La teoría de Renn llegó a oídos equivocados. Y creció allí. No por negligencia —Renn era demasiado cuidadoso para eso—. Sino por la forma en que las cosas siempre terminaban filtrándose en una manada: a través de las personas que estaban cerca sin que nadie las contara, que procesaban la información con la lógica específica de quien solo tiene la mitad del contexto. En este caso, la persona era Daven. El guardia de la entrada. El mismo que había visto llegar a Selene con su bolsa del mercado y había escuchado, sin querer, la parte de la conversación en el pasillo donde Renn le decía a otro beta que la chica sin manada podría ser más antigua de lo que parece. Daven procesó esto con su lógica particular. Y llegó a una conclusión. Era incorrecta. Pero tenía su propia coherencia intern

