En algún lugar secreto en la Tierra:
Lara entra al laboratorio con nerviosismo. Es su primer día de trabajo y no sabe qué esperar. El doctor Vega, que viste bata blanca de laboratorio, la recibe con una sonrisa y le indica que lo siga. Después, él le dice:
—Bienvenida, Lara. Estoy muy contento de que hayas aceptado nuestra oferta. Eres la candidata perfecta para nuestro proyecto. Formarás parte de una organización secreta creada para la lucha contra el mal. Yo soy uno de los miles que existen alrededor del mundo que trabajan en ésta organización —le dice el doctor Vega mientras caminan por un pasillo lleno de puertas blancas y cerradas.
—Gracias, doctor. Estoy muy ilusionada por participar. ¿De qué se trata exactamente el proyecto? —pregunta Lara con curiosidad.
—Te lo explicaré enseguida. Pero antes, déjame mostrarte algo —le responde y después abre una de las puertas.
Lara ve que afuera que hay asistentes en batas blancas, luego entra al laboratorio detrás de él y se queda boquiabierta al ver lo que hay dentro. Es una sala amplia y oscura, iluminada solo por una pantalla plana gigante de computadora en una de las paredes, una mesa con su teclado, CPU, su mouse y con un micrófono grande cerca de la pantalla. En el centro de la sala hay una silla metálica con cables y electrodos conectados a un casco.
—Este es el casco —dice el doctor Vega señalando el aparato—. Es el dispositivo más avanzado que existe en el campo de la neurociencia. Es capaz de intercambiar las mentes de dos personas.
—¿Intercambiar las mentes? —repite Lara de manera incrédula—. ¿Cómo es posible?
—Es posible gracias a un fenómeno cuántico llamado entrelazamiento que hace una transferencia de la información de tu cerebro al cerebro de la otra persona y también transfiere la información del cerebro de la otra persona a tu cerebro. El casco puede sintonizar con cualquier mente del universo, incluso de otros mundos en este u otros universos, aunque esas personas no estén conectadas a nada, o sea, a otros cascos como éste. El casco crea un puente entre las dos mentes y las hace intercambiar haciendo que tengan cuerpos y vidas diferentes. En resumen, tu mente se transfiere al cuerpo de la otra persona y la mente de la otra persona llega a tu cuerpo.
—¿Y para qué sirve eso? —pregunta ella con curiosidad.
—Para ayudar a las personas que están en problemas. Nuestra misión es encontrar a personas que necesiten ayuda y conectarlas con personas que puedan ayudarlas. Y tú eres una de esas personas.
—¿Yo? —pregunta muy sorprendida.
—Sí, tú. Eres una estudiante de psicología con un gran talento y una gran empatía. Tienes la capacidad de comprender y resolver los problemas de los demás. Además tienes muchos conocimientos en otras áreas de la ciencia, sabes artes marciales, defensa personal y usar todo tipo de armas. Por eso te hemos elegido para ser la conejillo de indias del experimento.
—¿El experimento? —pregunta muy sorprendida.
—Sí, el experimento. Queremos que te pongas el casco y te conectes con alguien que esté en problemas. Queremos que vivas su vida y trates de resolver sus problemas. Queremos que seas una heroína anónima.
—¿Y qué pasará con mi cuerpo? —pregunta muy preocupada.
—No te preocupes por tu vida. Mientras estés conectada, tu cuerpo estará en estado de hibernación, protegido y vigilado por nosotros. Hay brazos robóticos que mantendrán tu cuerpo ejercitado y atenderán otras necesidades. Serás alimentada vía intravenosa. Nadie notará tu ausencia ya que no tienes familia y nuestra organización secreta te adoptó, te cuidó y te educó para que un día tuvieras la posibilidad de trabajar para nosotros. Cuando vuelvas de tu misión, todo seguirá igual que antes como si no hubiera pasado nada, excepto que la vida de las otras personas a la que salves o ayudes serán mejores.
—¿Y cuánto tiempo estaré conectada?
—Depende del caso. Puede ser desde unos minutos hasta unas horas. Pero nunca más de un día. Eso sería un problema. La decoherencia cuántica podría eliminar el entrelazamiento cuántico y, en ése caso, podrías quedar atrapada en el cuerpo de ésa persona. Y una vez que se pierde el entrelazamiento, hallarte podría tardar desde miles hasta millones de años. Quedarás atrapada en un cuerpo ajeno hasta el día de tu muerte.
—¡Qué miedo! —dice asustada—. ¿Y si no quiero hacerlo?
—Puedes negarte, por supuesto. No te obligamos a nada. Pero piensa en lo que puedes hacer por esas personas. Piensa en lo que puedes aprender de ellas. Piensa en lo que puedes aportar al mundo. Además, tu vida será menos aburrida gracias a las aventuras que podrías llegar a tener.
Lara se queda pensativa con la mano en la barbilla y mirando hacia arriba. La propuesta le parece tentadora pero también aterradora. No sabe si estaba preparada para vivir otras vidas y enfrentarse a otros problemas. No sabe si quiere arriesgarse a perder su identidad y su memoria.
—¿Qué dices, Lara? ¿Te atreves a probar el casco? —le insiste el doctor.
Ella mira al casco con indecisión. Luego voltea a ver al doctor con determinación y le dice:
—Está bien —dijo finalmente—. Lo haré.
El doctor Vega sonríe satisfecho y la conduce hacia la silla.
—Muy bien, Lara. Te felicito por tu valentía. Ahora, siéntate y ponte el casco. Voy a buscar en la computadora a alguien con quien conectarte para cambiar tu mente con la de esa persona. Será el comienzo de una aventura para ti.
En la pantalla de la computadora se puede ver, en primera persona, a alguien que está en problemas. De alguna manera, la computadora puede ver con los ojos de esa persona.
Lara se sienta y se pone el casco. Siente un leve cosquilleo en la cabeza y luego una sensación de vértigo. Ella cierra los ojos y espera con paciencia.
El doctor Vega pulsa un botón que está en la mesa y observa la pantalla grande de la computadora.
—Ya está —dice Vega—. Te he conectado con alguien que está en problemas. Su nombre es Ana y vive en un mundo llamado Ziria. Es una mujer que ha sido perseguida por dos criminales y creo que quieren secuestrarla. Tu misión es ayudarla a escapar y llevar ante la justicia a sus perseguidores. No te preocupes por el idioma, escucharás en español las palabras tuyas y de las otras personas aunque realmente ustedes estén hablando en otro idioma.
Lara no escucha nada más. Su mente se ha ido a otro lugar. A otro cuerpo. A otra vida. Al llegar, estuvo a punto de caerse ya que el cuerpo de Ana estuvo por milésimas de segundos sin mente, pero recuperó rápidamente el equilibrio al llegar la mente de Lara al cuerpo de Ana.
Abre los ojos y se ve en un espejo. No se reconoce. Mira el rostro de Ana, pero sabe que ella es Lara. Observa que está dentro del cuarto en una casa desconocida para ella.
Mientras tanto, la mente de Ana yacía en el cuerpo de Lara y estaba profundamente dormida.
De repente, una mujer adulta abre la puerta del cuarto y estando entrecerrada la puerta, le dice a Lara mientras ella se mira al espejo:
—Ana, hija, apresúrate a vestirte. Se está haciendo tarde y tenemos que llegar temprano a la boda de tu amigo.
Lara la queda viendo asustada y nerviosa. Entonces le dice:
—Sí madre, ya voy.
—¿Te sucede algo hija? Te noto asustada y temblorosa.
—No, no es nada. Sólo es que ir a bodas me pone algo nerviosa.
—Entiendo. Apresúrate pues.
—Sí, madre.
Ella dice en su mente:
«¡Qué raro se siente hablarle con confianza a una persona que para mí es desconocida! Bueno, buscaré qué ropa ponerme».
Ella busca en el ropero y ve un esmoking. Se lo pone y sale del cuarto. Voltea a ver a todos lados y como no conoce la casa, se pierde en ella. La casa también es enorme. La hermana ve que ella va en dirección al patio y ésta le dice:
—Hermana, te miro pérdida. ¿estás buscando algo?
—No, nada. Sólo paseaba por la casa para hacer ejercicio físico.
—Es la primera vez que te veo hacer ejercicio caminando por la casa. Siempre vas al gimnasio. ¿Te encuentras bien? Te noto nerviosa.
—Sí. Seguiré haciendo ejercicios. Hasta luego.
La hermana queda viendo cómo se va extrañada por su comportamiento. De repente, Lara se topa, en un pasillo, con la madre de Ana y le dice:
—¡Vámonos! ¿Qué estás esperando?
—Vámonos pues madre —y se va caminando en dirección a la cocina.
—Es por el otro lado. ¿Segura que te encuentras bien? La verdad me tienes preocupada.
—Sí, estoy bien. Es porque las bodas me ponen nerviosas —y empieza a caminar en dirección hacia afuera. La madre se queda pensativa.
Están en la calle y Lara observa que hay rieles en medio de la calle. De lejos, ve un tren de levitación magnética que se acerca. El tren llega y se detiene. Una voz robótica les dice:
—Por favor, acerquen sus teléfonos a la puerta.
Lara se empieza a tocar los bolsillos del pantalón y no siente que tiene el teléfono. La madre lo ve y le dice:
—No me digas que se te olvidó traer el teléfono. Cuando volvamos, quiero que me cuentes todo para saber qué es lo que te pasa.
La madre paga el boleto de ella y su hija. Ambas entran al tren magnético y toman asiento. Dos personas se sientan detrás de ellas. De repente, Lara escucha una voz en su mente que le dice:
«Lara, soy yo, el doctor Vega».
—¿Doctor Vega? —Dice en voz alta.
La madre la queda viendo y dice en su mente:
«Tendré que pagarle a un psiquiatra para que examine a mi hija. Está teniendo un comportamiento muy raro. Quizá está enloqueciendo».
El doctor Vega le dice en su mente:
«No es necesario que hables en voz alta. Nos podemos comunicar telepaticamente con un casco especial que tengo. Mira, tengo una computadora que se conecta a la mente de otras personas y me permite ver lo que está viendo cualquier persona que tú tengas cerca. Lo que veo es que el hombre que está detrás de ti, tiene un arma en el bolsillo de la chaqueta y esa arma dispara balas por medio de la aceleración electromagnética y tiene un silenciador el arma. Creo que él y la persona que está a su lado, son las personas que te van a intentar secuestrar cuando salgas del tren. Cuando yo te diga, le darás una patada a la persona que tengas detrás y a la que la acompaña. Ésa otra persona no está armada. ¿Entendido?».
«Sí, entendido» —le responde por medio de su mente.
Llegan a una parada y la madre se levanta. Al ver que ella se levanta, Lara también se pone de pie. Ellas salen afuera y las 2 personas que estaban sentadas detrás de ellas, las siguen. Vega le habla en su mente:
«¡Ahora!».
Lara inclina la parte superior de su cuerpo hacia adelante y levanta el pie hacia atrás. La madre queda viendo lo que hace. El pie golpea el bolsillo del sujeto y el arma sale volando hasta arriba del tren magnético.
—Mi… Mi… ¡Mi teléfono! —dice el sujeto.
—¿Qué estás haciendo? —le pregunta su "madre" impresionada y preocupada por lo que hizo.
El doctor Vega le habla otra vez en su mente:
«¡Ahora huye! Hay un centro comercial más adelante dónde te puedes esconder».
Ella se pone nerviosa y le responde a su "madre":
—Lo siento, tengo que irme —y sale corriendo.
—¡Ana! ¡Espera! —le grita su madre.
Los hombres esperan a que el tren se vaya para que la vibración haga caer el arma. El tren empieza a marcharse y el arma empieza a caer del tren. Mientras tanto, Lara va en dirección a un centro comercial para esconderse. Uno de los hombres ve que el arma está cayendo, la agarra en el aire y la esconde de nuevo en el bolsillo de la chaqueta. Llega la madre de Ana y les dice:
—Disculpen a mi hija. Es que ha estado actuando raro desde antes de salir de la casa. No sé qué problema tenga.
Luego le dice el hombre armado:
—Bueno, yo soy licenciado en psicología y podría averiguar que le sucede. ¿Sabe a dónde se fue?
—Sí, la ví corriendo en dirección al centro comercial que está en la otra calle. Si la pueden ayudar, les estaré muy agradecida.
El hombre la agarra de los hombros y le dice:
—No se preocupe señora, nosotros nos encargaremos.
—Muchas gracias —y abraza al hombre—. Mi hija necesita ayuda. Confío en ustedes.
Los hombres van en dirección al centro comercial para intentar interceptarla.
Lara corre por las calles de la ciudad, con el corazón latiendo a mil por hora. Sabe que la siguen y que quizá no se rendirán hasta atraparla. No puede permitir que eso pase. Tiene que escapar, tiene que salvarse para cumplir la misión que le encargó el doctor Vega.
Mira a su alrededor, buscando el centro comercial para esconderse o para pedir ayuda. Ve un cartel que anunciaba la entrada a un centro comercial muy original, llamado "El Mundo Marino". Decide entrar porque allí es un lugar muy grande y porque ella cree que podrá perderse y despistar a sus perseguidores o encontrar a alguien que la proteja.
El centro comercial es enorme y está decorado con imágenes relacionadas con el mar. Había tiendas de todo tipo, restaurantes, cines, juegos y atracciones. Pero lo que más llama la atención es el acuario gigante que ocupaba el centro del edificio. Era una estructura de cristal que puede albergar miles de litros de agua y cientos de especies de peces y otros animales marinos. Lara se queda fascinada por un momento, admirando la belleza del acuario.
Pero no tiene tiempo para distracciones. Debe seguir corriendo, tiene que alejarse de sus enemigos. Mira hacia atrás y ve a los hombres que se acercan a ella con paso firme. Ella se da cuenta que uno de ellos lleva la pistola con silenciador en el bolsillo de la chaqueta, por lo que deduce que recuperó el arma.
Lara se pregunta en su mente:
«¿Qué quieren de Ana? El doctor Vega había dicho que posiblemente la querían secuestrar, pero ¿para qué? ¿Quiénes serán? Y ¿qué harán conmigo si me atrapan?».
Lara siente un escalofrío de terror y se da la vuelta. Corre hacia el otro extremo del centro comercial, buscando una salida o una ayuda. Pero no encuentra ninguna. Todas las puertas están cerradas y no miraba cerca a los guardias de seguridad. Nadie parece notar su angustia o su peligro, probablemente porque nunca había pasado algo malo en el centro comercial y porque todos están ocupados en sus compras o en sus diversiones.
Lara se siente atrapada y sin salida. Los hombres se acercan cada vez más, reduciendo la distancia entre ellos y ella. Lara mira a su alrededor, desesperada. Ve una señal que indica la entrada a la zona de mantenimiento del acuario. Sin pensarlo dos veces, se dirige hacia allí.
Entra en una puerta metálica y se cierra tras ella con un estruendo. Se encuentra en un pasillo oscuro y húmedo, lleno de tuberías y cables. Sigue avanzando por el pasillo hasta llegar a una sala donde hay una escalera que baja hasta el fondo del acuario.
Lara baja por la escalera con cuidado, tratando de no hacer ruido. Llega al fondo del acuario y queda sorprendida por lo que ve: el acuario está vacío, sin agua ni peces ni ningún otro animal marino. Solo hay unas cuantas algas y rocas artificiales que simulaban el fondo marino.
Lara dice en su mente:
«Debe estar en mantenimiento este acuario porque no tiene agua y no están los animales marinos».
De repente, ella escucha unos pasos en la escalera. Son los hombres que la persiguen. Han entrado en la zona de mantenimiento y han seguido su rastro hasta el acuario.
Lara se esconde detrás de una roca y espera a que bajen. Los ve aparecer en el fondo del acuario, con expresiones de sorpresa y confusión.
—¿Dónde está? —pregunta uno de ellos, el que lleva la pistola en el bolsillo de la chaqueta.
—No lo sé —respondió el otro—. Debe estar por aquí.
—Busquémosla —ordena el primero—. No podemos dejarla escapar.
Los hombres se separan y empiezan a buscar a Lara entre las rocas y las algas. Ella los observa desde su escondite, temblando de miedo.
¿Qué podía hacer? ¿Cómo podía salir de allí? ¿Cómo podía enfrentarse a ellos? Ella dice en su mente:
«Sé artes marciales, pero este cuerpo no está entrenado para el combate, por lo que no sé si pueda vencerlos. Además, uno de los hombres está armando. ¿Qué voy a hacer?».
De pronto, se le ocurre una idea. Ella ve una palanca en la pared que decía "Válvula de emergencia". Es la válvula que controla el flujo de agua del acuario. Si la acciona, el agua entrará a presión en el acuario, inundándolo todo.
Lara piensa:
«Es mi única oportunidad. Si logro abrir la válvula, quizás podría aprovechar la corriente de agua para arrastrar a los hombres lejos de ella y escapar por alguna salida».
Lara sale de su escondite y corre hacia la palanca. Los hombres la ven y van tras ella.
—¡Ahí está! —grita uno de ellos.
—¡Detenla! —ordenó el otro.
Lara llega a la palanca y tira de ella con todas sus fuerzas. La palanca se mueve con un chasquido y se oye un rugido sordo.
El agua empieza a entrar en el acuario por unas rejillas en las paredes. El nivel del agua sube rápidamente, cubriendo el suelo y las rocas.
Lara se sumerge en el agua y nada hacia la superficie. Los hombres hacen lo mismo, pero con más dificultad. El agua los arrastra hacia el centro del acuario, donde hay una gran abertura circular que comunica con el exterior.
Lara vio la abertura y se dirige hacia ella. Es su única salida. Tiene que llegar antes que los hombres.
Nada con todas sus fuerzas, esquivando los objetos que flotan en el agua. Los hombres también nadan hacia la abertura, pero están más lejos y son más lentos.
Lara llega a la abertura y sale por ella. Se encuentra en el exterior del centro comercial, donde hay una multitud de gente que mira con asombro el acuario.
Ella se pone de pie y busca un lugar donde esconderse o pedir ayuda. Ve un taxi con un robot conductor que está pasando por la calle y le hace señas.
El taxi se detiene y Lara se sube a él.
—¿A dónde va? —pregunta el robot conductor.
—Lejos de aquí. Muy lejos —le responde Lara.
El taxi arranca y se aleja del centro comercial. Ella mira por la ventanilla y ve, desde lejos, cómo el acuario se llena de agua y cómo los hombres salen por la abertura, empapados y furiosos.
Lara suspiró aliviada. Lo había logrado. Había escapado. El robot del taxi le dice:
—Señorita, necesito que me de una ubicación exacta para dejarla. También quiero que se deje escanear el rostro y su número pin porque los sensores no detectaron que tiene su celular para realizar el pago.
—Bueno, ¿conoces un lugar donde esté ocurriendo una boda?
De repente un auto choca contra el taxi mientras esperaba que la luz roja del semáforo pasará a verde y el taxi entra, quebrando una gran ventana de vidrio, a un restaurante que está vacío en ése momento. Se activan las bolsas de aire y Lara está aturdida por el choque. Ve que un hombre con una ametralladora sale del auto que chocó al taxi y ella se pone en el auto de manera horizontal y con las manos en la cabeza.
El hombre se acerca e introduce el arma por una parte quebrada de la ventanilla de la puerta. Él le dice:
—Ana, sal de ahí si no quieres salir herida —dice con calma.
Ella ve la ametralladora y, de repente, la agarra y abre la puerta a gran velocidad. El hombre es golpeado por la puerta y cae al suelo sin el arma. La mujer sale del auto con el arma y pisa al hombre apuntándole con la ametralladora que está en semiautomático.
—¿Quién eres tú? —Le pregunta Lara.
—No te lo puedo decir —le responde adolorido por la posada.
Lara ve que el hombre le quiere agarrar el arma y le dispara en el hombro.
—¡Ay! —grita el hombre del dolor.
—No te volveré a preguntar —y le apunta la ametralladora al otro hombro.
—¡De acuerdo, de acuerdo! —responde adolorido—. Alguien me contrató para secuestrarte.
—¿Quién?
—Tu amigo el que se está casando.
Ella le da una patada en la cara y el hombre queda desmayado. Sale corriendo del lugar y cojeando debido a los golpes del accidente. Llega a un lugar donde alquilan motos autónomas. Ve que se puede pagar escaneando su rostro y poniendo un número pin. Lara envía un mensaje al doctor Vega por medio de su mente:
«Doctor Vega, ¿conoce el número pin de Ana?».
«No, pero la mente de Ana está soñando y le puedo preguntar sobre cuál es el pin del banco. Ella responderá hablando porque le desactivaré la parálisis que ocurre en el sueño, pero sólo en la parte del habla. Espérame un momento».
Después, el doctor Vega consigue el número pin:
«Lara, es el número 1931» —responde Vega en la mente de Lara.
«Gracias doctor Vega».
Lara se escanea el rostro, pone su pin, se sube a la moto y la computadora de la moto le pregunta:
—¿A dónde quieres ir señorita Ana?
—¿Conoces algún lugar donde haya una boda cerca?
—Sí. He llevado a personas a una boda que se celebra arriba de una gran torre. Te puedo llevar ahí si quieres.
—De acuerdo, llévame ahí.
La moto la lleva en dirección a ésa torre. La torre se parece a la torre Eiffel, pero es más recta. Pasan por un lugar donde venden cámaras, micrófonos con su grabadora de vídeo con audio, que se camuflan en la ropa y que son usados para pruebas en juicios. Le dice a la moto:
—Detente un momento. Compraré unas cosas aquí y luego volveré.
Lara entra y nota que hay el método de pago que es de escanear el rostro y poner el pin. Compra un corbatín espía con cámara, micrófono y grabadora. Se quita el que tenía y se pone el que compró. Luego sube a la moto y se va. Llegan a la torre y hay un guardia de seguridad que está escaneando el rostro de las personas con un aparato. Se deja escanear y luego entra. El guardia se voltea y le pregunta a Lara:
—Señorita, veo que está algo mojada. Si quiere le presto el vestido y los tacones de mi esposa que iba a venir a esta boda, pero no pudo por asuntos personales. Siempre llevamos su ropa de repuesto por si, por alguna razón, nos ensuciamos en el camino. Ya nos pasó una vez.
Lara lo voltea a ver y le dice:
—De acuerdo. Muchas gracias.
—A su derecha hay una habitación de tocador y ahí hay un bolso con un vestido rojo.
Lara entra y luego sale vestida. Ella entra a la boda con un vestido rojo y unos tacones negros. Se ve elegante y atractiva, pero también nerviosa y alerta. Ella piensa:
«Mi objetivo es encontrar pruebas de que el novio de la boda, mandó a unos hombres a intentar secuestrarme».
Lara se mezcla entre los invitados y trata de pasar desapercibida. Observa al novio en el altar, esperando a su futura esposa, una joven y hermosa que parece modelo. Lara siente un escalofrío al ver su sonrisa falsa y sus ojos fríos. Sabe que es un hombre peligroso.
Ella aprovecha un momento de distracción y se dirige al cuarto donde estaba el novio antes de la boda. Está en el segundo piso de la torre donde se celebra el evento. Lara llega a la puerta y ve que está cerrada con llave. Busca en el bolsillo de la falda y mira que tiene una tarjeta de invitación. Con habilidad y rapidez, consigue abrir la cerradura al meter la fina tarjeta entre la puerta. Entra al cuarto y cierra la puerta tras de sí, pero queda entreabierta.
El cuarto está lleno de objetos personales del novio: su traje, su reloj, su celular, su laptop. Lara busca con la mirada algo que le pueda servir como prueba. Ve una carpeta sobre la mesa y se acerca a ella. La abre y ve varios documentos con nombres, cifras y firmas. Son contratos ilegales que el novio, el cual dicen los documentos que se llama "Alejandro", ha hecho con políticos y empresarios corruptos. Lara sonríe triunfante y graba con el corbatín espía para tomar videos.
Lo que no sabe ella es que Alejandro, el novio, ha notado su ausencia entre los invitados y ha subido al cuarto para ver qué está haciendo. Cuando llega a la puerta, la encuentra entreabierta. Sospecha que algo anda mal y entra con cautela.
Lara está tan concentrada en los documentos que no escucha los pasos de Alejandro hasta que es demasiado tarde. Cuando levanta la vista, lo ve parado frente a ella con una expresión de furia.
—¿Qué haces aquí? —le pregunta Alejandro con voz amenazante.
Lara se pone de pie y trata de mantener la calma.
—Este...Vine a felicitarte por tu boda —dice Lara notándose muy nerviosa.
—No me mientas —le responde Alejandro—. Sé quién eres y qué quieres. Eres esa periodista entrometida que ha estado husmeando en mis asuntos.
«¿Soy una periodista haciendo una investigación? Bueno, no conozco la vida de Ana, por lo que le seguiré la corriente». —dice en su mente.
—Así es —dice Lara—. Y tengo las pruebas de tus crímenes. Estás acabado, Alejandro.
Alejandro se ríe con desprecio.
—¿Pruebas? ¿Qué pruebas? ¿Estas hojas de papel? —responde Alejandro mientras toma la carpeta y la arroja al suelo—. No son más que basura. No tienen ningún valor legal.
—No necesito que sean legales. Con que sean públicas me basta. Y lo serán muy pronto. Tengo todo grabado en mi corbatín —dice ella mientras señala el pequeño dispositivo que lleva en el cuello—. ¡Ups! Se me escapó ese secreto —y se tapa la boca asustada.
Alejandro se da cuenta entonces de que el corbatín de Lara tiene una cámara y un micrófono ocultos. Se enfurece aún más y se abalanza sobre ella. Él le dice:
—¡Maldita sea! ¡Me las vas a pagar! —grita Alejandro mientras intenta arrancarle el corbatín.
Lara se defiende con fuerza y le da un golpe en el estómago. Alejandro retrocede un poco y luego le lanza un puñetazo en la cara. Lara lo esquiva y le da una patada en la rodilla.
—¡Ay! —grita Alejandro.
Él cae al suelo y aprovecha para sacar una pistola que lleva escondida en el tobillo. Apunta a Lara y le dice:
—Adiós, Lara. Ha sido un placer conocerte.
Lara reacciona rápido y le da una patada en la mano. La pistola sale volando y cae cerca de la puerta. Lara corre hacia ella y la toma. Apunta a Alejandro y le dice:
—Ahora sí, adiós, Alejandro. Ha sido un placer acabar contigo.
Lara sale del cuarto con la pistola en una mano y con su corbatín bien puesto. Baja las escaleras y se abre paso entre los invitados. Llega a la salida y llama a un taxi. Se sube al vehículo y le dice al robot conductor:
—A la estación de policía, por favor. Y rápido.
Lara mira por la ventana y ve cómo se aleja de la torre. Siente una mezcla de alivio y satisfacción. Ha logrado escapar con las pruebas y ha dejado a Alejandro en evidencia. Pronto, todo el mundo sabrá la verdad sobre él y su red de corrupción.
Lara sonríe y se ajusta el corbatín. Ha sido una boda inolvidable. Llega a la estación policial y presenta las pruebas. El jefe de la policía, después de escuchar su declaración y de ver las pruebas, le dice:
—El gobierno le dará una casa en un lugar donde nadie conoce para evitar que alguien le haga daño. Ahí vivirán usted y su familia.
—Me parece muy bien. Gracias.
Lara regresa a la casa de Ana y le cuenta todo a la madre de Ana. Ése mismo día se trasladan de casa y ya se hace de noche. Ella está acostada en su nuevo cuarto.
¿Qué pasará con Lara? Descúbrelo en el siguiente capítulo.