Ya rondaban cerca de las doce, pero era viernes y había logrado salir una hora más temprano. Por variación y contando que Tobi se les había pegado como una lapa, no terminaron yendo al bar de siempre, sino a una taberna colindante con la carretera principal de Kuri hacia Sunt; era un tugurio conocido como "La Nube Roja". Por lo menos estaba lo suficiente lleno como para considerar tomarse unos cuantos tragos sin el riesgo de ser detenidos en una redada durante la inspección de salubridad.
Aunque su lugar usual, podía considerarse como un bar extra lujoso a comparación del decadente inmueble de "La Nube Roja". Había un tornamesa que aun tocaba uno que otro disco (si es que no lo botaba el condenado y enmohecido artefacto) y un intento de mini-bar. Seis desvencijadas mesas y una raspada mesa de billar llenaban el resto del espacio.
La cuestión de haber venido radicaba en los insistentes comentarios de Tobi –a quien hacía quince minutos que no veían, en una repentina salida al sanitario, según él- Y Shis había apoyado la moción sólo si Santino les acompañaba; necesitaban un conductor designado.
Y el no se negó, suficiente lío tenía ahora con vigilar al bocazas de Shis como para arriesgarse a que éste propagara la valiosísima información con cuanto ser vivo se le pusiera en frente. Si Luke o peor aún, su propio padre llegase a enterarse de algo así, lo mejor sería estar bien muerto y enterrado.
Una vez que Tobi se había largado a quien sabe dónde casi en cuanto llegaron, Shis abordó aquel tema convertido en tabú durante los días anteriores. Santino no lo negó, era una estupidez hacerlo y ya no tenía dieciséis o diecisiete años. Era un hombre hecho y derecho y debía afrontar las cosas como tal.
"Fijación", se había dicho al principio, pero tampoco fue eso. Se percató, aquel domingo y la última vez que le había visto, de sus tenues sonrojos.
Un gesto evocador. Adorable.
Y el último detalle, aquella caja de dangos. Más allá del regalo en sí, la intensión era lo que sobresalía. Una gran parte de él –probablemente el "automático"- ya había aceptado y digerido la realidad; estaba enamorado.
Palabra estúpida y sin sentido, pero así era.
Y el otro lado; el consciente e irrefutable, argumentaba y negaba la situación, expresado ahora con las palabras de su propio primo.
El no podía ni quería darle vueltas al asunto. Ya no era un niño, había tomado muchas decisiones importantes en la vida y no por simples genes estaba al frente de la empresa. Debía afrontar la realidad, abrir el forúnculo, intentar vivir con el saludable pus…o intentar simplemente reventarlo.
—No dejo de pensar en ella –murmuró casi para sí mismo.—Me gusta.
Shis notó que hasta parecía que sonreía. Santino casi nunca lo hacía, ni siquiera cuando salía con Hana. Así mismo como articular más de tres palabras en una sola oración.
—Ahora sí que lo he visto todo…De acuerdo, pero luego no digas que no te lo advertí –dijo resignadamente Shis. Se giró sobre su hombro, notando a un joven un año mayor que él, cabello n***o encrespado y gafas de lentillas color naranja. Sonrió concienzudamente sin que éste o Santino lo notasen—Ya era hora, ahí viene el cabeza hueca de Tobi, vámonos. Que él pague la cuenta.
XXX
La mañana del domingo transcurría como todas en Kuri, con la única diferencia de que el negocio de "Florerías Yama" había cerrado sus puertas al público por única ocasión en esa mañana en particular.
La razón podía percibirse en el apenas audible barullo armado en el primer piso del edificio; en la sala del domicilio Yama, específicamente.
—Ne, esto no lo puedo creer–Jax apoyó los codos en la mesa. Tenía los ojos entrecerrados y una curiosa mueca de berrinche—¡¿Cómo es posible que el bastardo no vaya a venir?!
Alexa simplemente asintió con la cabeza, mientras desviaba su atención de la certera incriminación de Jax, removiendo ruidosamente los hielos de su vaso de limonada.
—Pues yo a eso lo llamo una completa falta de sensibilidad y cortesía. ¡Qué impropio! – correspondió Yanai—Si Sail me hiciera eso en mi cumpleaños, lo mandaría de un puntapié directo a la luna.
Un muchacho tan pálido como la cera de una vela, estaba sentado junto a ella.
—Yo nunca haría eso –respondió el aludido con una voz escueta y una sonrisa plana.
—¡Nah, si viera al bastardo...! –Jax se levantó, poniendo un pie en la silla y esbozando una burda imitación de pose heroica—¡Lo agarraría del pescuezo y le patearía las…!
—Jax…—Karen lo haló suavemente de la manga de la camisa, en silencioso ademán de que se sentase.
—No hay problema, en serio –interrumpió Alexa— Luke tenía que ayudar en unas cosas por la mañana, pero pasaría por mi en la tarde. Planeó llevarme a cenar.
Jax se sentó de nuevo, con los brazos cruzados y asintiendo al tímido gesto de Karen. Nadie habló por fracción de segundo.
Alexa se encogió de hombros, sintiendo el peso de las miradas de sus amigos sobre ella. Por cotidiana y casi predecible que había sonado la respuesta, ésta vez era algo más que la "verdad" a medias.
Esta vez estaba en lo cierto, completa e irrevocablemente. El día anterior, después de haber llegado tarde a causa de Jax y sus "emergencias extra-importantes", (solía llamarle así a los incidentes como perder las llaves de su casa, dejar el teléfono olvidado en algún lugar, o niñerías similares). Regresó a casa, encontrándose con una pequeña colección de mensajes sin responder en la bandeja de entrada de su celular.
No eran más que tres, pero teniendo en cuenta el peculiar remitente, eran demasiados. Todos tenían el expedido proveniente del teléfono de Luke.
Apenas y marcó el dígito cuando se atravesó el indicativo de llamada. Era él y no había nada extraordinario ni en su tono de voz ni es sus monosilábicas expresiones, ni siquiera notó un altibajo al mencionarle su propuesta para la noche de hoy.
Típico.
Y el día de hoy, la única llamada que recibió fue por parte de Jax y fue desde el otro lado de la puerta de su casa.
Alexa bajó escuchando el escándalo armado por su compañero. Las palabras "fiesta sorpresa" se le leían tan claramente en la cara de él, que parecía que tenía un anuncio fosforescente. Aun así, ella trató de fingir cierta confusión al llegar a casa de Yanai.
Siendo domingo y vacaciones tal vez se hubiese podido improvisar algo más, pero tras los últimos altibajos económicos por parte de Jax, la temporada de ventas excesivas para la familia de Yanai y los estados de ánimo de Alexa, la "comida entre amigos" parecía la opción más adecuada. Unas cuantas botellas de soda, una barbacoa casera para doce personas (eran siete en total, pero teniendo en cuenta el estómago sin fondo de Chou Mishi, condiscípulo de Yanai y Shin, parecía haber sido poco), un poco de música y un pastel sencillo, del clásico "hecho en casa" fue más que suficiente.
Karen y Yanai habían pasado un tercio de la mañana en hacerlo, aunque Yanai gastó más tiempo amenazando a Jax con hacerle ver estrellas si acaso encontraba una sola huella de sus "impropios" dedos en el betún.
—De todas maneras, es una completa descortesía. Por lo menos podría haber venido aunque sea a hacer acto de presencia.... —dijo Yanai, pasando la mano sobre la perilla del radio, en busca de alguna estación. Pasó dos de música instrumental y se detuvo en una señal difusa; la voz del noticiero de las tres de la tarde sonaba borrosamente, entre ondas de interferencia.
"...Y tras éste primer robo del mes, "Taro´s Autoservicio" cerrará sus puertas hasta nuevo aviso. El empleado de la tienda, quien terminó con una lesión en la pierna debido a un disparo intencional, declara no haber visto las señas de los atacantes y éstos no dejaron rastro alguno. El botín se dedujo a los dos mil cuatrocientos ryo contenidos en la caja. El ministerio público de Kuri afirma que..."
—Bleeh, me aburren las noticias —ella fingió la mueca de un bostezo. El ruido de la interferencia cesó, junto con la transmisión. Movió la perilla y la distorsión del sonido se enfocó en las notas del estribillo y la segunda estrofa del baladesco éxito "Long Kiss Goodbye"— Mjum eso esta mejor.