, fuese probable. Salí y lo vi sacarse los anteojos, yo hice una mueca fingida y mi plan funcionó mejor de lo que esperé.
— ¿No deberías estar en el colegio?
—Ah, hola profe. — saludé y él miró hacia ambos lados. —es que me sentía mal y me iba a casa. —dije y miró hacia atrás como si escapase a la aprobación de alguien. — ¿Tiene miedo de que lo vean con una alumna?
—No, pero fuera del colegio no sos mi alumna por lo que no me hables así y menos me digas: profe. —dijo disgustado con esa idea haciendo una mueca y yo me reí asintiendo de acuerdo. — ¿puede ser?
—Está bien, a veces me olvido que tenés cuatro años más que yo, y estás en la edad de conquista, ¿no?
—En este ambiente no, pero… —se encogió de hombros y le dio una pitada a su cigarrillo antes de tirar la colilla. —es porque tenés que estar en el colegio a esta hora.
—Sí ya sé, pero no es que lo vas a ir a decir a alguien, me imagino.
—No, tranquila.
—Ok, ah y muchas gracias por explicarme hoy eso de…
—Pitágoras ¿lo entendiste al menos?
—Eso, y sip. —sonreí respondiendo a su sonrisa descreída. En fotos le hacía justicia, era una sonrisa hermosa. —y también por lo de Tomás.
—Eso sí me incumbía, aunque sabés lo que pienso al respecto.
—Sí, gracias de todos modos.
—Ok, disculpame Mia pero te llevaría si no fuese que estamos cerca del colegio y ya sabés…
—No te preocupes, vivo cerca, gracias igual.
—Nos vemos mañana.
—Nos vemos. —asintió poniéndose los anteojos y afianzando su agarre al manubrio, arrancó la moto para irse. Me mordí el labio quedándome con esa sensación de querer hacer algo más para caerle mejor que cualquiera de mis compañeras, era imposible resistirse a pesar de no querer ser igual de babosa que todas.