—Te lo dije…– Shis lo dijo tal cual, aun a riesgo de que su primo, en uno de sus arrebatos de ira incontenible al más puro estilo Lux, decidiese jugar tiro al blanco con el juego de abrecartas y los bolígrafos, usándolo a él como el objetivo de cien puntos.—Apégate a las leyes de la lógica. —Hmpt La luz mortecina se filtraba sobre el vidrio ahumado de la ventana de la oficina de Santino. Éste yacía con la cabeza apoyada en la superficie de su escritorio, con el ánimo de un desahuciado y el rostro sumergido entre el mar de documentos y facturas. —Ni hablar…–exhaló Shis.—Pero así son las cosas. Uno tiene que saber con quién si y con quien no. Se levantó, yendo hacia la mesita tipo pretil que estaba en uno de los rincones, junto al dispensador de agua. Tomó dos de los vasitos desechables

