ACUERDO DE MATRIMONIO

1210 Words
Tomó a la bebé, hizo todo lo que le correspondía tomar medida, peso, evaluar su respiración y colocarla en la termocuna, llevó a la pequeña a la sala de recuperación y regresó para seguir a lado de Pierina, sumergida aún en sus sueños, ya solo toca esperar a que la pequeña Lugg, esté bien, para poder hacer lo que tenía planeado, salió de sala de recuperación dónde dejó a Pierina, salió con Fabrizio, para dar el resultado de la cirugía al señor D'Alessio. Quien al verlos se apresuró a ellos. — ¿Como está mi hija y mi nieta? — Todo salió bien tío, Pierina, está estable, y la pequeña, está en termocuna, asta que su pediatra le de el alta, Dijo el doctor Ferrari, Stefano puso su mano en el hombro de su padrino, diciendo. — Padrino, creo que llegó la hora de hablar. Dijo Stefano, llevando a Renato D'Alessio, a su consultorio entraron y le hizo una seña para que se sentara en la silla frente a él. — Bien, tú dirás hijo. — Bien padrino, yo estuve investigando, en Moscú, hay un centro neurológico, este instituto es muy avanzado en lo que respecta a pacientes como Pierina, déjame llevarla, para tener otra opinión con especialistas establecidos qué darán otro nivel de diagnóstico y tratamientos. Renato miró a Stefano fijamente a los ojos, escudriñando en ellos. Y por fin veía la oportunidad que tanto buscó. pues si propuesta ya estaba en mente. — Sé que tienes toda la buena intensión de ayudarme, Stefano, pero no cuento con alguien de confianza, como para delegar por años la cede de todos mis negocios. — Tío, yo sé por tus negocios no puedes salir de aquí por mucho tiempo, pero el caso de Pierina requiere de mucho tiempo allá, Yo me comprometo hacer todo lo que esté en mis manos, yo me haré cargo de ella, de ellas. — ¿De ellas? — Sí, ellas, por qué nó dejaré a la bebé, no la separaré de su madre mantendré ese vínculo, entre ellas. — Hijo, Pierina y Luggina, no son tu... No continuó hablando, pues fue interrumpido por sus palabra. — No!! No digas nada, tío, mi compromiso con ellas, lo adquirí desde antes de que ella Nazca y desde que Pieri, era mi pequeña traviesa. — No sé lo que le pasó a mi hija, y me duele verla ahí dormida con ese secreto y evadiendo está realidad que la espera. — Yo tampoco lo sé, tío, pero de lo que si estoy seguro, es que ella despertará. — ¿Estás consciente de que cuando eso pase, ya no será la misma? Ya no será la misma que bajó esas escaleras vestida de blanco feliz ilusionada creyendo en el amor, la mujer que está ahí dormida es una mujer con el alma y corazón roto en mil pedazos. — !Lo sé! Lo sé tío. — Pues bien, tienes mi permiso para llevarlas, pero. — Interrumpió sus palabras y lo miró por un momento. — ¿Pero qué? Tío, ¿Que pasa? — Interrogó Stefano viendo una mirada indescifrable de si padrino. — Para poder llevarla, y que hagas todo lo que tengas que hacer, sin tener que estar solicitando un permiso firmado para cada procedimiento, — ¿Sí? — Tienes que casarte con ella. —Suelta de una. — ¿Que!? — La sorpresa invadió a Stefano, no creía lo que le pedía su padrino. — Lo que escuchaste, te casarás con ella, para que pueda salir del país y así yo tener la tranquilidad de que está en manos de su esposo. Aquellas palabras dejaron Stéfano en shock, jamás se imaginó que su padrino, o tío le propusiera qué se casara con su pequeña Pierina, sintió una sensación extraña en su cuerpo, ¿casarse? Claro tenía que casarse amaba a su pequeña Lugg y esta era la oportunidad de ser el padre de ese pedacito de cielo, sería su hija por la Ley, no tuvo mucho que pensar, aceptaría sin pensarlo. — Claro tío, me caso con Pieri, y reconoceré a la pequeña como mi hija. — Bien hijo, nos vemos para firmar el acuerdo de matrimonio. Dicho esto, Renato D'Alessio, salió con una leve sonrisa en los labios, había cometido su propósito, casaría a su hija con el hombre que siempre quiso para ella, y es que él jamás obligaría a su hija a forjar una alianza comercial, ella sería libre de escojer, pero muy dentro de él deseaba que eligiera a su ahijado, hijo de su mejor amigo. Stefano, estaba como cada día, viendo a su hija, hablando con ella y es como si ella le entendiera lo que él le decía, sus ojitos brillaban, sus manitas temblaban y pataleaba, haciendo ese ruido característico de los bebés, y así pasaba horas, que se convirtieron en meces, ya eran tres meces asi, ya tenía firmado el acuerdo de matrimonio, ya la pequeña Luggina era su hija ante la Ley, estaba todo listo para partir rumbo a Moscú, el avión ambulancia, los esperaba, con todo un equipo de médicos y enfermeras, — Bien hijo, ya es hora, yo estaré viajando para saber cómo va todo, cuida de ellas, son mi vida y mi prolongación las que te llevas, — Tranquilo tío, las cuidaré con mi vida de ser necesario. Se dieron un apretón de mano y un fuerte abrazo, besó la frente de su hija, y a su nieta, la puso en brazos de su padre, — Mi pequeña Lugg, te vas con tus padres, él las cuidará. Hijo cuídala por favor.--- Pidió con el corazón estrujado, tenía que separarse de sus mujeres amada. Dicho esto salió de ahí, subió a su auto y salió rumbo a casa. Stefano con su hija en brazos, abordó el avión, que lo llevaría rumbo al lugar donde le trae malos recuerdos y dónde juró nunca jamás volver. Y ahora, casi 6 horas de vuelo estaban aterrizando en el aeropuerto de Krasnodar, dónde los esperaba la ambulancia para trasladar a Pierina al instituto de neurología. Envió a Zuria con la pequeña Lugg, al hotel más cerca del hospital, para poder estar pendiente de ella. Hizo y siguió todo los protocolos que demanda el traslado de pacientes, para el ingreso, y ya estaban en el proceso de realizar un sin número de exámenes radiológicos, para obtener resultados, así transcurrían los días que se convirtieron en meces, eran tres meces de ir y venir sin obtener una respuesta, total mente frustrante, verla dormir, caminó en su dirección tomó su mano, acariciando su mejilla. — Pieri, mí Pieri, despierta. Te necesito despierta para que veas a tu hija está hermosa, se parece a ti, cuando eras pequeña, mi pequeña traviesa. Diciendo esas palabras, sintió un leve apretón en sus manos, se quedó perplejo mirando sus manos juntas, no!! No era su imaginación, claro que no lo era, por qué se volvió a repetir. — Pieri, pequeña, si me escuchas aprieta mi mano. Y así fue, escuchaba, lo estaba escuchando, hasta que poco a poco, se fueron abriendo sus ojos y se vio en ellos aquellos ojos verde, que la miraban con curiosidad, aquel hombre que le sonreía. — Bienvenida al mundo querida, por fin has despertado.
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