Luego de llorar un par de minutos su puerta sonó, Catalina se apretó el pecho y dudó en ir abrir, pero una voz familiar la tranquilizó. -Catalina soy yo, Vicente- Catalina corrió hacia la puerta y le abrió -¿Estas bien?, ¿te tocó?- dijo con preocupación mientras la examinaba con su vista. -No, estoy bien, pero me asusté mucho. Jamás vi a tu padre de esa forma -Esta bien, no tengas miedo, yo estoy aquí- Catalina asintió y se aferró al pecho de Vicente. Vicente ingresó a su alcoba y cerró la puerta con pestillo, y por seguridad movió el escritorio para impedir que alguien más abriera. Su padre estaba muy ebrio y sabía que ya no volvería a molestar a Catalina, pero prefirió tomar todas las precauciones. -Ven tienes que descansar- dijo Vicente y tomó de la muñeca a Catalina para llevarla

