PARTE SEGUNDA-31

2170 Words

—Sí—replicó Fortunata que atendía con toda su alma—. ¡Los que se pusieron en el altar el día de Pentecostés! —Los mismos. Pues los regaló Jacinta. Y el manto de la Virgen, el manto de brocado con ramos... ¡qué mono!, también es donativo suyo, en acción de gracias por haberse puesto bueno su marido. Fortunata lanzó una exclamación de pasmo y maravilla. ¡Cosa más rara! ¡Y ella había tenido en su mano, días antes, para limpiarle unas gotas de cera, aquel mismo manto que había servido para pagar, digámoslo así, la salvación del chico de Santa Cruz! Y no obstante, todo era muy natural, sólo que a ella se le revolvían los pensamientos y le daba qué pensar, no el hecho en sí, sino la casualidad, eso es, la casualidad, el haber tenido en su mano objetos relacionados, por medio de una curva socia

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