Capítulo 2: El beta más confundido del continente

1135 Words
Renn llevaba doce años siendo la mano derecha de Kaden Voss. En ese tiempo, había sobrevivido a emboscadas en bosques de plata, a negociaciones con garras sobre la mesa y a cicatrices que contarían historias de guerra. Era, por definición, un lobo de élite. No obstante, a veces la realidad tenía un cruel sentido del humor. Por que nada de eso servía ahora para rastrear a una chica que cargaba una bolsa de frutas. ☪☪☪ La orden de Kaden había sido un latigazo: —Síguela. Con discreción. Renn era la discreción hecha carne. Había rastreado espías durante semanas sin romper una rama. Seguir a una "sin manada" por las calles de Vael debería haber sido un paseo matutino. La observó desde una distancia prudente. Selene caminaba con una parsimonia irritante, como si el asfalto le debiera dinero. Dobló una esquina hacia una calle recta, sin callejones, sin portales abiertos. Un corredor de muros lisos. Renn tardó exactamente un segundo y medio en doblar la misma esquina. La calle estaba vacía. Renn parpadeó. El sol de mediodía golpeaba el suelo, pero no había ni rastro de la chica, ni de los tomates, ni del olor a vainilla y tierra que desprendía. Miró hacia arriba, esperando verla saltando por los tejados como una mercenaria entrenada. Nada. El cielo estaba insultantemente despejado. Se quedó allí, en medio de la nada, sintiéndose como un cachorro que acababa de perder su primer rastro. Procesó el fracaso durante cinco segundos antes de dar media vuelta. —La perdí —soltó Renn al entrar al despacho de Kaden. Kaden no levantó la vista de sus mapas, pero el aire en la habitación bajó dos grados. —¿La perdiste? —Dobló una esquina. Tarde un segundo en llegar. La calle era un tubo recto. Desapareció. Kaden dejó la pluma. Sus ojos ámbar se clavaron en Renn con una intensidad que pesaba más que el plomo. —¿Me estás diciendo que una chica sin rango, cargando tomates rebajados, se evaporó en dos segundos frente al mejor rastreado de la manada? Renn mantuvo la espalda recta. No había forma de adornar aquello. —Sí. Eso es exactamente lo que estoy diciendo. Kaden se levantó. Su sola presencia parecía hacer que las paredes de la oficina se estrecharan. No estaba enojado; estaba fascinado, y eso era mucho más peligroso. —Bien —dijo Kaden, ajustándose el reloj de pulsera—. Voy yo. —¿Tú personalmente? ¿Por una civil? Kaden lo miró de reojo mientras caminaba hacia la puerta. —Esa "civil" acaba de hacer que mi Beta parezca un principiante. No es una civil, Renn. Es un problema que quiero tener de frente. ☪☪☪ Llegar a la casa de Selene fue ridículamente fácil una vez que Kaden decidió usar su propia presencia. En el sector sur, la gente hablaba si el Alpha preguntaba. Era una construcción pequeña, digna de un cuento olvidado, custodiada por un árbol partido por un rayo y unas macetas con hierbas que parecían luchar por su vida. Kaden llamó a la puerta con la autoridad de quien es dueño de la tierra que pisa. —Está abierto —llegó una voz desde adentro. Kaden se tensó. No hubo gritos, ni sumisión, ni el aroma agrio del miedo. Solo una invitación casual. Entró y el olor lo golpeó de inmediato: hierbas secas, lluvia antigua y un poder que vibraba bajo el suelo, tan sutil que casi parecía un zumbido en sus oídos. Selene estaba de espaldas, organizando sus tomates en un cuenco de madera. —Sabía que vendrías —dijo ella, sin girarse—. Tu Beta tiene buena cara, pero intenta demasiado ser invisible. Se olvida de que el aire también se mueve cuando caminas. Kaden cerró la puerta. El espacio se sintió minúsculo con él allí. —¿Cómo sabías que era yo? —Los pasos. —Ella dejó el último tomate con delicadeza—. Los de él suenan a alguien que pide permiso al suelo para pisar. Los tuyos... los tuyos suenan a alguien que cree que el suelo le pertenece. Se giró. Sus ojos se encontraron con los de él, y por un instante, Kaden sintió una descarga eléctrica en la base de la columna. No era deseo —aunque ella era devastadoramente magnética en su sencillez—, era reconocimiento. —¿Té? —ofreció ella. —No. —Perfecto, no tengo. Pero queda bien ofrecerlo. Selene se apoyó en la mesa, cruzando los brazos. Su postura era relajada, pero Kaden veía la tensión en sus tendones. Era un depredador camuflado de presa. —Alguien intentó matarme hoy —soltó Kaden, acortando la distancia—. Una bala de plata imbuida, de las que no fallan. —Las cosas fallan todo el tiempo —replicó ella con una sonrisa mínima—. La gravedad, el clima... la gente. —Esa bala cambió de trayectoria porque alguien la golpeó. Con una frecuencia de sonido exacta. Un aplauso. Selene lo estudió como si fuera un acertijo interesante pero no urgente. —Había un mosquito —dijo al fin—. Me molestaba el zumbido cerca de mi oreja. Kaden soltó una risa seca, sin humor. —Me salvaste la vida por un "mosquito". ¿Esa es tu versión? —Es la única que importa. No me gustan los cadáveres frente a mi puesto de verduras favorito. Arruinan el apetito. Kaden se acercó un paso más, invadiendo su espacio personal. Podía oler su piel; era pura, sin la marca de ningún hombre, sin el rastro de ninguna manada. Una anomalía total. —¿Qué eres, Selene? —susurró. —Soy una mujer que quiere cenar en paz —ella no retrocedió ni un milímetro—. Si ya confirmaste que no soy un fantasma, puedes retirarte. Kaden la miró un momento más. Nadie le hablaba así. Nadie lo echaba de una habitación de tres metros cuadrados. —Volveré mañana. —No te invité. —Soy el Alpha —dijo él, abriendo la puerta—. No necesito invitación. —Y yo no tengo sillas extra —respondió ella a su espalda—. Trae la tuya. Kaden salió a la noche de Vael con el pulso acelerado. Escuchó una risa pequeña, un sonido de plata cayendo sobre seda, antes de que la puerta se cerrara. Dentro, Selene se acercó a la ventana y tocó las hojas de la planta muerta. Por un segundo, sus pupilas se dilataron hasta cubrir todo el iris, reflejando una oscuridad más vieja que la propia luna. —Es observador —murmuró a la nada—. Esto va a ser un problema... o tal vez algo divertido. Sonrió, y en esa sonrisa no había nada de la chica del mercado. —Probablemente ambas. Y eso era lo realmente peligroso.
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