Capítulo 5: Alguien competente

3072 Words
Katherine siguió su camino buscando a Dante para que fuera él quien enviara sus disculpas a los empleados domésticos. Lo que menos quería era que todos la vieran golpeada y pensaran que Andrew lo había hecho. ―¡Dante!, ¡Dante! ―gritó en el interior de la mansión. El aclamado mayordomo  la escuchó y corrió de inmediato a la puerta de la cocina para salir de aquel lado y llegar lo más pronto posible a ella, o por lo menos antes de que Andrew la escuchara hablar. ―¿Qué es lo que se le ofrece señorita Katherine?, usted me ha llamado demasiado apresurada... ―paró de hablar con solo observar la mejilla morada de Kate. ―No te preocupes Dante, no ha pasado a mayores ―intentó sonreír, pero la mejilla hinchada se lo impedía. ―Por favor no dejes que me vean así y ve a ofrecer disculpas a los empleados por parte de Andrew y mía... ―Solo estoy dispuesto a ofrecer sus disculpas señorita, ellos se molestarán si miento de forma tan descarada al incluir al joven amo. Pero primero la ayudaré subiéndola a su habitación. Dante abrió la puerta de la cocina y la abrazó por los hombros para pegar la mejilla de Katherine contra su pecho, el plan iba de maravilla hasta que Andrew hizo acto de presencia detrás de ellos. ―Dante, ¿qué es lo que estás haciendo con mi mujer?, ¿a dónde se dirigen? ―interrogó estirando el cuello para ampliar su vista y poder distinguir a Katherine. ―No pasa nada, la señorita se siente un poco mal y quiere que la lleve a su habitación ―continuó caminando hacia su objetivo sin detenerse, a pesar de que su amo le fuera pisando los talones. ―Esto se puede prestar a un malentendido, yo me encargaré de mi mujer. Dante hizo caso omiso y siguió caminando sin detenerse. Ya faltaba muy poco para llegar hasta la habitación de la señorita Kate, sólo un par de habitaciones más y llegarían pronto. El mayordomo por fin llegó y prácticamente lanzó a Katherine al interior del cuarto. ―Quédese ahí dentro ―susurró rápidamente y cerró la puerta. Tenía que enfrentar ahora a Andrew con la esperanza de que una simple llamada de atención le bastara para sofocar su ira. ―¿Por qué no me has dejado verla?, es mi esposa Dante... ―Creí que usted había dicho que la odiaba por ser una niña, hay a quienes nos gustan las mujeres con rasgos de niña. ―¿Qué es lo que acabas de decir?, nosotros estamos casados; además de que ella es menor de edad y no te cree capaz de hacer algo con ella. A decir verdad ni yo te creo capaz ―Andrew estaba nervioso. Dante era alguien atractivo como para ser un mayordomo. Era aun más alto que Andrew y mucho más fuerte que él debido a un riguroso entrenamiento físico para poder cuidar de su joven amo. Pero a pesar de eso sólo era un mayordomo al que pocas mujeres veían y aun así no todas se fijaban en él, siempre se fijaban en la persona multimillonaria. Sin embargo había alguien que podía tratar con él, que lo comprendía y con quien se identificaba, pero esa persona era la peor persona en la que se pudiese fijar. ―¿Acaso no va a entrar a ver qué es lo que tiene su mujer?, si estuviera en su posición ya hubiese movido todos mis contactos para poner alguna solución a esto. ―Claro que la veré ―Andrew abrió la puerta de un golpe y se introdujo al oscuro lugar. A pesar de que contaban con luz eléctrica, Katherine no podía hacer a un lado esa costumbre de los pobres de encender velas porque no pueden darse el lujo de contar con una bombilla eléctrica. ―¿Qué te sucede Katherine? ―preguntó Andrew mientras su vista se acostumbraba a la oscuridad. ―No es nada señor, y le ruego que por favor me deje descansar ―pidió Kate sin separar el rostro de la almohada. ―Nada de eso. Levántate y mírame a la cara cuando te dirijas a mi ―con su mano bajo la barbilla de Katherine la subió y obligó a su mujer a levantar el rostro. Inevitablemente las marcas quedaron expuestas y la hinchazón sólo empeoraba el resultado. ―Antes de que te molestes déjame decirte que lo ha causado una mujer, pero no quiero que pierda su trabajo. Ella es alguien competente que podría desarrollar el papel de tu esposa mucho mejor que yo, además de que ella si es toda una mujer Katherine volvió a agachar la cabeza y esta vez Andrew se arrodilló justo frente a ella para examinar los golpes que le habían propinado a esa delicada joven. ―¿Quién lo ha hecho?, ¿quién se ha atrevido a poner su mano sobre tu delicado rostro? ―En primer lugar no soy delicada, y en segundo creo que lo tengo merecido, es como si ella tuviera una especie de comunicación especial contigo. Después de todo tú quisiste golpearme ¿no?, deberías estar feliz por que alguien estuvo dispuesto a ensuciarse  las manos por ti ―sonrió débilmente y se tiró contra su almohada ―No estoy feliz Katherine, mañana debemos ir a casa de mis padres porque quieren festejar nuestro matrimonio y no puedo presentarles a mi esposa con esa marca en el pómulo. ―¡Miénteles también!, ¡diles que odio asistir a eventos sociales y así nos evitaremos muchos problemas! ―estalló Kate a pesar de que el ardor ya la estaba poniendo irritada. Andrew no supo qué responder. Estaba impresionado por el golpe que tenía Kate, pero también lo estaba por la forma tan impetuosa en la que le respondía siempre. Él prefirió dar marcha atrás y dejar sola a Katherine. Sabía muy bien que si una mujer estaba furiosa sería mejor dejarla sola hasta que bajara a ofrecer disculpas, sin embargo Andrew daba por sentado que ella jamás se doblegaría para hacerlo. Los zapatos de Dante rechinaron cuando se detuvo al pie de las escaleras para advertir a Andrew la visita de su tío. ―Señor, hay familia suya esperando en la sala de reuniones por usted, dicen que quieren conocer a su mujer; sin embargo les he comunicado que ella seguía exhausta por la noche de bodas. Andrew se sonrojó levemente y terminó de descender. ―Gracias Dante, en un momento los atenderé. Mientras yo voy para allá, tú has que una de las sirvientas se encargue de Katherine y aléjate completamente de ella ―Dante sonrió y subió lentamente la escalera. Evidentemente Dante no estaba interesado en ella, sin embargo debía presionar a su amo para que se diera cuenta de la clase de mujer que había seleccionado para cumplir con lo requisitos para ser el futuro gerente de la compañía de su abuelo. ―Señorita Katherine, su esposo me ha mandado a avisarle que no salga de su habitación porque tenemos visitas. Uno de sus primos ha venido a hacer un estudio y verificar qué tan competente puede ser Andrew dentro de la empresa, ya que hay demasiados candidatos para su presidencia ―explicó Dante. ―Muchas gracias, prometí que no saldré de mi habitación...¿ya ha mandado mis disculpas? ―interrogó aprovechando la presencia del mayordomo. ―Por supuesto, ellos también lamentan que por su culpa haya discutido con nuestro señor. Le piden por favor que ya no tenga esa clase de detalles con ellos porque podrían perjudicarle, ¿se le ofrece algo más? ―No, muchas gracias por todo. La joven señorita se cubrió de pies a cabeza con su cobija y cerró los ojos en espera de escuchar el "clic" indicador de que la puerta por fin había sido cerrada. Una vez sola, Kate comenzó a ordenar la habitación para que quedara limpia en cuanto ella se fuera, no estaba preparada para recibir tan mal trato de parte de unas personas que se creen con mucha educación. Sí, ella no merecía ese trato y por eso era mejor estar preparada para escapar que para recibir más golpes. ―Señorita, ¿me permite pasar? ―habló una de las sirvientas. ―Adelante ―Kate tuvo que levantarse para abrirle la puerta. ―De verdad lo siento mucho, esa criada que se atrevió a tocarla será despedida lo más pronto posible ―comenzó a disculparse mientras se hincaba a los pies de Katherine. ―No...no, ella ha hecho lo que ha querido y eso es bueno, por lo menos ha gozado de un poco de libertad después de tanta presión de Andrew ―la excusó Kate. La criada sabía quien era la que estaba en contra de Kate, ella siempre estuvo reacia al hecho de que Andrew algún día podría casarse, sin embargo jamás se imaginó que sería tan pronto y eso fue lo que la orilló a comportarse de esa forma. ―Como usted diga señorita, sin embargo debe cuidarse de ella o me veré obligada a delatarla con el joven amo ―advirtió la sirvienta. ―No te preocupes, ya tomaré medidas suficientes para evitarlo. Por el momento agradezco tus disculpas aunque no hayas sido la culpable de todo este problema. En sí el problema no era ella, era la sirvienta que se creía la esposa de Andrew; sin embargo no la iba a correr de su trabajo porque sabía lo complicado que era encontrar otro y lo desesperante que resulta cuando tienes demasiadas necesidades. Kate se quedo ordenando la habitación hasta que escuchó el rechinar de la puerta del despacho, lo que indicaba que por fin podría salir de la habitación para hacer algo de limpieza en la casa. Calzó unos zapatos negros y bajos, se puso su delantal y bajó a fregar más trastes. Tal vez pareciera que le quería ahorrar el trabajo a Norma, sin embargo lo hacía porque ahora esa casa también era suya y por lo tanto debía mantenerla en orden. Estaba exprimiendo un trozo de tela con el que estaba limpiando el suelo cuando unas fuertes manos la tomaron por la cintura para enderezarla. ―Que bella sirvienta, creo que me harás venir más seguido ¿no es así?, espero que la esposa de mi primo sea tan bella como tú ―resopló el extraño en el oído de Kate mientras estrujaba su pequeño cuerpo contra sus fuertes pectorales. ―Yo...no soy una sirvienta, pero me alegra conocer a la familia de mi esposo ―murmuró Katherine y se alejó unos pasos de él. ―¿Eres su mujer?, ¿cómo te llamas? ―Sí, soy su esposa y me llamo Katherine Scanlan. Y le ruego que por favor no trate así a la servidumbre de esta casa y mucho menos a mí. ―Pero cómo iba a saber que eras su mujer si justo ahora estabas limpiando el suelo, para eso está hecha la servidumbre cariño ―comentó el primo de Andrew. ―No vuelvas a llamarme cariño, y para tu información soy la responsable de la casa y por lo tanto las labores de esta casa me competen por completo... ―¿A pesar de que tienen quien lo haga? ―Sí, mi obligación como esposa es mantener esta casa limpia y hacer la comida. ―Ese es pensamiento de pobres ―se mofó el primo y Katherine se quedó sorprendida. Andrew le había ordenado no bajar hasta que le dijeran que era pertinente hacerlo, y ahora ella estaba conversando con un familiar cercano que había descubierto que ella era originaria de la zona de los pobres. ―Claro que no, es...en regiones donde viven los extranjeros, ahí las mujeres de la casa son las que se encargan de cocinar y hacer todas esas labores que generalmente realiza la servidumbre. Aun con esa gran mentira, tenía la esperanza de que el primo de Andrew no hubiese visitado jamás esas regiones, y que en caso de que ya supiera lo que se hace ahí, entonces fuera verdad su excusa. ―Tienes razón, los franceses y daneses suelen hacer ese tipo de cosas, ¿entonces de dónde vienes? ―Amm...yo... ―¿Qué estás haciendo Katherine?, ¿descansaste lo suficiente después de todo el ajetreo de anoche? ―la cara de angustia fue lo que alertó a Kate. ―Claro, justo en este momento estaba charlando con tu primo, los dejaré a solas un momento porque tengo cosas que arreglar en la cocina ―dio la media vuelta y corrió de regreso a la cocina para escapar del inquisidor del primo de Andrew. ―Cuídate ―se despidió Diederik y Andrew lo golpeó en el hombro para detener sus palabras. ―Primo, ella es mi mujer, por lo tanto no quiero verte nuevamente intentando seducirla o realmente te arrepentirás de ello ―amenazó Andrew. ―¿De qué país ha venido ella?, por lo visto conoce muy bien el área de los extranjeros. ―Su padre trabajaba en una constructora que se contrató para crear un edificio de la empresa Scanlan, así nos conocimos ―se limitó a responder mientras trataba de llevar a su primo hacia la salida. ―Es demasiado joven para alguien como tú, ¿cuántos años tiene? ―Es de mala educación preguntar la edad de una dama, te pido que te retires porque debo ir a la compañía para arreglar asuntos en la presidencia. ―No te sobre esfuerces, todos quieren darle su voto a tu padre, él es mucho más competente y conoce mejor a la empresa ―murmuró Diederik y salió justo por donde entro, no sin antes coquetear con una de las señoritas de la limpieza. ―Diederik, ¿cómo has sabido eso? ―El ser el nieto favorito tiene sus ventajas ―esta vez cruzó los jardines de la mansión y subió al carruaje de su familia. Había cumplido su misión, si Andrew corría a la empresa a discutir con la familia seguramente todos desaprobarían su falta de auto confianza y entonces disminuiría su puntaje para ser el presidente de la corporación tecnológica de su abuelo. Andrew se introdujo a la casa maldiciendo el momento en el que decidió abrir la puerta para dejar pasar a sus familiares, además de el hecho de que Katherine se encontrara con su primo y despertara sospechas en él. ―Joven amo, la señorita Katherine nos ha pedido que lo dirijamos al comedor familiar, por favor venga con nosotras ―las sirvientas comenzaron a caminar y el sonido de sus zapatos al contacto con el suelo era el único sonido que rompía el silencio. ―¿Se puede saber por qué mi mujer me quiere ver? ―interrogó Andrew. ―Nos ha pedido que mantengamos esto en secreto, por favor pase ―abrieron las puertas del comedor y Katherine lo recibió con uno de los uniformes de la servidumbre. ―Hola...se me ha ocurrido ser yo quien prepare los alimentos ―sonrió y forzosamente se acercó a él para besar su mejilla. Realmente se estaba esforzando por hacer el papel de la ama de casa, sin embargo con una actitud como la de él era sumamente complicado, incluso actuar enfrente de su primo fue más fácil que hacerlo con Anderew. ―¿Cocinas? ―preguntó Andrew levantando una de sus cejas. ―Pues averígualo, prueba un poco de lo que he preparado ―volvió a poner esa falsa sonrisa y agachó la mirada para evitar el contacto visual con él. Andrew tomó asiento enfrente del plato que contenía un poco de caldo con verduras, otro tenía guisantes hervidos y el último una especie de postre. ―¿Preparaste comida para pobres?, ¿crees que voy a probar algo de esta comida? ―comenzó a murmurar mientras removía con asco los guisantes. ―No es comida para pobres, es algo saludable que me tomé la molestia de preparar para ti. ―Ni aunque la mismísima reina me preparara algo como esto lo comería ―retiró el plato y trató de levantarse de la silla, sin embargo Katherine presionó los hombros de Andrew para que se quedara en su lugar. ―Llevo toda una vida educando a mis hermanos como para que llegue alguien tan mimado como tú para hablar así de mi comida, si no la quieres no la tires, la llevaré al pueblo de los pobres porque ahí si lo apreciarán ―sentenció y comenzó a guardar la comida en sus respectivos recipientes. ―No voy a dejar que vuelvas a ese lugar ―alzó la voz Andrew para asustar a Kate, pero no lo logró. ―No le he pedido permiso señor, estoy diciendo que si no lo quiere comer lo regalaré. ―Y yo he dicho que no regresarás al lugar del que saliste, es una orden. ―Vaya a dictar sus ordenes a sus empleados o a los animales, porque incluso yo soy más terca que ellos como para seguirlas ―sentenció Katherine y puso la tapa sobre la cacerola que contenía la comida. ―Te acompañaré ―bufó Andrew en un acto desesperado de mantenerla bajo sus órdenes. ―Gracias ―musitó Katherine y continuó su camino hacia la cocina para guardar los alimentos en una canasta. Algo bueno había salido de todo esto, por fin podría regresar a su casa para ver si su madre ya se había retirado de ese sitio; además de que si ella no se encontraba ahí, entonces se pondría a investigar para dar con su madre y saber si ya estaba tratando su enfermedad. ―¿Ya estás lista? ―preguntó Andrew al ver que su mujer no salía de la cocina. ―Sí, sólo guardaré estos panes para que coman los guisantes ―introdujo el pan crujiente que ella misma había horneado y se desató el delantal. En ese momento se dio la vuelta y se encontró con la mirada atónita de Andrew. Ella llevaba un vestido más arriba de lo que acostumbraban las mujeres de sociedad, sin embargo el ver un poco más de sus piernas lo dejó anonadado. ―Bueno...sube al carruaje, yo...te guío, digo...te sigo, tú ve delante ―tragó saliva con dificultad mientras ella avanzaba corriendo hacia el carruaje. Ella era feliz, por primera vez Andrew la veía sonreír abierta y sinceramente. Sin darse cuenta estaba disfrutando del momento y eso la hacía ver como lo que era, una joven menor de edad. ―Muchas gracias señor, estoy eternamente en deuda con usted ―se dio la media vuelta para observarlo mientras ella caminaba hacia atrás y el vestido ondeaba a su lado. Kate dio unos pasos hacia delante y volvió a besar la mejilla de Andrew, pero esta vez lo hizo porque realmente quería hacerlo, estaba agradecida con él después de los pocos días de convivencia. ―Me equivoqué contigo Katherine ―murmuró Andrew una vez dentro del carruaje. ―No eres una niña y tampoco alguien incapaz de hacer bien las cosas. Kate no supo cómo reaccionar y solo pudo volver a sonreír. ―No, si supiera llevar bien las cosas jamás me hubiera vendido ―tragó con dificultad y volvió a agachar la mirada. ―Eso fue algo bueno, si no hubieses estado en la subasta seguramente ahora yo estaría buscando a alguien más. ―Pues la sirvienta parece ser alguien competente. Si nos fijamos a esa idea supongo que no hubiera sido necesario salir a buscar. ―¿Competente? ―Sí, ella es quien te ha estado esperando toda su vida y me odia porque he sido yo la elegida. ―No sabía nada de eso, sin embargo agradecería que me dijeras quién es para despedirla. No toleraré que te haga algo nuevamente, eso puedo jurarlo ―tomó la mano derecha de Kate entre las suyas y la besó con ternura. ―Llegamos señor ―advirtió el chofer y ayudo a ambos para que descendieran. Después de que cumplieran con su deber ahí  llevaría a Andrew a la empresa y así tendría tiempo para ir a ver a la hermana del señor Scanlan para darle las buenas nuevas.
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