Ya no te amo

1188 Words
NORA Por fin se digna a aparecer Valeria. —¡Ya era hora! —le dije mientras dejaba el jarrón cerca del sillón. —¿Qué carajos haces con eso? —me preguntó mirándome raro. —Nunca se sabe cuándo una se tiene que defender. —Ay, no me digas. ¿Quién va a venir a matarte en plena tarde como si esto fuera una serie de Netflix? —Mira la última de asesinatos seriales y después hablamos —le dije, señalando el televisor con la cabeza. —Eso es cine, Nora. La vida no es tan peliculera. —¿Y tu no deberías estar en la oficina? —Claro. Pero fingí un dolor de cabeza, le puse cara de muerta a Nazareth y me largué. Quiero saber todo lo que pasó anoche. —¿En serio te escapaste del trabajo solo para escucharme? Ojalá yo tuviera tu suerte. —¿Suerte en qué sentido? —En todos. En lo laboral y en lo sentimental. —¿No estabas saliendo con alguien? —Eso creía… pero ya ni sé. —¿Tan bueno era el tipo? —No te haces una idea. Me reconfiguró el cerebro. —¿Así de fuerte? —¿Puedes creer que con Bryan ni siquiera puedo agarrarle la v3rga? —¿En serio? Aunque conociéndolo... no me sorprende. —Y este tipo me dejó hacer de todo. —¿De todo? —Todo. Lo manoseé, lo lamí, me lo metí hasta la garganta. Parecía una escena de esas porn0s que dices "no, eso no pasa", pero sí, me lo hizo real. Con Bryan era una odisea hasta verle el p**o. Este otro era puro goce. —¿Cómo se llama? —Ni idea. Justamente eso fue lo que lo hizo más caliente. —Ay... —Me voló la cabeza. Pero bueno, ¿quieres algo para tomar? Fui directo a la refri mientras ella se dejaba caer en el sofá. —Una Coca Light está bien —me gritó. —¿Nada más? —Solo la gaseosa, tranquila. Volví con dos latas y un chocolate que me guardé para mí. Se lo pasé. —Toma. —Gracias. Ahora sí, cuéntame cómo fue la noche. —Lo conocí en el bar. Charlamos un rato, y de la nada terminé subiendo con él a su cuarto. No era mi idea dormir ahí, pero después del primer polvo me quedé frita. —¿Te la comió? —¡Claro! —dije casi suspirando, porque solo de acordarme me calentaba de nuevo—. Me metió la lengua. Me cogió con la boca, sin pausa, como si hubiera nacido para chupar v4gina. Casi me vengo de una cuando me la succionó fuerte... Me callé en seco porque escuché ruido en la puerta. Solté el chocolate y estiré la mano hacia el jarrón, por si acaso. Pero no, era Sofía. —Si esto es lo que provoca ver una serie de asesinatos, creo que voy a pasar —comentó Valeria con una sonrisa socarrona. —Buenas —saludó Sofía apenas cruzó el umbral. —Buenas noches —le respondimos al unísono. —Espero que no te hayas olvidado de darle de comer a Nala. —Claro que le di. ¿Por qué pensarías que no lo haría? —Porque tu eres tu. Valeria se rió bajito y dijo: —Tiene nombre raro esa perra que tienen... —Gracias por tu aporte —dijo Sofía con el tono ácido que usa cuando está por explotar, mientras yo le clavaba la mirada a Valeria. Pocas veces hablábamos de “Nala” con otras personas. Esa perra vivía más en su jaula que fuera, y la única que lo sacaba a pasear era Sofía. Ni ganas me daban. —Tu hermana es rarísima —me sopló Valeria cerca del oído. —Te escuché —saltó Sofía desde la cocina, toda orgullosa. —Pues no deberías haberlo hecho —le contestó Valeria. —Entonces deja de decir estupideces en mi casa. Le puse “Nala” porque me gusta como suena y punto, es mi problema —dijo Sofía, cortante como siempre. —Aaah, ya entiendo —dijo Valeria con ese tonito sarcástico. —Ya estuvo —le dije a Valeria con la boca chueca y apreté play para seguir la película que había dejado pausada cuando ella llegó. —¿O sea que ya cerramos la pelea? —me dijo con voz de drama. —Si quieren seguir con la discusión, adelante. Yo me voy a mi cuarto —dijo Sofía, sin vueltas. —La próxima vez —le advertí a Valeria en voz bajita,. Al final nos quedamos viendo la pelicula hasta el final. Cuando terminó, la acompañé hasta su coche. —Tienes que intentarlo de nuevo —me dijo en plan consejo. —Si aparece uno como el último, puede ser —le respondí. —Vale. Háblame cuando llegues —le dije. —Va. Pero ¿y si hay un loco esperándome en la esquina? —se quejó, y antes de que le pudiera responder, ya había arrancado el auto y se había ido. Pasaron dos días volando. El jueves a la mañana me despertó una notificación en el celular. Era un correo que ya me sabía de memoria. “Estimada señorita Delgado: Lamentamos informarle que bla, bla, bla...” Me dejé caer frente a la tele con un tazón de helado de chocolate gigante y empecé a hablar sola, como loca. —Resumamos: estás sin trabajo, Nora —dije con la boca llena. —Y no lo vas a conseguir acá. Esta ciudad no es para ti. No tienes con qué competir. Ni trabajo, ni novio, ni familia. Solo está Sofía. El celular empezó a sonar. Ni miré quién era. Lo rechacé. Volví al bajón. —Nunca fuiste buena en nada, Nora. No sirves para un carajo. Eres un peso muerto para Sofía... Sonó de nuevo. Miré la pantalla. “Amor”. Bryan. Mentalmente me anoté que ya era hora de cambiarle el nombre otra vez. Atendí al cuarto timbrazo. —Hola —dije, lo más neutral posible. —Hola. —¿Todo bien? —Sí, ¿tu? —Ahí, mas o menos. —Estoy en la oficina, así que voy al grano: ¿nos vemos hoy a la noche? Si no estás muy ocupada... —Hoy no puedo. —Hace días que no te veo... —Ya lo sé, pero esta noche tengo otras cosas. —Eso mismo dijiste ayer. —¡Porque estaba ocupada! —No estoy diciendo que mientas, solo quiero entender qué pasa. Estás diferente, Nora. No sé qué hice mal. —No es contigo, Bryan. Es conmigo. Tu y Valeria consiguieron trabajo al instante después de graduarnos. ¿Y yo? Nada. Estoy de adorno. Sin ingresos, sin motivación... Hubo un silencio largo. —Nora, te entiendo. Y sabes que puedes contar conmigo. Estoy para ti, aunque estés mal. ¿Nos vemos esta noche y lo hablamos? —Bueno, a la misma hora de siempre. —Vale. Te amo. —Hasta luego —le dije, cortando sin devolverle el “te amo”.
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