Mientras de cierta forma todos colaboramos en tomar flores y colocarlas en jarrones y decorar las esquinas, las mesas y hasta los baños, mi mente se mantuvo entretenida y feliz. Tenía la sensación de estar en casa, rodeada de rosas y hasta las azucenas, que en casa nunca existieron, me parecieron familiares. Los regalos de boda para esta feliz pareja habían sido valiosísimos. Las cajas contenían adornos con figuras de cristal muy hermosas, así como de porcelana. Bandejas con bordes de oro y de plata. Copas altas y bajas. Tazas muy cómodas para agarrar y para llevar a la boca. Utensilios de cocina que no eran para nada comunes. También, con lazos espectaculares, toallas bordadas, jabones perfumados y un juego de alfombras mullidas que de seguro irían en sus habitaciones. La señora las a

