Leyna Becher
Las clases de medicina son una de las cosas que más me gustan, es lo que más disfruto, por lo que estando en clases, viendo que a muchos no les interesa de lo que habla el profesor, es realmente lamentable, sin embargo no pienso mucho en eso, si no me dedico en prestar atención.
Levanto la mano al escuchar al profesor preguntar algo, y respondo de manera acertada haciendo que algunas chicas me miren mal, arqueo las cejas encogiéndome de hombros, sin saber en qué les afecta.
Ignoro las malas miradas que no duran más que un par de segundos para luego continuar concentrada en la clase.
Las horas pasan, y llega la hora de ir a almorzar para luego ver la última clase del día, por lo que me levanto de mi asiento con tranquilidad recogiendo todo, suspiro sabiendo que debo rodearme de gente una vez entre a la cafetería, solo espero no tener problema, y no toparme con ningún busca pleitos.
Me muevo con mi mochila al hombro por los pasillos hasta entrar en la cafetería, mis ojos buscan el lugar donde se toma la comida, puedo sentir un par de miradas sobre mi conforme avanzo en la fila.
Sin embargo, antes de que pueda recogerla, escucho unos parlantes que me hacen quedar quieta en mi sitio.
—La señorita Leyna Becher, la solicitan en la oficina de la rectora.
Dejo la fila silenciosamente, con el corazón latiendome a mil por hora, no tengo idea de que pude hacer para que me llamaran, espero no sea nada grave, no estoy preparada para que me expulsen el primer día de clases.
En el camino, veo a una chica apoyada en la pared, mirando a la nada, me acerco a ella arrugando las cejas y me preparo para preguntar:
—¿Sabes donde está la oficina de la rectora?
Interrogo dubitativa.
—¿Eres la chica que llamaron por los parlantes?—indaga curioso y yo resoplo.
—¿Tanto se nota?
Ella ríe negando mientras su cabellera negra se agita.
—Es por allí.
Me señala el pasillo siguiente. Asiento dándole una sonrisa avergonzada y una vez al frente de la puerta de la oficina, toco con mis nudillos sintiendo un nudo en mi garganta.
¿Y si me expulsan? ¿Y si llaman a mamá?
No podré con sus regalos toda la semana si algo pasa.
La puerta se abre de golpe, haciéndome saltar, una mujer de unos treinta y cinco años, de cabello oscuro me mira de arriba abajo antes de abrir por completo la puerta invitandome a pasar.
—¿Me mando a llamar rectora?
—Si señorita, la luna Amelia tiene que hablar con usted, dice que le ha faltado el respeto gravemente por lo tanto debe ser severamente castigada—explica y yo no tengo idea de que habla.
¿Amelia?
Me suena, pero... ¿de dónde?
Escucho un chirrido, indicando que otra persona ha entrado en el lugar, giro mi cabeza en dirección a esa persona y me encuentro con... oh no.
Ella es Amelia, la chica con la que el rey iba a casarse antes que yo llegara.
—Al fin te encuentro mocosa.
Empezamos con mal pie.
—¿Mocosa?—cuestiono indignada, porque podré ser tímida, pero nadie se mete conmigo sin razón
—Si. Rectora, retírese.
Miro con fastidio como la rectora sale y me centro en la pelinegra quien clava su feroz mirada en mi, pero no me intimida, irónicamente, las personas que se creen más que las demás, me importan un pepino.
—Ahora tú, no creas que dejaré pasar la vergüenza que me has hecho pasar en la fiesta, eres una niña, no te meteras en mi camino, si quieres conservar tu puesto en la manada, y sobre todo, tu cupo en esta universidad.
—Yo no he hecho nada, además de que, si soy una niña no deberías sentirte amenazada por mi.
Espeto molesta, ¿Quien se cree para amenazarme? Si quiero la hago cenizas aquí mismo.
—Alejate de Roy—me ordena y yo frunzo el ceño.
—¿Roy?
—El soberano Roy Koch.
Ah, el rey, mi mate.
Suspiro poniendo mis dedos en mi tabique, irritada, y la miro fijamente.
—Esa es decisión de el, no tuya. Así que no, no lo haré—la reto y veo como el enojo la ciega al punto que se lanza sobre mi, pero antes de que pueda ponerme una mano encima levanto mi mano haciendo que el calor le pegue en la cara, no la hiere, solo la advierte.
La chica me observa anonadada, y me mira mal, para luego retroceder.
—Tu castigo aquí permanece chiquilla, la rectora te explicará.
Al terminar su amenaza sale dando un portazo, la rectora abre la puerta y procede a caminar hacia su silla dedicándome una mala mirada, me siento luego de que me señala el lugar frente a su escritorio.
—Como sabrá, ella es la futura luna de la manada, no puedo desobedecerla aunque no sepa que paso—me abstengo de rodar los ojos al darme cuenta de su incompetencia y asiento.
—¿Cual será mi castigo?
Pregunto, talvez no sea tan grave.
—En todos sus exámenes obtendrá la mitad de la puntuación, además de que tendrá que ayudar con la limpieza.
Abro la boca indignada, sin poder aceptar eso, siempre he querido graduarme con honores, ser una buena estudiante, en lo que más me gusta, esto no me puede pasar.
—Rectora, no puede hacerme esto... yo no le he hecho nada, necesito mis notas justas.
La rectora se encoge de hombros indiferentes haciendo que mi enojo aumente.
¿Como esa bruja puede manipular todo? Es aún más indignante que lo haga injustamente, yo no he hecho nada.
—¿Hay alguna forma de que esto se resuelva?—pregunto esperanzada.
Ella niega y luego lo piensa levantando su mano.
—Si, que ella lo diga o el rey, en su defecto, pero eso no pasara, así que tendrá la nota más baja en su carrera.
Termina y yo frunzo el ceño saliendo rápidamente de allí, el enojo burbujea como lava ardiendo en mi interior, haciendo que el calor se expanda alrededor de mi cuerpo.
Intento calmarme cerrando los ojos y una vez lo consigo, los abro, mi vista choca con la de la misma chica que me indico el camino, la cual me mira con curiosidad.
—Hizo calor de repente.
Me encojo de hombros nerviosa y decido volver a mi casa, no podré continuar aquí con el ánimo que tengo.
Camino con decisión hasta afuera de la universidad, y una idea se forma en mi mente.
Si, definitivamente lo haré, no dejaré que esa bruja baje mis pulcros notas.
Me transformo rápidamente, destrozando mi ropa, dado que siempre tengo una muda extra en mi mochila, la tomo con el hocico empezando a correr en dirección al castillo.
¿Sé dónde está?
No, ¿Voy a averiguarlo?
Definitivamente si, porque no me importa tener que ver a mi mate antes de que el lo decida, no si hablamos de mis estudios, que son una de las cosas más importantes para mi.
Al llegar al dichoso castillo, ya no me deslumbra como el primer día, el enojo que fluye por mis venas es mayor que los miramientos que puedo llegar a darle al castillo, corro hacia la entrada donde los guardias se ponen en postura defensiva.
—No puede pasar, el castillo es un lugar para personas autorizadas, una plebeya no tiene el derecho de llegar asi.
Me señala, gruño enfadada intentando pasar por su lado y entrar pero uno de los guardias me apunta con una pistola de plata, la cual me hace retroceder.
Miro a mi alrededor, notando que todo esta rodeado de árboles. Me acerco a uno y vuelvo a mi forma humana, me pongo los pantalones y la camiseta que guarde mientras escucho a algunas personas acercándose.
Al terminar comienzo a caminar hacia las personas que se acercan mirándome cautelosos, como si temieron que fuera a salir corriendo, que no es una mala idea a decir verdad.
—¡Alto ahí! ¿Que estas haciendo aquí?
Señala luna mujer elegante acercándose.
—Necesito ver al rey
Exijo, y se claramente que nadie sabe que yo soy su mate, pero no me iré de aquí hasta hablar con el.
—El rey está muy ocupado para tratar con niñas.
Bufo irritada y camino hasta la entrada, bajo la mirada atenta de todos, me siento en uno de los escalones decidida, y la mujer suspira.
—Señorita, necesito que se retire, el rey está muy ocupado.
—No me iré hasta hablar con el—espeto con voz fuerte y clara, dando a saber mis intenciones.
La mujer suspira con cansancio otra vez y segundos después desaparece tras la puerta de entrada.
Que ni crea que me voy de aquí antes de hablar con Roy.
Lucia.
Observo mi teléfono otra vez esperando algún mensaje de Leyna, me preocupa que no haya llegado, ya ha pasado una hora desde que salió, es raro, ella siempre vine directamente aquí después de salir de clases, no le gusta estar fuera.
¿Será que pasó algo?
Necesito saber de ella. Pero tampoco quiero presionarla.
Desde niña recuerdo que siempre ha sido callada, le gusta estar sola, pero en ocasiones se presiona a si misma para lograr todo lo que se propone, o para intentar impresionar a nuestros padres, aunque lo niegue, o finja que no le importa, su corazón, así como su poder, es realmente cálido y poderoso, solo que aún no tiene la capacidad de ver lo increíble que es.
Porque cuando te acostumbras a escuchar cosas negativas de ti, no sabes en qué momento comienzas a creerlas, y sobre todo, a olvidar tu valor, por lo que la preocupación por mi hermana es incesante.
Resoplo tomando el móvil y marcando su numero, segundos después, luego de dos tonos, ella lo toma.
—¿Leyna? ¿Estas bien?
Cuestiono preocupada.
—Si. Estoy bien, solo estoy resolviendo una cosa en el palacio.
Una sonrisa se alza en mis labios y la emoción no me cabe en el pecho.
—¿¡Estas con tu mate!?
Chillo y ella me manda a callar.
—No, estoy esperandolo afuera desde hace dos horas—susurra.
—¿Como?—interrogo frunciendo el ceño.
Esto me suena muy raro.
—La bruja de su mujer fue a la universidad y le mando a la rectora que me pusieran en todos mis exámenes la mitad de la nota como castigo, y la muy... la rectora, le hará caso, la única forma es hablar con el rey para que no hagan eso.
Maldigo en voz baja por ello y me siento en la cama
—No pueden hacerte eso.
Se cuanto le importa su carrera, si no su orgullo no la dejaría ir allá.
—Si pueden, por eso necesito hablar con el rey. Cubreme.
Se refiere a papa y mamá.
—No te preocupes, no te atrevas a irte de allí hasta que el te atienda.
Le ordeno y ella rie.
—Todo por mi carrera hermanita. Hablamos luego.
—Te quiero—le digo para luego colgar.
Ahora, debo apoyarla, se cuán importante suelen ser algunas cosas para ella, y su mate lo es, aunque lo niegue.