Mía. El pensamiento se niega a abandonarme. —Sal de aquí —gruñe Sasha, preparándose para la llegada de mi lobo. Da un paso atrás automático y cae en el arroyo. El agua fría la sorprende, y salta, sus ojos apartándose de mí y dándome la oportunidad de salir de mi escondite. —Solo estaré aquí un minuto. Siento haberte asustado. Te oí caer y quería asegurarme de que estabas bien. —Le ofrezco una sonrisa, manteniendo mis labios juntos para no asustarla al mostrar mis dientes. —Había un lobo. Se fue por allí. —Ella aprieta más su rama, pero no se apresura hacia mí en busca de la protección que debería sentir que necesita de mí. Mi mandíbula se contrae y levanto las manos. Su mirada se desliza por mi cuerpo, deteniéndose en mi pene. Su mirada persistente me enciende de deseo. Disfruta de lo

