Desde el punto de vista de Lucy
Mientras llamaba al restaurant, empecé a subir las escaleras, por más que no llevaríamos mucho tenía que por lo menos también preparar las tres mudas de ropa que le había recomendado a Amelia.
Cuando estaba por entrar a su habitación, el sonido de cosas siendo arrastrados en la habitación de su hermana le llamo la atención. “Oh no. Esa niña”
Furiosa se dirigió a la habitación de enfrente, y abrió la puerta sin tocar, y tal y como lo sospechaba, ahí estaba su hermana, con tres maletas, si tres. En vez de ser tres pares de ropas, eran tres maletas.
—Amelia… —grito. Pero se dio cuenta que lo había hecho muy fuerte. Entonces cerró la puerta.
—Ya no vamos, solo me falta guardar cosas en esta maleta, y ya nos iremos.
—Amelia… —dije demasiado furiosa.
—Te dije, tres pares de ropa. ¿Esto es enserio? —dije señalando las maletas completamente cerradas, y luego señalando la sin cerrar.
—No me decidí. —se excusó.
Conté hasta diez. Porque no se daba cuenta de lo complicado y peligroso de este asunto.
—Mierda Amelia. —me quejé. —Papá apenes entre en esta habitación notará que TODAS… —Dije resaltando la palabra. —y repito, todas tus cosas faltan.
—Deja de comportarte como una niña y se una mujer, tenemos que irnos, y cuando se den cuenta debemos de estar muy lejos. TRES ROPAS, no llevaras más.
Dije mientras me dirigía a la puerta, y sin girarme le dije.
—Ayúdame para que pueda ayudarte hermana. Está en juego tu vida.
Escuche su sollozo, pero no podía perder más tiempo.
—Vuelve a acomodar todo, solo vas a llevar lo que entre en tu bolso de mano. Yo también lo hare. Y cuando papá este dormido nos vamos.
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Apenas entre en mi habitación, me tire al piso, estaba cansada, y demasiado decepcionada de la vida.
“Porqué te fuiste tan temprano mamá”
“No estoy lista para esto… no puedo perder a mi hermana también”
Escuche que tocaban el timbre. De seguro era el pedido que hice.
Me dirigí a mi mesa de luz. Ahí tenía mis gotas para dormir.
Y baje corriendo. Él había tomado alcohol, asique solo tenía pensado darle la mitad de lo que yo solía tomar. No estaba tan segura de que tan malo era mezclarlo con alcohol, pero de eso me preocuparía después. Entre más rápido duerma, más rápido podremos salir de aquí.
Vi a papá que ya se estaba dirigiendo a la sala con su maquete de comida.
—Espera papá… —dije corriendo a quitarle la comida.
—Deja que lo ponga en un plato, no deberías de comer del recipiente mismo.
Y no espere respuesta, porque se lo quite de las manos y salí corriendo a la cocina.
Con manos temblorosas, vertí todo el contenido en un plato. Mire una vez más la puerta. Tampoco quería que él me viera haciendo algo extraño con su comida.
Desde aquí podía ver que estaba ya nuevamente concentrado en su televisión y la botella que se lo llevaba a los labios cada tanto.
Puse cinco gotas. Y empecé a mesclar bien, lo olí, y no había nada raro, todo lo contrario, olía de maravilla.
Le tendí el plato con una cuchara. Y sin medir palabras me aleje un poco, tenía que ver que realmente se lo comiera, por lo menos un poco.
Cuando había superado más de diez cucharadas. Decidí que era más que suficiente.
Espero que me de el tiempo suficiente para recoger mi ropa.
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Me di una ducha rápida, tome mi bolso, y me dirigí a la habitación de mi hermana.
—¿Estas lista? —pregunte apenas entre.
Ella sostenía un bolso, era un poco grande para ser de mano, pero ya no tenía ganas de discutir con ella.
—Sí. ¿Es todo lo que puedo llevar? —volvió a preguntar. Y solo la miré, pero esperara que con eso entendiera.
—Bien, ya entendí. —dijo mientras se acercaba a la puerta. Pero retrocedió y me abrazo, le devolví el abrazo al instante.
—Gracias por no abandonarme Lucy… —dijo mientras volvía a sollozar.
—Eres mi hermanita. —respondí sin dudar. —ahora vamos.
Al principio de las escaleras. La detuve.
—Dejare mi bolso aquí. Primero tengo que comprobar que papa este dormido, o por lo menos dormitando. —dije, mientras empecé a bajar yo sola las escaleras.
Pero antes de bajar todo, escuche como el plato se caía. Corrí a mirar, y efectivamente, el plato estaba en el piso, roto y con restos de comida.
Llegue hasta mi padre, y estaba respirando, asique estaba bien, no había muerto por la mezcla del medicamento con el alcohol.
Volví hasta las escaleras. Y llame a Amelia.
—Baja, ya nos podemos ir.
Amelia no lo dudo, agarro ambos bolsos, y salimos de la casa.
—¡Mierda!
Dije mientras el dolor de cabeza volvía. Amelia se dio cuenta y me sostuvo. Preocupada me preguntó.
—¿Qué pasa Lucy?
—Estoy bien. —la tranquilice. Por qué en realidad el dolor una vez más había desaparecido.
—No podemos ir en mi auto. Tenemos que tomar un taxi.
Dije mientras tomaba mi teléfono y llamaba un taxi.
Quince minutos después, el taxi había llegado.
—A donde señoritas. —Preguntó el taxista.
—Al aeropuerto por favor. —pedí.
Amelia me apretó la mano, se recostó por mi hombro.
Esta niña era lo único que me quedaba.
—Estaremos bien Amelia, en unas horas más estaremos fuera del país.
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Unos kilómetros después de salir de casa. El taxi se detuvo de forma brusca.
Tanto Amelia como yo salimos disparadas en el frente.
Y cuando levante la vista, el aire se escapó de mis pulmones.
Dos camionetas negras estaban obstruyendo el paso.
Y varios hombres apuntaban al taxi.
Me sobresalte cuando escuche mi ventana siendo golpeada.
Cuando lo miré, su cara era de poco amigos.
Entonces habló fuerte claro.
—Ambas salgan.
Amelia temblaba a mi lado, hasta el taxista negaba y suplicaba manteniendo las manos en alto.
Sin mediar palabra desbloqueo mi puerta.
—No me deben nada, pero por favor tengo familia, no hagas que me mate. —me suplico mientras nuestras miradas se cruzaban en el retrovisor.
Cerré los ojos. Nos han seguido. No pudimos escapar.
—Solo yo me bajare. —le dije al taxista. —y cuando lo haga, quiero que dé la vuelta se lleve a mi hermana.
—Yo no haría eso. —dijo la vos del hombre que seguía esperando que yo abriera la puerta. —Ambas van a bajar. Y solo así el señor podrá volver con su familia.
—Baja de una vez. —gritó el taxista.
Con manos temblorosas. Tome el picaporte y abrí.
Ni nos bajamos todo, y el taxista empezó a retroceder. Desesperado por no ser asesinado.
Y no lo culpaba.