Leyna Becher
Las emociones pueden ser muy contradictorias, porque son estas las que te hacen sentir tristeza, alegría, enojo, y precisamente esas son las que te vuelven una persona impulsiva, pero por primera vez en mi vida, no actué por impulso, lo cual por un lado me enorgullece, y por el otro, me atemoriza, aún más al no tener idea de que hacer cuando mis padres lleguen a casa, no se si el rey dijo algo acerca de lo que pasó allá, ni se si quiero saberlo, siempre he sido una persona que huye de las emociones, pero justo ahora, me apetece sentirlas para que mi instinto hable por mi, y no los nervios que me consumen.
Me quedo sentada en el sofá mientras espero que lleguen y media hora después cuando siento que estoy quedándome dormida, la puerta se abre sin más, mis nervios vuelven junto con las ganas de esconderme en cualquier agujero para que no me encuentren.
Observo la puerta del living mientras los pasos se escuchan y la voz de mi madre se hace presente.
—¡LEYNA CAROLINA BECHER!—escucho que la puerta se abre con brusquedad golpeando la pared.
Pego un respingo para nada delicado y veo a mi madre entrar echa una furia, Lucia me mira con pena pero no dice nada mientras se adentra al amplio living.
—¿Que pasa?
Cuestiono con inocencia.
—¿Que pasa? ¿Sabes la falta de respeto que es no inclinarse ante el rey? Tienes suerte de que no te hiciera nada.
—Lo siento. Me quedé en blanco, no pude hacer nada—miento mirando a mi hermana en busca de ayuda.
—Madre, hasta yo me quedé impresionada con el rey, es normal que mi hermana menor quedara helada, es una niña—Lucia me guiña el ojo en complicidad y yo me abstengo de rodar los ojos.
—¡Esta niña! ¡Es una vergüenza!
Chilla la señora para luego salir pitando del lugar, mi padre niega con la cabeza como si estuviera cansado de su drama y sale detrás de ella.
Suspiro aliviada y reprimo una sonrisa pero dejo de hacerlo al ver que mi hermana se sienta a mi lado examinando mi rostro.
—¿Ahora me dirás que fue lo que de verdad pasó?—pregunta arqueando las cejas.
Abro la boca pero vuelvo a cerrarla, ¿Que voy a decirle? Aún no quiero que nadie lo sepa a menos que el así lo quiera, después de todo, el es un rey, no quiero pasar verguenzas.
—Eso fue lo que pasó—me encojo de hombros intentando disimular.
—Si, claro. ¡Por favor Leyna! Te conozco, a ti no te deslumbran los chicos, además de que no fue casualidad que justo luego de que saliera corriendo el rey lo hiciera, fue demasiado extraño.
Aprieto los labios sabiendo que a ella no puedo mentirle y finalmente asiento.
—El es... es mi mate—confieso dejando salir todo el aire.
Observo atentamente la reacción de Lucia, decir que esta perpleja es poco, su boca amenaza con llegar al suelo, y tengo que cubrir su boca para que no suelte el grito que estaba por pegar.
—Ni se te ocurra—suelto en un susurro, ella asiente quitando mi mano de su boca y yo desvio la mirada incómoda.
—¡No puede ser! ¡Ahora lo entiendo!
—¿Entiendes que?—le doy una mirada extrañada.
Mi hermana definitivamente está medio loca.
—El corto su compromiso con la chica, el que había anunciado unos minutos antes.
Abro la boca sorprendida y la tapo con mis manos por la sorpresa.
¡No puede ser!
Eso sí que no me lo esperaba en absoluto.
Pero... ¿Por qué no dijo nada? Se supone que cuando encuentras a tu mate te enorgulleces de ello, por lo menos, yo si lo hago, pero el...
¡Basta Ley!
Sacudo la cabeza esquivando esos pensamientos pesimistas y miro a mi hermana quien hace lo mismo pensativa.
—¿Que te dijo?—cuestiona emocionada.
—Que llegué justo a tiempo—sonrío ligeramente recordando lo cerca que estuvimos—y preguntó mi nombre.
—Es decir que posiblemente venga aquí—chilla pero acabo su festejo rápidamente.
—No se lo dije.
La cara de mi hermana es todo un poema, y se por que, ¿Por qué no se lo dije? Simple, el puede mover cielo y tierra si quiere encontrarme, en cambio yo, solo soy una simple plebeya, si el me quiere como su pareja, me buscará.
Si no, aunque eso me destroce, lo comprendería.
—¿Por que?—pregunta y yo me levanto.
—No quiero hablar de eso Luci, estoy muy cansada, dormiré.
Le doy un ligero abrazo y me giro en dirección a mi habitación donde me acuesto mirando el techo, la oscuridad me hace darme cuenta lo poco habituada que estoy a estar aquí, toda mi vida estaba allá, y ahora... estando en esta nueva casa, la esencia de la persona que soy, se quedó allá, a donde estoy segura que no volveré.
Y por otro lado está él, quien no tengo idea que piense acerca de mi, por lo general, desde pequeña me hice a mi misma una barrera de protección contra las demás personas, y poco me ha importado las opiniones de los demás hacia mi, pero en este caso si que me importa, y mucho, lo que el pueda pensar de mi, ese es mi temor, que el no me acepte y que todo lo que he esperado durante dos largos años nunca ocurra.
Sin embargo, eso no será algo de lo que me tenga que preocupar por ahora, solo dejaré que las cosas fluyan, esperando que todo sea de la mejor manera posible.
Cierro los ojos tratando de que mi mente deje de pensar, para poder tener descanso y mañana ir a la universidad, donde espero que las cosas sean más normales.
Aunque si hablamos de mi, nada es normal.
(...)
Despierto por el sonido de la puerta siendo tocada, segundos después el peso de mi hermana cae sobre mi, ¿Como lo sé? Siempre hace lo mismo, es mi despertador personal cuando debo levantarme temprano para ir a la universidad.
Giro mis ojos hacia el reloj de la mesa de noche, el cual me encargué de poner allí, y veo la hora.
¿Por qué me levanta tan temprano?
Esto es un suplicio.
Me la quito de encima con una mueca y me dirijo al baño para empezar mi rutina. Me doy una ducha, cepillo mis dietas, me seco el cabello y finalmente salgo para buscar que ponerme.
Ya no hay rastro de Lucia por la habitación, así que supongo que se fue a alistar para ir a conseguir empleo, y no, no es porque lo necesite, nuestros padres nos dan todo lo necesario, mucho más con sus nuevos empleos, pero a ella le gusta darse sus gustos, y por supuesto, tener vida social.
Si fuera por mi me quedara aquí, pero debo estudiar, además de que la medicina me llama, amo aprender cada vez más acerca de ella, es tan curioso lo mucho que se puede descubrir acerca de nosotros los lobos, a pesar de que muchas personas insistan en que la medicina para nosotros es una perdida de tiempo.
Pero no lo es, porque a pesar de que nuestra anatomía sea mucho más fuerte que la de los humanos, nosotros también estamos en peligro de vez en cuando, algunos licántropos no son tan sanos o no tienen al cien por ciento todas sus habilidades, así pueden lesionarse o pescar una gripe común.
Por lo que en mi opinión, la medicina es muy necesaria.
Sacudo la cabeza evitando distraerme más y busco en mi nuevo clóset algo adecuado, tomo un pantalón n***o, una camiseta color azul, y unos botines del mismo color del pantalón. Salgo de la habitación luego de tomar mi bolso con mis libros, preparada para las clases y sin una gota de maquillaje en mi rostro, no es muy recomendable, además que no quiero dar imagen de plástica en el primer día oficial en la manada.
Es común que una loba se vea hermosa, despampanante y sobre todo, fresca, por lo que al menos quiero dar una buena impresión.
Busco con la mirada a mi familia una vez llego al comedor, los encuentro tal cual como en nuestra anterior casa, mi padre viendo las noticias de la manada en su teléfono, preparado para salir al trabajo y mi madre sirviendo la comida mientras habla con Lucia.
—Buenos días.
Canturreo animada, sentándome al lado de mi hermana.
—Que radiante sonrisa hermanita, imagino que has dormido bien—sonríe lucia con picardía, sabiendo algo que mis padres no.
—Si, me ha sentado bien el descanso.
Admito.
—Lo necesitabas, después del fiasco de anoche—se queja mi madre dramáticamente.
Me abstengo de rodar los ojos, dado que estoy de buen humor.
El desayuno trascurre sin más menciones de lo ocurrido anoche, sin embargo la inquietud por el día de hoy me ataca, porque hoy para mi es un día decisivo, hoy puede que el rey me busque, como es de esperarse de una pareja, es común que un lobo necesite de su mate una vez la conoce, igualmente pasa conmigo, el no desaparece de mis pensamientos desde el día de ayer y temo que mis expectativas caigan como una gran bola de nieve desde una montaña.
Aunque no quiera pensar en eso, mi pesimismo puede más que mis esperanzas.
Suelto un pesado suspiro levantandome mientras me pongo el bolso al hombro.
—Nos vemos más tarde.
Musito sonriente.
—Que te vaya bien Leyna. Estudia mucho.
Dice mi madre sorprendiéndome por un momento, me acerco a abrazarla y por consiguiente salgo de la casa, ellos ya tienen un trabajo seguro por lo que no deben buscar, solo asistir.
Igual que yo, solo hay una universidad, y un instituto en la manada, así que no será difícil encontrarla.
Minutos después de caminar, una elegante y rural estructura llega a mis ojos, es hermosa, y el gran cartel que da la bienvenida a la universidad me hace caer en la realidad.
Esta vez no estará mi mejor amiga, ni mis conocidos, no tendré con quien sentarme, ni con quien leer en la biblioteca en la hora del almuerzo.
Estaré sola. Más de lo que usualmente me encuentro, aunque eso no me afecta de manera grave, porque estoy acostumbrada, el nuevo lugar me intimida lo suficiente para querer alguien conmigo.
Doy un largo suspiro antes de comenzar a caminar por el camino que lleva a la puerta de entrada, hay varios estudiantes fuera, la mayoría me ignora, porque como es de esperarse, sigo siendo invisble, por lo menos para la mayoría.
Alivio, eso es lo que es.
No me gusta la atención.
Entro con una diminuta sonrisa, y el cabello cubriendo parte de mi rostro. Choco con alguien de frente, causando que me avergüence un poco.
—Lo siento.
Me disculpo con el castaño quien se mira despreocupado.
—No te preocupes.
Noto como me escudriña el rostro por unos segundos antes de asentir yéndose por el pasillo.
Arrugo las cejas para luego continuar con mi camino, busco por unos extensos minutos la facultad de medicina, hasta que veo el pequeño cartel que indica el lugar.
Entro sin miramientos, y me siento en los asientos del medio, he llegado a buena hora, aún no llega el profesor o profesora, cosa que me alivia.
Minutos después, los alumnos terminan de llegar como también el anteriormente mencionado.
Asi inicia mi primer día de clases, muy tranquilo, pero siempre las cosas pueden cambiar.