Ya estoy en la hora de terminar mi turno de la tarde, voy al piso donde tengo que ver a mi último paciente especial.
—¡¡Hola!! Dominic.
—Hola, doctor Pierre, pensé que ya no vendría a verme.
—¿Y por qué pensaste eso?
El pequeño encogió sus hombros, haciendo un puchero en sus labios, que pareció muy tierno. Stefano sonrió y movió sus cabellos.
Su móvil sonó, vio en la pantalla el nombre de Emma, y contestó enseguida. Jamás imaginó que esa llamada cambiaría su vida.
—¿Emma?
—Stefano, tienes que venir al hospital del sur, Adelle, sufrió un accidente.
Stefano queda en shock.
"Esto es una jodida pesadilla"
Piensa, pasa sus manos por sus cabello a modo de frustración, sale de aquella habitación como si fuera perseguido por los demonios, llega al estacionamiento y sale como un rayo, a toda velocidad.
Manejó lo más rápido que pudo, se saltó varios semáforo en rojo, ya después arreglaría aquello de las multas, su prioridad era llegar al hospital lo más pronto para saber de la madre de su hijo, fueron los minutos más largos los que condujo, que 45 minutos después ya estaba bajando del carro y corriendo a emergencias preguntando por su mujer.
—¡¡Por favor!! ¿Me puede decir el estado de la paciente, que ingresó por accidente de tránsito?... Su nombre es Adele Fisher.
—Es usted familiar?
—Soy su prometido.
—Déjeme ver, mmm si, aún no sale de la sala de operaciones, pase por el pasillo y espera a que el doctor Serra le informe, cuándo salga.
—Gracias señorita.
Camina por los pasillos blancos que ya es muy familiar para él, cuando se encuentra con Emma, quien al verlo da un paso atrás muy nerviosa.
—¡¡Stefano!!
—Emma, que fue lo que sucedió?
—Perdóname Stefano.
—¿Qué? ¿Qué quieres que te perdone? Emma.
Stefano, daba por hecho que el comportamiento de Emma era por los nervios del accidente
—¡Perdoname! No la supe cuidar, yo... Yo...
Sus palabras fueron interrumpidas, cuando el doctor Serra salió, y Stefano, se levantó como una Zaeta a preguntar sobre ella y su bebé.
—Doctor. ¿Cómo está Adelle? ¿Cómo está mi hijo?
—La paciente está en recuperación, pero, con el bebé...
Hizo una pausa y miró a su colega, se acercó a él, puso su mano en el hombro.
—Lo siento, no pudimos hacer nada por él, fue un desprendimiento total de placenta, por el fuerte impacto que tuvo.
Stefano se llevó las manos a la cabeza... ¿Cómo era posible? que en la mañana le dieran la noticia de que sería padre, y por la noche que ya no lo era, esto era una jodida pesadilla.
—Doctor.¿Puedo verla?
—Por supuesto, deja que la pasen a una habitación, para que puedas estar con ella.
Emma No paraba de llorar, se sentía culpable, cargaría con eso en su conciencia por toda la vida, sí ella se sentía así de mal.
"Dios no puedo con esto, como se sentiría Adelle siendo ella la causante de esto." Eran sus pensamientos.
—Voy por un café, Stefano yo, no, no aguanto tanta angustia.
Salió de allí, como alma que lleva el diablo, no soportaba mirar a Stéfano, y ver el dolor, que le había causado.
Su novia...
—Doctor Pierre, puede pasar a ver a la paciente.
—Gracias.
Pasó por su lado, caminó por el pasillo que lo llevó a la habitación, tomó el pomo de la puerta lo giró muy despacio, y entró ahí estaba, llorando con el brazo vendado, a causa de la dislocación de la clavícula, y una pierna vendada, por la fisura del peroné.
—Amor!
—Shuuu, tranquila, todo está bien, yo estoy aquí contigo, lo superaremos juntos cariño.
Acarició su rostro, lo delineó con sus dedos, mientras ella cerraba los ojos.
—Perdóname!
Susurró, Stéfano le dió un beso en la frente, le dolía el corazón, verla así tan delicada, tenía los ojos llenos de lágrimas, pero no de arrepentimiento, si no por el dolor físico que sentía.
—Tranquila amor, fue un accidente.
Adelle Fischer, cerro los ojos dando a entender a Stéfano que estaba durmiendo, sonó su celular, salió a responder la llamada, y le pidió a Emma que pasara a quedarse con ella mientras el salía.
Emma, entró a la habitación, y la vio en las condiciones en la que estaba, la miró con rabia, claro que sentía coraje con su amiga, la había chantajeado para cometer un delito.
—¿Ya estás feliz?
Dijo Emma, al verla abrir los ojos.
—¡¡Emma. Casi me matas!! ¡¡Te pedí algo sencillo y mira cómo me dejaste!! voy a perder la oportunidad de realizar mi película.
Espetó Adelle, muy enojada, con Emma.
—Pues con algo tenías que pagar lo que hiciste.
¿Te das cuenta que mataste a tu hijo? Lo privaste de nacer, no tienes corazón. No te mereces a Stéfano, mataste a su hijo. Te causaste esto para engañarlo, Stéfano, no se merece que lo engañes de esta forma, eres una perra.
—¡Cállate Emma! Tú, no eres diferente a mí, tú, también engañas a Nicolás.
—Lo mío, es muy diferente, yo no maté a su hijo, yo bailo en ese club, donde no soy exclusiva de nadie, a diferencia de ti, que te vas con el que más te paga.
—¡Cállate! !Cállate Emma¡ Tú me ayudaste, y eso te hace igual que yo.
Dijo muy enfurecida, mientras discutían no se percataron de que Stéfano las escuchaba. Stéfano, se quedó de piedra con semejantes declaraciones, nunca jamás se imaginó que esa mujer fuera tan perversa, matar a su hijo por no aplazar su carrera profesional unos cuántos meses.
No creía lo que escuchaba, de esa mujer... ¿Será qué nunca llegó a conocerla? Claro que no conoció a esa mujer, ahí acostada era la verdadera, un monstruo sin corazón capaz de matar a su hijo y la que se presentó ante él, y estuvo con él, todo ese tiempo, era una máscara de bondad.
Salió de ahí, con el corazón roto en mil pedazos, y las ilusiones de ser padre echadas al olvido. Jamás volvería a creer en una mujer, jamás le entregaría su corazón a otra mujer. Con esos pensamientos, tomó su móvil, llamó a su asistente para cancelar todo compromiso, en el hospital, pondrá su reemplazo, total, trabajó en el sin que nadie supiera que era el dueño. Ordenó sacar las cosas de Adelle, de su departamento, cambiar cerraduras y prohibiendo el ingreso de ella, en sus propiedades, llegó al hangar privado de la familia, y sin darle una explicación... ¡¡Ja que va!! No sé la merecía, esa mujer no se merecía nada, se subió a su jet privado que lo llevaría de regreso a Roma, su tierra natal dónde lo esperaban sentimientos, y emociones que decidió no sentir jamas.

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