Desayunando junto a su pareja en su departamento, Zac observaba de reojo su teléfono. Al percibir aquello, Luther movió el aparato ligeramente para ver lo que tan distraído tenía a su chico. —¿Asher te sigue molestando con que le des clases de taekwondo? Zac bufó y bebió un sorbo de su café. —A cada hora desde que me vio hacer aquella patada. Le dije que estaría demasiado ocupado acosando a otros famosos como para enseñarle, pero me sigue enviando algún mensaje de vez en cuando preguntando si ya cambié de opinión. —Es que fuiste impresionante, bebé. Hasta tal punto, en que incluso Caden te alabó —indicó. Zac le observó como si hubiera dicho algo extraño, pero Luther se percató del ligero rubor que cubrieron las puntas de la oreja de su chico, anunciando que le gustaba lo que oía a pes

