La noche avanza, y el ambiente se carga de una tensión s****l palpable. El camarero retira los platos, y mientras nos servimos el último sorbo de nuestras bebidas, decido abordar el siguiente paso. —Es tarde, Alexandra. ¿Te gustaría que te acompañe al hotel? —Obvio si va a querer. Ella sonríe, como si hubiera estado esperando esa pregunta. —Lo sabía. —Sería encantador, Theo. ¿Me llevarás personalmente? — Pregunto con un tomo seductor. —Por supuesto. —Pago la cuenta y nos levantamos de la mesa. La acompaño hacia la puerta, donde mi auto espera. El trayecto en el coche transcurre en silencio, solo interrumpido por la suave música que emana de la radio. Mi mirada se desliza hacia Alexandra de vez en cuando, observando sus reacciones, esta ansiosa y excitada, aprieta sus muslos a cada ra

