Repartidas las limosnas, fue al 17, donde ya estaba Guillermina, impaciente por su tardanza. Izquierdo y el Pituso estaban también; el primero fingiéndose muy apenado de la separación del chico. Ya la fundadora había entregado el triste estipendio. «Vaya, abreviemos» dijo esta cogiendo al muchacho que estaba como asustado. —¿Quieres venirte conmigo? — Mela pa ti... —replicó el Pituso con brío, y se echó a reír, alabando su propia gracia. Las tres mujeres se rieron mucho también de aquella salida tan fina, e Izquierdo, rascándose la noble frente, dijo así: «La señorita... a cuenta que ahora le enseñará a no soltar exprisiones». —Buena falta le hace... En fin, vámonos. Juanín hizo alguna resistencia; pero al fin se dejó llevar, seducido con la promesa de que le iban a comprar un nacimi

