Mi corazón late rápidamente, acelerado hasta el punto de casi escapar de mi pecho, mientras mi mente se inunda con terribles pensamientos sobre lo que Jairo me hará. Aquella noche en el bar, cuando sus ojos se posaron en mí con ese deseo perturbador, lo rechacé de manera contundente, hiriendo su orgullo frente a todos sus secuaces. Por la expresión que quedó grabada en su rostro, esa mezcla de humillación y rabia contenida, estoy completamente segura que ahora busca vengarse de la peor manera posible. Dakota tiembla abrazada a mi lado, su alma frágil se estremece con cada sollozo ahogado mientras esos dos gorilas, verdaderos mercenarios sin escrúpulos, nos presionan con sus cuerpos contra los asientos traseros. El olor a sudor y colonia barata invade mis fosas nasales, mezclándose con

