David se tumbó en su cama y cogió algunos refrigerios de su mesa de noche “un día más” suspiró y poco a poco se quedó dormido. Al día siguiente se despertó como de costumbre un tanto frustrado y pensativo, si bien lo tenía todo no podía dejar de sentirse vacío, las últimas madrugadas se habían vuelto una cita para correr, se escapaba y trotaba con la brisa mañanera golpeándole la cara, le dio varias vueltas a la manzana y volvió en el momento justo para dormir por lo menos una hora más antes de ir a la universidad, poco después cobró vida el ciclo de tirar y recoger el despertador como el día anterior, esta vez se vistió casualmente con prendas que iluminaban su rostro y remarcaban sus ojos oscuros, desayunó en su cuarto y guardó algunas notas del libro de texto que habían pedido la clase anterior, bajó a toda prisa las escaleras y casi se choca con su padre, el hombre de mediana edad lo miró de arriba abajo sin decir una palabra
—Pa-padre —dijo el muchacho agitado.
—¿Qué tal tus estudios?
—Hasta ahora, bien.
—Sabes que si necesitas algo solo debes decírmelo.
—No es necesario.
—Aun así, no estaría demás donarle a tu institución...
—No te preocupes—lo interrumpió—, no es necesario que hagas nada, hasta ahora todo va bien, solo quiero terminar mi último ciclo en paz— explicó—, no hagas nada en serio.
—No iba a hacer nada, solo quería ayudar—rio—, pero veo que mi hijo se puede cuidar solo.
—Sí, después de todo debo cumplir con las expectativas de la familia, padre.
—Son demasiado altas, por ahora limítate a terminar tu carrera.
—Pero...
—Como dije limítate a eso solamente, puedes jugar a beber y leer libros en tu tiempo libre, pero no aspires a algo en la empresa.
—No dije que lo quisiera—refutó.
—Por si acaso —mencionó pensativo—, es mejor así.
—¿Por qué?
—No lo entenderías, sea lo que sea te estoy cuidando, ten eso siempre presente.
Tac, Tac, Tac, se escuchó el sonar de unos tacones acercándose, una mujer elegante entró al comedor y saludó a su marido con una sonrisa ladeada sin prestarle atención al chico, empezó a hablar de nuevos productos de belleza y de su hijo mayor, elogiándolo en extremo, David se sintió incómodo y se marchó, la costumbre de ser ignorado por su madre lo llenaba de rabia, el chófer lo notó y no hizo ningún comentario en el camino, él más que nadie sabía que su joven amo era una bomba de tiempo, en cuanto llegaron al destino el chico salió furioso del auto dándole un portazo ¿Para qué estudiar negocios si no podía tocar nada de la empresa? No podía aspirar a ningún puesto por más bajo que fuera, las palabras de su padre resonaban una y otra vez en su cabeza, era como si todos estuviesen de acuerdo en molestarlo, estaba harto, fue a la clase de mala gana y contó los minutos para salir, una chica se acercó con dulzura a su lugar y empezó a hablarle de forma familiar, aunque la conocía y se decía que tuvieron algo no la tomaba en serio, esa sonrisa angelical se parecía a la que le ofrecía la gente en los eventos de su familia a pesar de que no hacían más que criticarlo y compararlo con su hermano mayor, estaba rodeado de tanta gente pero se sentía solo y eso le dolía como el demonio ¿Acaso no podían dejar de compararlo? ¿por qué las expectativas eran tan altas si solo lo veían como el talón de Aquiles de familia?
Apretó su cabeza con sus manos y renegó al cielo un par de veces, el profesor terminó la clase antes de lo esperado y David salió casi corriendo del lugar, el chofer no dijo nada, fue hasta cinco minutos después cuando el muchacho abrió su boca
—Déjame en la biblioteca — pronunció por lo bajo—, no es necesario que me esperes.
—Cómo diga señor—aceptó el hombre
David entró en la biblioteca con confianza y saludó al tendero
—Llegaron libros nuevos —le dijo mostrándole un bulto lleno de libros
—Interesante, déjeme ayudarle —se ofreció
—¿Te pasó algo? —cuestionó el anciano sin mirarlo
—No, no es nada señor Anderson, no se preocupe
—Llevabas mucho sin venir, creí que te había sucedido algo—sonrió amablemente—, pero me alegra que estés bien y hayas vuelto.
—Al parecer a usted es el único que le importa—dijo bajito el chico un poco triste
—¿Cómo? —preguntó tocándose las orejas—, no pude escucharte
—Señor Anderson, siempre tan amable, no pude venir antes por mis estudios
—Ya lo veo, siempre te encierras en esta biblioteca, pero cuando sales tienes grandes responsabilidades, ser joven no es fácil, aún recuerdo cuando tenía tu edad, esos años fueron los más divertidos —Una gran sonrisa iluminó su arrugado rostro —, Aunque hubo errores, pero fueron años grandiosos.
David sonrió y tomó el bulto en sus brazos y comenzó a caminar hacia su lugar favorito, ver al señor Anderson tan animado lo contagió de alegría, tenía razón, dentro de la biblioteca solo era él, sin responsabilidades y sin nada, simplemente un chico normal, regó los libros y vio uno que le llamó la atención, trataba sobre libros que habían sido abandonados y mal catalogados, buscó en su celular y tal como decía en el libro estaban ocultos, ya no los vendían o habían sido quemados, sin embargo, en el mercado n***o estaban a un precio exuberante, recordó por primera vez la biblioteca de su casa, no estaba demás averiguar en ella.
Mientras tanto el chofer llegó a la mansión y se dirigió a la oficina de su jefe
—¿Dónde está ese chico? —Cuestionó en cuanto lo vio
—La biblioteca, señor —dijo el hombre haciendo una reverencia
—No entiendo porque no utiliza la nuestra, siempre se relaciona con esas personas de clase baja
—Quizá se siente más tranquilo así, señor —mencionó en voz baja
—¿Tranquilo? En esta casa no se le niega nada, sin embargo, se empeña en no hacer uso de nuestro poder en ninguno de los ámbitos de su vida, no cumple con mis expectativas, cuando llegó a esta casa pensé que sería como su hermano, pero no, solo me da preocupaciones, ese chico no puede seguir el legado de mi padre—negó con la cabeza —, ¿Qué crees que harán los de la asamblea de la empresa en cuanto se enteren?
—Lo tomaran muy mal, señor
—No solo lo tomaran mal, lo devoraran, por eso es mejor que no se enteré de nada, en cuanto termine su carrera será enviado al extranjero sin decir una palabra
—Pero señor
—Pero nada, es lo mejor, ya tuve suficiente con criarlo como mi hijo, no puedo preocuparme más con estupideces, dependerá de él solamente, hice suficiente, lo dejé hacer lo que quería, leer, estudiar, salir, todo como una persona normal, pero no está preparado para la carga de la familia
—¿Y si lo prepara?
—No hay tiempo Michael, mi padre está muriendo y en cuanto lo haga todo quedará a mi cargo, ya no quiero exponer más a mi familia, yo cargaré con todos los errores y secretos, por lo menos cumpliré la promesa que le hice a esa mujer cuando dejó a David en nuestra puerta.
—El joven amo es inteligente, si le explica… tal vez
—No hay tiempo, ¿Crees que ellos ya no saben la verdad? El dinero envenena los corazones y en esta no es distinto
—Pero…
—Lo hago por su bien, has estado cuidando de ese niño desde que llegó aquí, lo conoces más que nadie, su amabilidad es una debilidad para nuestra familia, aun así, es mi deber protegerlo, es el único que demuestra un rasgo de humanidad en este imperio de mentiras e hipocresía, se me acaba el tiempo y es la unica opción que queda.