La confesión que no planeé

519 Words
Después de días de vivir un verdadero infierno, ella me perdonó. Aun así, yo sabía que no lo tenía todo ganado. Natalia no nos dejaría en paz tan fácilmente. Para Mayra, como para mí, esto era nuevo: yo peleando de verdad por una mujer, y ella perdiendo la batalla contra sus propias convicciones. Esta vez no la dejaría ir. Esta vez, me aferraría a ella con todo lo que tenía. Cuando la tuve nuevamente entre mis brazos, me invadió el miedo. No sabía qué hacer para evitar que se fuera otra vez. Sentí que me moría durante esos días lejos de ella. No me importaba que mis amigos me dijeran que parecía un idiota. Me dolía imaginarla sola, que alguien más la viera y supiera que ya no estábamos juntos. Yo solo quería tenerla conmigo, cerca, como antes… o tal vez mejor que antes. Ella, por supuesto, quería explicaciones. Y estaba dispuesta a dárselas. Pero yo soy como soy… y no se cambia de la noche a la mañana. Así que mentí, omití, me hice la víctima. No fue premeditado del todo. Tal vez era una forma de protegerme, tal vez una costumbre. Sin embargo, empecé a hablar. Le conté sobre mi infancia, algo que nunca había compartido con nadie. Fue un alivio. Sentí por primera vez que podía mostrarme roto sin que eso causara rechazo. Cuando vi su reacción, supe que había vuelto a mi nido. También le hablé de Natalia. Nunca supe lidiar con ella. Nuestra relación siempre fue disfuncional, tóxica, violenta incluso. Yo apenas tenía catorce años cuando se metió conmigo. Ella era una mujer adulta, con casi treinta, hijos, experiencia. Yo era un pibe, perdido y vulnerable. Ella fue observadora, insistente, y yo fui su presa. Mayra sintió asco cuando le conté eso. No podía creer que alguien pudiera hacer algo así, y mucho menos que nadie lo hubiera frenado. Me di cuenta, una vez más, de que ella venía de un mundo distinto. Sí, también tenía familiares delincuentes y adictos, como los míos. Pero ella… ella no había sido parte de eso. Había sobrevivido sin volverse parte. Y ahí estaba, frente a mí, escuchándome como si de verdad importara lo que yo tuviera para decir. Le confesé también que había estado preso, que este idiota robó autopartes y pagó con cárcel. Pensé que se alejaría, que perdería ese brillo en los ojos. Pero no. Me miró. Preguntó. Escuchó. Mayra no juzgaba. Solo quería entender. Quizás buscaba una explicación para saber por qué hacía lo que hacía. O tal vez para entender cómo había llegado tan bajo. Yo mismo no lo sabía. Con ella empecé a replantearme cosas que antes no me importaban. Y eso me incomodaba. Me descolocaba. Me abría. Todo comenzó como una manipulación, como una jugada para recuperarla. Pero terminó siendo una catarsis real. Un desahogo necesario. Algo dentro mío se rompió… o tal vez algo se reconstruyó. En el fondo, sabía que Mayra jamás usaría esa información en mi contra. Ella no era como las otras mujeres que había conocido. Ella era diferente. Y eso me daba miedo. Pero también esperanza.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD